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Mi intercambio “tweet-pistolar” con el Defensor del Pueblo

tarek

¿Cuánto duró la luna de miel de ecuanimidad del nuevo Defensor del Pueblo? Recién instalado en su cargo, Tarek William Saab tomó algunas iniciativas que invitaban a la esperanza, como preocuparse por la situación de los detenidos en el Sebin o solicitar la prohibición de que los colahacientes fueran marcados como reses.

Con el pasar de las semanas, como era de esperarse, ha terminado prestando más atención a asuntos más elevados como el decreto de Obama. Después de todo, Tarek tiene su corazoncito, así como yo tengo mi corazoncito que tarde o temprano sabotea mis propósitos de tolerancia.

La semana pasada, lancé una iniciativa que, como todas las mías, está condenada al fracaso y la inconstancia: escribirle por Twitter durante 100 días al Defensor del Pueblo (@TarekWiliamSaab) para denunciar la situación de los que tenemos cédulas terminadas en 0 y 1, que en la mayoría de los supermercados y abastos ahora solo podemos comprar productos regulados los lunes, día en el que los estantes amanecen pelados y no suelen llegar despachos.

Para ponerle un ejemplo kafkiano de la vida real: el lunes 16 hice cola desde las 5:00 am en el Pdval de San José pero no había café para mi anciano papá ni papel higiénico, por lo que tuve que volver a hacer cola desde las 5:00 am el sábado 21 solo por 500 míseros gramos de café (por mi terminal de cédula, solo puedo comprar en Pdval cada dos sábados). Sin embargo, eso me quitó derecho a adquirir de nuevo otros 500 gramos de café de nuevo este lunes 23, cuando tampoco había papel higiénico. En otra cola rompehuesos posterior de 10:00 am a 2:00 pm en el Bicentenario de Los Símbolos, tampoco llegó ni lo marrón ni lo blanquísimo.

¿Entra esto dentro de las atribuciones del Defensor del Pueblo? No lo sé. Creo que comprar productos regulados puede calificar como un derecho humano. De todos modos, una tuitera me advirtió:

No suelo tener éxito en Twitter. Mis memes no pegan (hace poco hice uno en el que George W. Bush se transformaba en el viejito de la película Up de Pixar y lamentaba no poder venir a los tepuyes porque Maduro le quitó la visa, pero no tuvo ni un retweet). Y sin embargo, Tarek me respondió el 18 de marzo. Lavándose las manos y a la defensiva, pero me respondió:  

Quizás para ablandarle el corazón y arrancarle al menos un pronunciamiento público o el “inicio de una investigación”, al día siguiente le recordé a Tarek William Saab que al menos una vez lo había entrevistado, lo que no es mentira: lo conocí en persona un par de veces cuando yo trabajaba en la redacción del diario El Nacional, la primera incluso antes de que Hugo Chávez llegara al poder y él tenía ya cierta renombre como abogado defensor de los derechos humanos. Posteriormente me encomendaron entrevistarle por su libro de poemas “En un paisaje boreal”, que trata sobre sus memorias en una misión de rescate luego de un terremoto en Pakistán, o algo por el estilo (confieso que no pasé del prólogo), aunque creo que la nota nunca salió publicada. Para estupor y vergüenza de este cagatintas, el Defensor del Pueblo le atribuyó por error una sublime condición que solo se ajusta a su persona:

Tarek sabe quién soy, o dice saberlo. Con eso mi papá no prepara el café cada mañana, pero reconforta un poco.

Quizás peco de ingenuo sin remedio, pero a pesar de las diferencias ideológicas Tarek me sigue pareciendo, en el fondo, un buen tipo (lo que quizás en el mundo de hoy tiene la misma utilidad que cuando la chama que te gusta te dice: “Me pareces un amigo ideal”). O por lo menos, uno de los revolucionarios más impredecibles y divertidos. Hasta uno de sus episodios más vergonzosos como gobernador de Anzoátegui, que incluyó burlas que se pueden considerar homofóbicas acerca de una Pantera Rosa con el rabo mal puesto entre las piernas, es probablemente el episodio vergonzoso más colorido de la historia de la interminable transición hacia las colas para todo del siglo XXI:

Y sin embargo, el último capítulo de nuestra escueta relación tweet-pistolar de pistoladas, este lunes 23, fue desalentador, descorazonador:

¿Llegaré a los 100 días escribiéndole al Defensor del Pueblo (por los momentos, ya me dio flojera hacerlo el sábado y el domingo, pero contemos solo los hábiles)? ¿Duraré más que su luna de miel como Defensor de todos? ¿Me bloqueará? Y el gran lugar común del resentimiento que uno al final siempre vomita en estos casos: ¿Tarek hace colas? ¿O, como funcionario público, le llega una cajita feliz en la que “hay de todo”, la frase mitológica que corre de boca en boca salivante pero jamás se materializa en ningún supermercado? ¿Es un cómplice más del sistema perverso que te hace sentir feliz por conseguir dos lavaplatos Axion que tu vecino no tiene? No me dejaré obcecar por mi mezquindad. Se lo juro por el 1 de mi cédula: sigo confiando en usted, poeta.