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OPINIÓN |Aquí y ahora

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15/03/2019
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TEXTO: SAÚL JIMÉNEZ / FOTOGRAFÍA: DANIEL HERNÁNDEZ-EL ESTÍMULO (REFERENCIAL)

La situación de Venezuela es cada día más difícil y los que reciben el mayor peso son los habitantes de los sectores populares, a quienes se les hace más cuesta arriba comprar o recibir alimentos de los programas del gobierno, ya que su pobreza extrema significa no tener acceso a pequeños recursos y sólo viven de las dádivas que logran en su deambular por las calles. Esa es una realidad que se viene agudizando desde hace cuatro años, en la misma medida en que la producción petrolera va mermando y los precios internacionales van bajando y el hecho de que Venezuela sea un país rentista y mono productor nos afecta a todos y trae consigo el incremento de la desnutrición aguda en los niños.

Eso conllevó a otra realidad: que los niños dejaran de asistir a la escuela por cuanto las escuelas también se vieron afectadas, y ahora tampoco funciona el Programa de Alimentación Escolar (PAE) que les garantizaba, por lo menos, una comida al día, y en las escuelas integrales dos comidas. Esa situación los llevó, como a muchos adultos, a ir hurgando en la basura para lograr conseguir algo de comida, igual en las puertas de los restaurantes y en ventas de frutas y verduras. Esa es una triste realidad.

Por esa razón, muchas organizaciones de la Sociedad Civil nos hemos venido involucrando en el acompañamiento social con pequeñas ayudas a familias afectadas, luego con pequeñas donaciones a comedores populares y además atendiendo la parte psicosocial de esas familias tan vulnerables, lo que nos ha permitido sistematizar la experiencia e ir afinando la metodología de trabajo para poder mejorar dicha atención y que permita de verdad superar la situación de muchos niños, ancianos, embarazadas y lactantes para sacarlos de la situación crítica y llevarlos a un nivel de peso, talla y medida normal.

Todo este accionar lo hemos venido realizando con mucho trabajo voluntario, con recursos propios y pequeñas donaciones que hemos venido recibiendo; aun así la situación real del país y su inflación no nos permite avanzar más y además los sitios atendidos se ven afectados por cuanto los recursos cada día que pasa escasean más por los costos de los alimentos.

Esta situación es preocupante, ya que bajar la calidad de la atención y alimentación afectaría el programa como tal por cuanto no se lograrían las metas de sacar a las personas atendidas de los niveles críticos y que puedan mantenerse en niveles aceptables de salud.

Es triste cuando llegamos a los comedores populares que apoyamos y nos comenta Petra o Ramona que en esta semana no pudieron comprar suficiente carne porque se incrementaron los precios y eso reduce la cantidad a servir por cada niño. Igual pasa con los víveres. Eso nos prende las alarmas e indudablemente nos hace empezar a buscar alternativas que nos permita mantener los niveles necesarios para su recuperación de peso y talla.

Mucho se ha hablado de la ayuda humanitaria de emergencia, lo cual ha creado una gran expectativa y esperanza; sin embargo el gobierno central no ha aceptado esa propuesta y por lo tanto cada día que pasa es una jornada más de incertidumbre y de agravamiento de la situación y los programas sociales.

No podemos sentarnos a esperar la tan ansiada donación Internacional para atender nuestra emergencia; por ello debemos repotenciar nuestra creatividad con el fin de lograr los recursos necesarios para fortalecer dichos programas. En ese sentido hemos iniciado una campaña con las personas de buena voluntad que, a pesar de tener una situación económica difícil, puedan contribuir con pequeñas donaciones económicas o con insumos, al igual que las amistades que viven en el exterior, quienes centavo a centavo pueden ir guardando para enviar pequeñas remesas. Lo importante es reconocer nuestra realidad y como entre todos podemos fortalecer los programas sociales de la sociedad civil y continuar atendiendo a los sectores más vulnerables y sacarlos del nivel crítico como hasta ahora se ha venido logrando.

Igual venimos sensibilizando a personas de buen corazón para que nos acompañen como voluntarios en la atención motivacional, cocina, valores y juegos didácticos que nos permitan fortalecer el desarrollo integral de los niños atendidos, así como motivarlos a la reincorporación a la escuela regular para de esa forma regularizar su situación e ir insertándolos en una sociedad de todos y para todos.

Ese es nuestro reto y lo asumimos con mucha responsabilidad, pero no podemos abandonar estos programas que tanto bien le hacen a nuestros sectores más vulnerables y que en los últimos tres años venimos atendiendo con el programa “Acompañando en la Esperanza”, el cual debemos ampliar con más personas atendidas y con nuevos centros que podamos incorporar en otros sectores populares. Así seguimos apostando a Venezuela y a nuestros hermanos, desde aquí y desde el ahora. Mañana es tarde.