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Oficios de ayer IV: el último sombrerero de Caracas (Video)

sombrerostudela
26/04/2018
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IMAGEN Y EDICIÓN: ANDREA HERNÁNDEZ

En la mañana del martes 24 de abril, la alcaldesa del municipio Libertador, Erika Farías ordenó la expropiación de varios negocios que se encontraban dentro del casco histórico de Caracas.

Farías llevó a cabo un plan de ocupación y expropiación de los negocios estaban frente a la icónica plaza El Venezolano. La acción se ejecutó bajo la premisa de un “proyecto cultural socioeconómico” que busca recuperar el casco histórico de la capital.

La historia del centro de Caracas poco a poco se ha esfumado o, mejor dicho, ha sido borrada de la memoria colectiva tras la serie de expropiaciones. Un ultimátum de 24 horas fue lo que recibieron los dueños de las piñaterías de San Jacinto, y el popular restaurante La Atarraya.

En marzo del 2015, Juan Humberto Torres, quien para la fecha era el encargado de Sombreros Tudela fue considerado como “el último sombrero de Caracas”.

Algunos entran a curiosear y el maestro sombrerero los recibe con una sonrisa y con la paciencia que exige responder todas las preguntas de una generación que no acostumbra a usar sombrero.

Antes nadie salía de su casa sin un sombrero y una buena chaqueta”, comentó el maestro sombrerero, Juan Humberto Torres. Comenzó como office boy cuando era un adolescente en Sombreros Tudela; de eso, van 54 años. Ahora, el encargado solo usa su borsalino gris cuando llueve.

Todavía maneja con destreza las planchas calientes y máquinas que giran para darles forma a los sombreros; a pesar de que ahora casi no los hace, sino que los compra para vender o repara porque no hay materiales. Sin embargo, Torres continúa enamorado de su carrera: “Si no me gustara tanto, no seguiría aquí”.

Sombreros de ese negocio cubrieron las cabelleras -o calvas- de ex presidentes como Rómulo Betancourt, Luis Herrera Campins y Rafael Caldera.

Hoy, el letrero rojo brillante que coronaba el local ahora se apoya opaco en una de las paredes del depósito. Lo mandaron a quitar.

La tienda flanquea una calle de piedras; queda diagonal a la casa de Simón Bolívar en la esquina de San Jacinto a Traposos. Algunos entran a curiosear y el maestro sombrerero los recibe con una sonrisa y con la paciencia que exige responder todas las preguntas de una generación que no acostumbra a usar sombrero. La última siempre es “¿Cuánto cuesta?”. Unos lo dejan hasta allí y otros prometen volver.

Torres sabe quiénes son sus clientes fieles y quienes se acercan para fisgonear los sombreros que aún quedan en los anaqueles.

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Esta nota se publicó el 2 de marzo de 2015