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No soy economista pero los de Dolartoday y Maduro tampoco

Billetes bolívares
01/12/2016
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FOTO: AFP

El gobierno sigue insistiendo en la “guerra económica”, categoría que podría aplicarse a su propia política, cuando facilita la existencia de 7 tipos de cambio.

No soy economista, y hoy no desearía serlo ya que su rol está profundamente en tela de juicio, al convertirse en justificadores del gobierno o justificadores de Dolartoday, y mi intuición poco economicista, me dice que ninguno en el plano de la polarización tiene la razón de como diagnosticar la realidad económica del país y menos aún tienen la capacidad de plantear soluciones que giren en torno al sujeto central de la economía política, que en mi caso es el trabajador.  

Que si Dolartoday está especulando el precio del dólar en el mercado paralelo, no tengo como no decir que no, ya que las fórmulas que presenta para tales cálculos ya tiene muchos tintes caprichosos y restringidos a mercados de cambio muy pequeños que no toma en cuenta el oficial, sin embargo, no deja de tener alguna razón en los momentos de devaluación producto de la relación entre la masa monetaria en bolívares, la desconfianza en la moneda y la real presión de esa masa monetaria de querer cambiar a dólares en el marco de una oferta totalmente restringida que no satisface la demanda.

Por otra parte, el gobierno sigue insistiendo en la “guerra económica”, categoría que podría aplicarse a su propia política, cuando facilita la existencia de 7 tipos de cambio: el de 10, el de 700, el turístico de 1000, el llamado por los empresarios “el malandro”, el Dolartoday, el Cútuta y el Instagram, lo que sin duda permite la generación de mafias cambiarias bajo el amparo de una política que busca fomentar la corrupción y la fuga de capitales.

De fondo, los intereses especulativos de quienes manejan y controlan la deuda externa en bonos soberanos y de Pdvsa, que viven del mantenimiento de un alto nivel del “riesgo país” junto con la garantía de que se seguirá pagando la deuda externa, incluso en sacrificio de la vida de los venezolanos más vulnerables y la calidad de vida del 90% de los ciudadanos, conduce a pensar que lo que hoy vivimos no es consecuencia de un gobierno incapaz, sino, es parte del guión de una política bien planificada, que busca la restauración de un sistema económico y político que se decía superado por el gobierno del presidente Chávez.

Al final, quienes pagamos los platos rotos somos todos los venezolanos, y mientras tanto vemos a los economistas, fundamentando teorías para explicar desde la óptica de sus clientes, lo que el pueblo sólo puede ver a través de su padecimiento cotidiano, sin teorías, sin páginas web y sin gobierno que direccione políticamente.