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“Los pies descalzos”: los niños que no tienen nada que celebrar en su día

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21/07/2019
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FOTOGRAFÍAS: DANIEL HERNÁNDEZ

Jefferson (nombre ficticio) de nueve años de edad, vive en la calle desde que tenía seis. Se le encuentra por los alrededores de Altamira y Las Mercedes, en la capital venezolana, pidiendo dinero para comprar comida.

“Yo vivía con mi familia, pero mi mamá se enfermó y murió cuando yo era muy pequeño. Luego mi papá, que tuvo más hijos con otra pareja, también murió en un accidente. Me quedé solo con la que era su mujer. Me pegaba todos los días, por eso decidí irme de esa casa y vivir en la calle”.

Jefferson es parte del grupo de niños conocidos como “Los Pies Descalzos”, que viven en las calles del este de la Caracas y que nada tienen que celebra el Día del Niño este próximo domingo.

Cuentan muchos otros niños, no lo logró terminar la escuela. Soñaba con jugar fútbol y poder llegar a ser como Lionel Messi. “Cuando cumplí cinco años me picaron una torta. fue la única vez que me celebraron un cumpleaños. Mucha gente me dice que soy una mala persona porque estoy en la calle, pero yo creo que lo que tuve fue mala suerte. Cuando veo a niños como yo tomados de la mano y jugando con sus padres digo ‘me gustaría ser ese niño’, solo para saber que se siente ser querido, ser protegido y tener una familia”.

Jefferson asegura que que en las noches, siente miedo y algunas veces le provoca llorar. “Pero a escondidas de los demás chamos, para que no se burlen de mí”. También detalla que cuando se ha enfermado tiene que lidiar por su cuenta. “Voy a la farmacia y la gente que allí trabaja a veces me regala pastillas, especialmente por los dolores de barriga (estomago) que alguna veces me dan. Luego me acuesto en la grama de una plaza o un parque, debajo de la autopista; allí me quedo hasta que me siento bien”.

Dariel (nombre ficticio), que dice tener 15 años y estar en la calle desde que tenía 8 años, también circula por las mis calles. Tiene los pies muy sucios y deformados, de tanto caminar descalzo. También se dedica a pedir dinero.

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“Nosotros somos una manada (grupo) de unos 100 niños, menores de edad que vivimos en la calle. Pedimos dinero a los choferes en los semáforos, nos bañamos en la fuente de la Plaza Altamira y dormimos debajo de la autopista de Prados del Este. Estoy en la calle con mi hermano, somos morochos; nuestra madre murió y papá nos maltrataba mucho. Yo logré sacar el sexto grado. Cuando estaba en la escuela le decía a mis maestras que quería estudiar para ser médico y atender a los niños, pero me tocó esta vida. Es bien ruda”, señaló.

En distintas partes de sus cuerpos, ambos niños presentan muestras evidentes de heridas, viejas y nuevas. Los niños señalan que estuvieron recluidos en centros de atención, pero se escaparon pues allí también los maltrataban. “En la calle nos tenemos que cuidar de los policías que también nos joden. Nos quitan el dinero que nos da la gente, nos rompen los zapatos usados que nos regalan y tienen por costumbre lanzarnos al río Guaire”, señala Dariel.

Asimismo, aseguran que también tienen que defenderse de los grupos de delincuentes adultos que los quieren someter. “Yo les reviro para que nos dejen tranquilos. Yo estoy pendiente de los niños más pequeños, siempre hay chamos que vienen a unirse a la manada y vienen a vivir a la calle”, señala.

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Al preguntarles si conocen la Ley Orgánica de Protección del Niño, Niña y Adolescentes (Lopna), no entienden que es un instrumento legal que debería custodiar sus derechos. La consideran como un organismo en donde los llevan para castigarlos. “Cada vez que vienen los policías salimos corriendo para que no nos lleven para la Lopna, allí nos caen a palos, no hay comida y nos maltratan. Los que allí hemos caído buscamos la manera de escaparnos”.

Muchos de esos niños sueñan poder volver a casa para estar con una familia. Sin embargo, muchos no cuentan con allegados, autoridades o alguien que los ayude a su re-insertarlos a la sociedad y tener una mejor calidad de vida.

Asesinados, huérfanos y abandonados

El 6 de diciembre de 2018, dos jovenes de 13 y 16 años de edad, se dedicaban a montar un pesebre al frente de su casa, para alegrar la navidad de los niños en el kilometro cero de la Carretera Panamericana, vía que une a la ciudad de Caracas con el estado Miranda, lugar en donde residían con sus familias.

En el lugar llegó una comisión de funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) adscrito a la Policía Nacional Bolivariana, considerado como un grupo de exterminio por la Alta Comisionada de DDHH de la ONU, quienes sin mediar palabras asesinaron a los menores de edad, haciendo caso omiso de las suplicas de sus víctimas para que no los mataran.

Este caso forma parte del reciente informe anual presentado por el Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap) y del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) quienes explicaron como la situación de violencia desatada en el país también afecta a los niños.

El escrito revela que en 2018 23.034 personas fueron asesinadas en Venezuela. De estas víctimas, 1.484 eran niños y adolescentes, lo que es equivalente a cuatro menores de edad asesinados diariamente, lo que es llenar cuatro salones de clase en un mes.

En el informe también alerta sobre el estado de vulnerabilidad en que se encuentran miles de niños cuando los padres se marchan a otros países, en busca de mejores oportunidades de trabajo, para poder mantener a la familia que se queda en Venezuela.

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Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Ancur) 4 millones de venezolanos han tenido que abandonar al país y estiman que para el cierre de 2019 la cifra podría llegar a los 6 millones.

En torno a esta situación Carlos Trapiani, coordinador de Cecodad, señala que en Venezuela se vive una emergencia humanitaria muy compleja que afecta especialmente a los niños.

Asegura que la emergencia que vivimos no obedece a causas naturales o eventos fortuitos, sino que viene dada por malas decisiones políticas y quiebre del Estado de Derecho. “Hay una constante negativa en reconocer los problemas, atribuyendo todo lo que sucede en nuestro país a las recientes sanciones económicas coercitivas contra Venezuela, sin reconocer que este proceso viene gestándose desde hace 20 años se produce daño, sufrimiento y muerte”.

Señaló que en caso de los niños y adolescentes la problemática se agudiza. Desde 2007, la reforma de la ley de infancia y el desmantelamiento intencional del sistema de protección “no trata de una dinámica que solamente obedece a la coyuntura política actual, sino que deja al descubierto una violencia institucional contra la infancia en Venezuela, que también queda huérfana de instituciones que puedan defender sus derechos, sin que las autoridades de este Gobierno ofrezcan señales de cambiar esta realidad, a pesar de los llamados que ha realizado la comunidad internacional”.