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OPINIÓN|Caso Seijas: Xenofobia, la palabra que ya no nos es ajena

Fútbol
16/04/2019
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FOTOGRAFÍA: CORTESÍA: DIARIO DEPORTIVO

La Real Academia Española de la Lengua es muy tajante y sin tantas explicaciones para definir la palabra Xenofobia: “Fobia a los extranjeros”. El mismo diccionario identifica la fobia como “aversión exagerada a alguien o algo”. En este caso entonces, la xenofobia sería la aversión exagerada a los extranjeros. Dicho en cristiano, desprecio a lo que viene de otro país.

Este delito ha existido durante la existencia de la humanidad y las Naciones Unidas advierte que se ha recrudecido en los últimos años por las intensas migraciones en el mundo, que derivan incluso políticamente en facciones que apoyan o basan sus ideales en la discriminación como bandera. Odiar y repudiar al extranjero es un mal que la sociedad no pueden erradicar, sin embargo, a los venezolanos el término xenofobia nos parecía algo ajeno, lejano, que no nos afectaba. Hoy esto ha cambiado, y lo que veíamos como simples espectadores, nos toca vivirlo como diáspora.

El fútbol y su fuerte influencia social es un caldo de cultivo para desatar demonios de discriminación contra el extranjero. Cada fin de semana es noticia algún cántico racista o xenófobo en los estadios del mundo (no solo los europeos). Acciones gubernamentales, legales y de conciencia crecieron en los últimos años con la misma magnitud que devasta el flagelo.

En Venezuela, aunque pocos lo crean, la xenofobia y la discriminación tienen tiempo yendo al estadio. Recuerdo cuando chamo que en el estadio era común escuchar un grito de “colombiano” a algún jugador o árbitro, con intención de insultar, al igual que las comunes palabras metiéndose con el color de piel. Más recientemente, el “Táchira no es Venezuela”, una consigna claramente discriminatoria, campa en los estadios de fútbol del país sin que algún delegado de la FVF o cuerpos arbitrales se inmuten ante la gravedad del asunto.

Xenofobia y racismo tienen distintas acepciones pero ambos son discriminación. Sin embargo, dejando la grada, ha sido siempre común dentro de un campo de juego este tipo de insultos. Que ahora se ventilen algunos, con todo lo que significa hoy día la xenofobia como delito, no quiere decir que esto pasa apenas recientemente en las canchas. Esto es viejo, pero ahora los futbolistas saben que los episodios de discriminación son penados dentro y fuera del fútbol y por eso salen a la luz pública. Además, hoy día las transmisiones televisivas no dejan escapar detalles, como el insulto del jugador chileno al criollo Pablo Bonilla en el pasado Suramericano Sub 20.

Según cifras de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), para marzo de 2019 de Venezuela migraron 3,7 millones de personas, de las cuales 80% están en países de América Latina. 1,2 millones de ellas se trasladaron a Colombia, con toda la complicación humanitaria que representa la acogida de desplazados. El vecino país, del cual tantos nacionales cruzaron la frontera para conocer mejores oportunidades en la antigua Venezuela, ahora recibe el desespero de quienes tratan de encontrar una mejor forma de vivir, dada la profunda crisis económica, política y social. Si bien la acogida humanitaria es, contando los grandes esfuerzos, positiva, muchos ven hoy a nuestros paisanos como “invasores”, por lo que el desprecio o xenofobia de algunos contra el nacido en la tierra de Bolívar, hoy es, lamentablemente, una realidad en América y el mundo.

El episodio ocurrido el pasado fin de semana entre Luis Manuel Seijas, jugador de Santa Fe de Bogotá y Cristian Palomeque de La Equidad, es consecuencia de todo lo anterior descrito. Al venezolano, tan bien visto y apreciado en el mundo por sus valores, educación y ganas de trabajar, hoy le dan con el mazo como consecuencia de una crisis. Pero al contrario de Bonilla, al histórico símbolo del equipo cardenal se le soltaron los demonios y respondió al insulto del rival. Y aquí no voy a valorar si estuvo bien o mal lo que hizo porque hay que estar en los pantalones del que recibe semejante insulto (“venezolano de mierda”, le habría dicho el rival) para asegurar si uno es capaz de controlarse, pero lo que antes fue algo tan extraño para nosotros, hoy injustamente nos toca sufrirlo.

Y no está bien. Nunca va a estar bien. “El prejuicio es lo peor que puede tener un ser humano”, dijo Seijas, y es la verdad. Quizá estas palabras de desprecio hayan quedado al margen en otros tiempos, pero como dijo el mismo futbolista, el momento que se vive en Venezuela hace que se triplique la resonancia de lo ocurrido. Duele mucho que esto esté pasando. Y duele que por el solo hecho de ser venezolanos hoy seamos humillados.

Condenar este tipo de acciones y exigir sanciones es la forma de erradicarlo. Las campañas de apoyo al venezolano son insuficientes y esto, extraño para nosotros, debe marcar un precedente. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, recientemente declaró que esa entidad impulsó un mecanismo para ejercer acciones en estos casos: “Hemos introducido en nuestros torneos el llamado ‘procedimiento de tres pasos’, un mecanismo que permite a los árbitros llegar hasta el abandono de un partido en caso de incidentes discriminatorios”, recuerda.

La Dimayor, ente que rige el fútbol rentado en Colombia, debe actuar conforme a lo que declaró Infantino: “instamos a todas las asociaciones, ligas, clubes y organismos disciplinarios a que adopten el mismo procedimiento, así como un enfoque de tolerancia cero ante los incidentes de racismo en el fútbol, y a que apliquen sanciones severas a todo tipo de comportamiento de este tipo”.

De momento, Dimayor llamó al Comité de Disciplina a investigar la situación. Tras las declaraciones del venezolano en un medio de comunicación, el ente actúa de oficio y en un comunicado, señala: “La intención de la máxima autoridad del Fútbol Profesional Colombiano, es esclarecer la denuncia de xenofobia que manifestó el jugador venezolano al servicio del club bogotano en sus declaraciones ante los medios de comunicación (…) Esta es la segunda oportunidad que Luis Manuel Seijas, señala que es víctima de insultos discriminatorios durante la competencia”.

Esto pasa. Es verdad. El venezolano es víctima de xenofobia, algo impensado pocos años atrás. Aquí, en el caso de Seijas, fue un insulto, pero en Brasil y Ecuador, por ejemplo, estamos siendo objeto de ataques criminales, como los llamados pogromos en la Europa del Este de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX cuando los judíos eran objeto de persecución. Incendios, palos, piedras, heridos. Es una realidad aterradora en sociedades que históricamente fueron tolerantes e inclusivas, contra los venezolanos.