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Nuevo asesor de Seguridad de Trump es otra amenaza para Maduro y el chavismo

john-bolton-afp

El radical John Bolton, nuevo asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, es un “halcón” militarista que pide declarar la guerra a Corea del Norte e Irán. Fue uno de los promotores del falso argumento sobre las armas de destrucción masiva que llevó a la invasión de Irak en 2003. También es un acérrimo crítico del chavismo y pide una línea más dura contra el gobierno de Nicolás Maduro. Cree que Venezuela es un nido de terroristas del Hezbollah y del narcotráfico, una fuente de uranio para Irán, un paraíso financiero para delincuentes internacionales, un área de influencia para Rusia y una bombona de oxígeno, o más bien de petróleo, para Cuba. 

Bolton, de 69 años, es una figura tan polémica en Washington que en 2006 tuvo que abandonar su cargo de embajador estadounidense ante la ONU después de apenas 14 meses, debido a la negativa del Senado a confirmarle definitivamente para ocupar el puesto, reseña un perfil de la agencia EFE.

“Estoy muy preocupado por Venezuela”, dijo Bolton en una entrevista con Johna Hayward el 29 de junio de 2017 en el diario Breitbart News: www.breitbart.com.

“Me preocupa que la inestabilidad allí se extienda como lo hizo a Colombia antes, y es una fuente de problemas potenciales reales para Estados Unidos”, dijo.

“Desafortunadamente, la oposición misma es desorganizada e ineficaz”, continuó al criticar la falta de escenarios de salida coincidencialmente en unos días donde fue derrotada la última ola de protestas generalizadas callejeras contra Maduro.

“Creo que hay muchos venezolanos que sinceramente solo quieren un gobierno representativo, les gustaría salir de esta trampa en la que han estado en los últimos 15 años”, respondió Bolton.

“Bajo Obama, simplemente pensaron que el régimen de Maduro era un maullido de gato. Ellos no hicieron nada. No estoy seguro de que la nueva administración se centre adecuadamente en América Latina. No puede ser de interés para Estados Unidos que ese Estado se convierta en un Estado fallido y que se convierta en un paraíso para terroristas, internacionalmente”, dijo al criticar al propio Trump.

“Hay grandes partes del área fronteriza entre Colombia y Venezuela donde los narcoterroristas de las FARC ya tenían bases, a pesar del acuerdo de paz que han negociado en Colombia”, explicó.

“Pero hay fuerzas dentro del Ejército, es una situación muy confusa, que puede ser aún más radical. Los asesores del régimen de Castro están en toda Venezuela, y muchos piensan que Maduro está siguiendo esencialmente las políticas que recomiendan, porque Cuba bajo Raúl Castro necesita petróleo venezolano barato para mantener a flote ese régimen”.

“Están sucediendo muchas cosas allí: el riesgo de la participación rusa detrás de escena, la participación iraní está detrás de escena, debido a los extensos suministros de uranio de Venezuela”, advirtió.

“Es muy complicado, y sinceramente, no le prestamos suficiente atención”.

“Casi todos los presidentes llegan diciendo: ‘voy a prestar más atención al Hemisferio Occidental.’ Luego se sienten atraídos por otras cosas, y terminamos con esta falta de concentración que permite que este tipo de turbulencia e inestabilidad crezcan”, se lamentó Bolton.

En esa entrevista el ex embajador de Estados Unidos ante la ONU habló entonces –además del colapso de Venezuela- de la relación de la Casa Blanca con Siria y Corea del Norte.

De su pluma y letra

 

En un artículo publicado a comienzos de enero en The Hill, el ex diplomático se quejaba de que América Latina y África rara vez han calificado como las principales prioridades de política exterior de EEUU.

“En los últimos años, pero 2018 puede cambiar eso. La inestabilidad política y el colapso de los gobiernos nacionales, el terrorismo internacional y su financiamiento asociado, y la gran competencia de poder por los recursos naturales y la influencia política podrían amenazar importantes intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. Si estallan varias controversias latentes simultáneamente, Washington podría encontrarse enfrentando estas crisis con poco o ningún pensamiento estratégico para guiar nuestras respuestas”, escribió en su columna de opinión.

“Ahora, con Venezuela contra las cuerdas, la legitimidad revolucionaria de los Castro que desaparecerá y la presión de Estados Unidos en aumento, cuánto tiempo sobrevive el régimen cubano es una pregunta abierta. Quien siga a Raúl Castro bien podría ser la versión cubana de Egon Krenz, el último gobernante comunista de Alemania Oriental después de la caída del Muro de Berlín en 1989”.

“Una gran incógnita es si Vladimir Putin verá una oportunidad estratégica para reafirmar la influencia rusa en el fallido paraíso marxista (Cuba) o en otros puntos débiles del hemisferio…Aunque las tensiones probablemente no vuelvan a los niveles de la Guerra Fría, cuando la crisis soviética sobre Cuba estuvo a punto de encender una guerra nuclear, la injerencia rusa en América Latina podría inspirar a Trump a reafirmar la Doctrina Monroe (otra víctima de los años de Obama) y defenderse La gente asediada de Cuba (como lo es ahora con Irán)”.

“El trágico declive de Venezuela, primero bajo el régimen de ópera cómica de Hugo Chávez y ahora bajo Nicolás Maduro, su sumiso sucesor, se aceleró en 2017. Un país que alguna vez tuvo un nivel de vida cercano a Europa ha visto colapsar su industria petrolera a través de la corrupción, negligencia criminal y falta de inversión, con consecuencias devastadoras”.
“Además, la penetración extranjera de Venezuela no tiene precedentes. Maduro depende de asesores militares cubanos, e Irán y otros maniobran para retener el acceso a las extensas reservas de uranio del país, utilizando su sistema bancario para el lavado de dinero extensivo y otras transacciones ilícitas. Hezbollah, explotando la larga historia de las redes de comercio de Oriente Medio expatriadas en América Latina, sigue siendo una amenaza turbia pero continua, y los imperios de narcóticos se están aprovechando del caos creciente para operar tanto en Colombia como en Venezuela”.

Perfil de un halcón

Bolton, de 69 años, es una figura tan polémica en Washington que en 2006 tuvo que abandonar su cargo de embajador estadounidense ante la ONU después de apenas 14 meses, debido a la negativa del Senado a confirmarle definitivamente para ocupar el puesto, señala EFE por su parte.

Pero el combativo exdiplomático, un comentarista frecuente en la cadena de televisión favorita de Trump, Fox News, logró hoy ponerse al frente del Consejo de Seguridad Nacional, el órgano de la Casa Blanca encargado de centralizar la política exterior y de seguridad de EE.UU. y asesorar al presidente al respecto.

El rasgo físico más distintivo de Bolton, su poblado bigote blanco, es también el que retrasó supuestamente su entrada en el Gobierno de Trump: según varios informes de prensa, al presidente no le gusta el vello facial, y ese fue un factor importante a la hora de descartarle el año pasado como posible secretario de Estado.

Detrás del bigote se encuentra un ideólogo ultraconservador, un vehemente defensor del “interés nacional” de Estados Unidos que ve con recelo los tratados multilaterales y la ley internacional, y que respalda sin ambages los ataques militares como estrategia preventiva.

“Es perfectamente legítimo que Estados Unidos ataque primero para responder a la ‘necesidad’ (de defensa propia) que presentan las armas nucleares de Corea del Norte”, defendió Bolton en un artículo publicado hace dos semanas en el diario The Wall Street Journal.

En 2015, Bolton utilizó un argumento similar sobre Irán, al escribir en el The New York Times que “solo una acción militar” podía evitar que los iraníes obtuvieran un arma atómica.

Ésa será la voz que aconseje a Trump en la preparación de su próxima reunión con el líder norcoreano, Kim Jong-un, y también en la decisión que debe tomar antes de mediados de mayo sobre si se retira del acuerdo nuclear con Irán, un pacto que Bolton ha dicho que “no tiene sentido salvar”.

El nuevo asesor de Trump es también un conocido crítico de la Corte Penal Internacional y de las Naciones Unidas, y en 1994 dijo que “no pasaría nada” si desaparecieran diez pisos del edificio de la ONU en Nueva York.

Eso no evitó que trabajara en ese inmueble durante más de un año, porque el expresidente George W. Bush (2001-2009) le nombró embajador ante la ONU en agosto de 2005, aprovechando un receso en el Senado, que se había negado a confirmarle para el cargo.

En diciembre de 2006 tuvo que dimitir, porque se agotaba el plazo en el que podía ocupar el puesto de forma interina y el Senado no parecía dispuesto a darle luz verde.

La oposición demócrata bloqueó su nominación debido a su supuesta intimidación de subordinados durante su paso por el Departamento de Estado, y a sus presuntos intentos de ignorar o suprimir información de inteligencia con la que no estaba de acuerdo.

En 2001, Bolton se convirtió en subsecretario de Estado para el control de armas, una posición que cobró peso en la antesala de la invasión de Irak porque la justificación de Bush para atacar se centró en la supuesta posesión de armas químicas y biológicas por parte del régimen de Sadam Huseín, que luego no se encontraron.

“Estamos seguros de que Sadam Huseín ha escondido armas de destrucción masiva”, dijo Bolton en un discurso en 2002.

Bolton abrazó la teoría del “eje del mal” sobre Corea del Norte, Irán e Irak, y presionó al Departamento de Estado y la CIA para despedir a quienes no validaran las acusaciones más radicales contra esos países, según un análisis de documentos oficiales que hizo en 2008 John Prados, de la Universidad George Washington.

También fue protagonista de una larga disputa con las agencias de inteligencia estadounidenses por su acusación pública de que Cuba contaba con un programa de armas biológicas.

Nacido en Baltimore (Maryland) en 1948, Bolton se doctoró en Derecho por la Universidad de Yale en 1974 y se alistó en la Guardia Nacional, pero no fue a la guerra de Vietnam y se le atribuye la cita de que “no quería perder la vida en el arrozal de ningún país asiático”.

Casado y con una hija, Bolton ocupó un alto cargo en el Departamento de Justicia bajo el Gobierno de Ronald Reagan y en el de Estado bajo el de George H. W. Bush, y pasó por los centros conservadores Instituto Manhattan y American Enterprise Institute.

Aunque muchos le tachan de neoconservador, Bolton se describe como un “libertario” que prefiere “la libertad sobre la democracia” y que, finalmente, ha logrado esquivar el escrutinio del Senado -que no es necesario para ser asesor de seguridad nacional- y situarse justo a la derecha del presidente.

(Con información de la agencia EFE, desde Washington)