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Maduro reelecto en este 2018 miserable: se cumple escenario en Venezuela

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21/05/2018
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FOTO: DANIEL HERNÁNDEZ/EL ESTIMULO

(NR: Este artículo fue publicado inicialmente por El Estímulo el 10 de enero de 2018. Algunas cifras han sido actualizadas) La hiperinflación marcha a paso de vencedores rumbo al 160.000% anual, cada día mueren más enfermos por falta de medicinas, se agrava la escasez general. Hay más pobreza, represión y violencia criminal. Pese al tangible fracaso de la llamada revolución de Chávez, el presidente Nicolás Maduro será reelecto en abril de este año, de acuerdo al escenario más probable hoy en Venezuela, el cual cobra fuerza con el anuncio este martes de que las presidenciales serán antes del 30 de abril, con el heredero de Chávez como único candidato oficialista.

La economía de Venezuela tiene el peor desempeño en todo el mundo, inclusive entre países en guerra declarada y su PIB (suma total de riqueza) habrá acumulado este año un retroceso de 50% en cinco años, según estimaciones del FMI si se cumple otra caída de dos dígitos este año.

La inflación escaló 85% en diciembre y en los primeros cuatro meses de 2018 y si se proyecta esta tendencia, cerrará en 160.000% este año; el valor real de los salarios ya ha sido pulverizado; el 84% de los trabajadores formales gana menos de dos salarios mínimos por mes, lo que alcanza hoy solo para comprar un kilo de carne o uno de queso, no las dos cosas a la vez.

Esta tendencia se agrava porque los ingresos petroleros –casi la única fuente de divisas en el país – siguen en picada por una dramática bajada en la producción de Petróleos de Venezuela, PDVSA, mientras los precios del crudo se mantienen estables.

Se han cerrado las fuentes externas de financiamiento, un problema viejo agravado por las sanciones impuestas por Estados Unidos al gobierno de Maduro, al que acusa de delitos que van desde atentados a la democracia y violación a los derechos humanos hasta corrupción y narcotráfico.

Por el lado de la oposición, el suicidio final de la plataforma electoral Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y la falta de candidatos emergentes dejaba clara posibilidad de que Nicolás Maduro se elijiera como presidente en abril próximo, mes que según varias fuentes ha sido escogido por el gobierno para llevar a cabo unas dudosas elecciones presidenciales a destiempo (NR: después hubo arreglos para llevarlas a este 20 de mayo).

“Ciertamente, aún sí Maduro pierde ante un candidato presidencial de la oposición, en teoría la Constituyente tiene el auto delegado poder de destituir al victorioso”, alerta la firma IndraStra, en un reciente análisis de los escenarios en Venezuela.

El documento, elaborado por Evan Ellis, investigador y profesor del Instituto de Estudios Estratégicos Latinoamericanos en U.S. Army War College, de Estados Unidos, recuenta que los principales partidos de la oposición han sido excluidos de las presidenciales de 2018, lo que deja a Maduro en la delantera.

Ellis señala que el colapso financiero de Venezuela continúa aceleradamente, desde que en noviembre PDVSA y la República entraron técnicamente en default (impago) de cientos de millones de dólares en deuda.

Esto ha creado la posibilidad de que acreedores internacionales comiencen a ejecutar garantías de pago, lo que incluye el posible embargo de activos de Pdvsa, “precipitando una crisis de pagos y de ingresos que podría finalmente forzar a la fuerza militar a remover a Maduro”.

IndraStra no le confiere a la oposición agrupada en la MUD ningún peso relevante en ninguno de los escenarios.

“El futuro de Venezuela depende de una miríada de factores. Será definido menos por la habilidad de la oposición para negociar con el régimen que por los eventos por venir en torno al actual default de la deuda, y por la decisión de los militares de si, y cuando, forzar un cambio de régimen, y la posición de los dos principales sustentos (de Maduro), China y Rusia”, mientras la crisis se desarrolla, señala Ellis.

La ilegal ventaja

“La oposición no cuenta actualmente con líderes ni partidos políticos (incluyendo los inhabilitados y presos), lo suficientemente confiables para revertir la tendencia abstencionista que tanto daño le está haciendo”, señala en un reciente análisis Jesús Seguías, presidente de la firma Datincorp, de encuestas y estudios políticos.

El líder opositor más confiable es Leopoldo López, quien está inhabilitado, y tiene apenas nueve puntos porcentuales, luego de haber estado por encima de los 20 puntos. Del resto de los candidatos, el que más tiene no supera los dos puntos. Y en un escenario más cerrado, con sólo los candidatos habilitados, los de más peso son Henry Ramos y Henri Falcón, pero ninguno supera los tres puntos, explica.

Mientras, Nicolás Maduro se mantiene con 20 puntos duros y el único solitario que podría derrotarlo es el empresario Lorenzo Mendoza, que nunca ha dicho que tenga intención alguna de competir.

“Esto no significa que sea automática una derrota opositora, pero está sin duda en serios problemas para ganar con una ventaja suficiente como para poder contrarrestar las triquiñuelas gubernamentales que surjan en el proceso electoral, y además para garantizar una mayoría sólida que permita niveles de gobernabilidad y gobernanza imprescindibles para superar la severa crisis del país”, agrega Seguías.

Con la información disponible a la fecha y a menos que sucedan eventos imprevistos, este es el escenario más probable y Venezuela se apresta a prolongar un estado de cosas que harán de 2018 el peor año en la historia contemporánea, peor inclusive que 2017.

“La mayoría absoluta de los venezolanos no confían en los políticos, ni en los partidos políticos, ni en las instituciones (con excepción de las iglesias), ni en el gobierno, ni en la oposición. Es el desmadre político total. La más severa crisis social y económica de la historia venezolana sorprende al país además sin liderazgos confiables, sin orientaciones, sin esperanzas de nada”, señala Seguías.

Pero este deterioro tiende a empeorar si -como parece claro- será reelecto Maduro, pues ya el heredero de Hugo Chávez y sus estrechos seguidores han avisado que profundizarán las mismas políticas socialistas y de dogmatismo económico que han dejado un rastro de fracasos en esos casi 20 años de la llamada “revolución bolivariana”.

“Es difícil explicar el actual colapso que vive la economía venezolana. En el año 2017, de acuerdo a estimaciones del FMI, el Producto Interno Bruto caería -12,0% con lo cual estaríamos ya en presencia de la peor crisis en magnitud y duración de nuestra historia económica, en la cual se habría perdido el 34,6% del PIB total en tan sólo 4 años (2014-2017)”, señala el economista José Manuel Puente, uno de los principales expertos en economía política en el país y profesor en el IESA y en la Universidad de Oxford.

“Venezuela además tiene una década entre las diez inflaciones más altas del mundo,  sufriendo también niveles de escasez nunca antes vistos. El lado social del colapso económico es aún más devastador. La pobreza aumentó de 45% en 1998 a 81,8% en 2016 y cerca de tres cuartas partes de su población ha perdido peso, en promedio 8,7 kilos por persona, debido a la caída del ingreso real y la fuerte escasez de bienes básicos, entre ellos alimentos y medicinas”, relata en un artículo académico en elaboración con su colega Jesús Rodríguez, de la UCAB y la Universidad de Warwick.

Los últimos años de colapso económico son justamente los del gobierno de Maduro.

Y en los últimos meses este colapso ha agarrado velocidad en caída vertical.

Casi inevitablemente, 2018 será el quinto año de contracción consecutiva, advierte Puente en conversación con El Estímulo.

“Esta es la crisis macroeconómica más aguda que se ha vivido en América latina en los últimos 40 años, a escala mundial es la octava peor crisis”, como comportamiento macro, pero con hiperinflación y escasez.

 

Y las cosas se complican aceleradamente, por lo que al gobierno le interesa adelantar las elecciones y a la desarticulada MUD -que apuesta ingenuamente a que la crisis derrumbe a Maduro – retrasarlas al máximo.

Según la Agencia de Información de Energía de Estados Unidos (EIA) en la última semana de diciembre se agudizó la fuerte caída de las exportaciones de petróleo venezolano a Estados Unidos (el único que paga en efectivo), hasta 248.000 barriles por día (bpd) un nivel históricamente bajo.

Solamente entre enero y marzo los pagos de bonos de deuda de la República y de Pdvsa sumarán $1.247 millones, según cálculos del servicio de información financiera Boungy.

Estos números están inflados porque se ha acumulado una sarta de vencimientos de deuda que técnicamente ya han puesto al país en el temido estado de default (cesación de pagos).

“En poco menos de tres meses PDVSA y la República no han podido concretar el pago de 14 cupones de sus instrumentos de deuda por un monto de $1.491,1 millones, en una racha donde los tenedores de bonos soberanos no han recibido, por lo momentos, ningún cupón desde comienzos de octubre”, señala Boungy.

De los 14 compromisos vencidos, nueve corresponden a la República por un valor de $86 millones y los otros cinco a PDVSA, por  $628,99 millones.

Los próximos meses de mayor deterioro económico también serán los de elecciones presidenciales.

Y aunque teóricamente eso supone una oportunidad para la oposición, también es un alto riesgo.

Borrachos con la botella vacía

En las circunstancias actuales, el problema económico de Venezuela no tiene soluciones, porque es un problema político, señala el economista Angel Alvarado, diputado a la Asamblea Nacional. El parlamento acaba de difundir sus propios estudios de inflación en ausencia de los del gobierno.

Los técnicos calculan que la inflación podría trepar hasta 160.000% este año, si se mantiene la tendencia exponencial arrojada en diciembre, cuando fue de 84%. Ya los precios se duplican mensualmente.

“No es simplemente el modelo político, la crisis política lo agrava”, dijo Alvarado para este reportaje sobre el colapso actual.

La inflación se ha acelerado desde agosto pasado, cuando comenzó a operar la Asamblea Constituyente montada por Maduro para gobernar con poderes supremos y usurpar las funciones del parlamento opositor electo en 2015.

“Ha servido para que Maduro se atornille en el poder, pero no para llevarle comida a los venezolanos”, dijo Alvarado.

Para enfrentar el colapso actual, entre otras acciones Venezuela necesita acceder de nuevo a los mercados financieros internacionales, a tasas más bajas, y eso requiere levantar las sanciones financieras aplicadas por Estados Unidos al gobierno de Maduro, y el reconocimiento parlamentario de nuevas emisiones de deuda, recuerda.

Todo eso a su vez requiere el reconocimiento de la Asamblea Nacional, el parlamento, liquidado por Maduro y sus instituciones chavistas.

“No veo a Maduro haciendo eso”, admite Alvarado.

En baja voz, otras fuentes ligadas a las negociaciones políticas que se llevan a cabo en República Dominicana este jueves 11 y el 12 de enero, reconocen que Maduro tiene fuertes posibilidades de imponerse, en medio de sus triquiñuelas electorales, la clara parcialidad del chavista Consejo Nacional Electoral (CNE), el desencanto y la rendición de los electores opositores y la debacle de la MUD, cuyo fracaso en medio de la persecución oficial y de una guerra interna de egos y de intereses partidistas, fue el último trofeo cobrado por el chavismo.

Hoy Maduro sólo negocia en Dominicana porque busca que le reconozcan su constituyente, a cambio de ofrecer un derecho secuestrado: el de unas elecciones limpias y transparentes.

“Hay unos esfuerzos muy importantes del liderazgo por recomponer la unidad y sentar a una misma mesa los extremos. Los partidos más grandes han decidido que es una prioridad importantísima sea para decidir si vamos a una elección, o a alguna otra estrategia común”, dijo al respecto Alvarado.

“El problema es que no estamos unidos, tiene que haber una estrategia única”, dijo ante la pregunta de cómo es posible que, siendo una vasta mayoría, la oposición en Venezuela no pueda desalojar al chavismo del poder.

“Si la oposición va fragmentada, lo más probable lamentablemente es que esto se mantenga. Por eso es tan importante esta unidad. Los políticos no nos preguntamos qué va a pasar, sino que vamos a hacer”, dijo tras destacar la necesidad que tienen en la MUD de dejar de lado “la descalificación y la desconfianza, para como oposición “representar el drama del pueblo de Venezuela”.

“Lo fundamental es no deprimirnos, sino ir a la acción”, dijo.

“El chavismo es un bloque compacto, una minoría compacta de cuatro millones de personas. Nosotros somos una mayoría dispersa. El chavismo es como un corral de ovejas, nosotros somos más como cabras salvajes”, ejemplificó.

“Creo que si esa unidad se recompone completa somos una fuerza mucho más fuerte. Pero tenemos que estar unidos”, agregó.

El analista Harold Trinkunas, en la revista Foreing Affairs, analiza “La tragedia de la oposición venezolana” y es más contundente:

“La triste realidad es que Maduro tiene un más firme agarre en el poder que en cualquier otro momento desde su elección en 2013″, sentencia.

“La oposición se ha venido haciendo progresivamente irrelevante en la medida en que el país está entrando en un período hiperinflacionario, la producción petrolera está declinando aceleradamente, hay una explosión de la pobreza y del hambre”, señala.

Recuerda que la oposición había forjado una estrategia sólida en los últimos años y aprendió a ganar elecciones, sólo para constatar después que Maduro cambió las reglas del juego y ha manipulado abiertamente el sistema electoral.

“Ahora, las ambiciones presidenciales de sus líderes, diferentes formas de ver los caminos futuros y las medidas contrarias de los adeptos del gobierno, han fracturado a la oposición otra vez. El resultado es que la MUD tiene pequeño impacto mientras Venezuela colapsa”, agrega Trinkunas.

El último tren a Miraflores

Es evidente que la dirigencia política de la oposición está muy fraccionada, no solo en el histérico universo de Twitter.

En noviembre sus dirigentes prometieron que presentarían en breve al país una estrategia única, con una representación unánime internacional y que además elegirían a un candidato único ante la inminencia de que el chavismo adelante las elecciones presidenciales.

Nada de eso ha sucedido.

Los dirigentes de los partidos opositores están desprestigiados, no tienen arrastre popular, no llegan a conectarse con las bases y son acusados de irresolutos, ambiguos e incapaces de articular un mensaje claro. Los más agresivos han sido presos, exiliados o silenciados.

Sus evidentes logros internacionales, con un efectivo lobby que ha sumado presiones de varios gobiernos contra Maduro y su constituyente, son un activo ahora en riesgo.

En este pulso de fuerzas, Maduro ha logrado meter a la oposición en una disyuntiva: o reconocen previamente a la constituyente arrodillando a las partidos ante ella, o no pueden concurrir a unas elecciones presidenciales.

Si la oposición reconoce a la constituyente de alguna forma, ya no tendrán sentido los apoyos logrados internacionalmente desde los gobiernos más influyentes de América y Europa.

Si no la reconoce, Maduro correrá solo, acaso con algunos actores secundarios que legitimarán su proceso, entre ellos el sospechoso habitual Manuel Rosales, y acaso un candidato del partido Acción Democrática, probablemente el propio Henry Ramos.

En medio del desencanto colectivo en las filas de la oposición, la abstención sería otra vez la protagonista y Maduro ganará por fort fait, como en los malos partidos de fútbol.

Pero no todos están convencidos de tirar la toalla.

“Creo que todavía hay una batalla trascendente que va a dar la sociedad venezolana, que son esas elecciones presidenciales, a pesar de la adversidad, del control político por parte del gobierno, del chantaje de la revolución todavía hay posibilidades reales de derrotar a Maduro en las elecciones presidenciales”, señaló el economista Puente.

Una de las variables en esta ecuación es justamente que Maduro ha llevado al país a la peor crisis económica de su historia, con desabastecimiento e hiperinflación.

“Venezuela es la primera economía petrolera del mundo que vive en hiperinflación”, agrega.

Puente señala que en el proceso venezolano hay otra paradoja: en las democracias, los gobiernos que generan riqueza y bienestar ganan elecciones y quienes lo hacen mal pierden elecciones.

En Venezuela se ha roto ese vinculo fundamental, esa correlación y ha ganado elecciones un gobierno que ha llevado al país a la peor crisis económica de su historia.

Señala que según todas las encuestas, el 80% del país, incluyendo el chavismo, quiere un cambio. Es una mayoría que está asqueada de tanta corrupción, incompetencia y empobrecimiento.

Pero Puente señala que una debacle económica no necesariamente conduce a cambios políticos, como lo demuestra la perpetua ruina de Cuba, o el caso de Zimbabwe, cuyo dictador Mugabe sobrevivió a años de hiperinflación, violencia y pobreza, hasta que salió recientemente, anciano y desgastado, pero debido a pugnas internas de su partido, por sucesiones generacionales.

“Las crisis económicas son solo eso, no están correlacionadas con cambios políticos. Para que se den esos cambios tiene que haber una estrategia política correcta, certera, audaz, que pueda generar las condiciones. La segunda parte es esa estrategia política y el mensaje correcto”, señala Puente.

“Eso demuestra que la sociedad puede ir a las peores crisis imaginables sin que ocurra un cambio político. Lo que he dicho muchas veces y lo refleja la literatura: las crisis no tienen ni techo ni piso, las cosas pueden ir peor”, alerta.

“La clase política debe resolver sus problemas y elaborar la estrategia que pueda generar una oportunidad de un cambio real”, añade en entrevista.

En definitiva, la solución al colapso económico de Venezuela pasa por una solución política.

Robert Malley, presidente y CEO de Crisis Group, una organización internacional que se ocupa de analizar y prevenir conflictos de gran escala, lo resume en una reciente declaración para Reuters:

“El pronóstico para Venezuela en 2018 es de más deterioro, emergencia humanitaria y un incremento en el éxodo de los venezolanos. Una sostenida presión internacional e interna, así como garantías de futura inmunidad, serán requeridas para forzar al gobierno hacia unas elecciones presidenciales creíbles”, señala Malley.

(Este artículo fue publicado inicialmente por El Estímulo el 10 de enero de 2018)