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Otro fuerte terremoto como el de 1967 amenaza a Caracas

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22/08/2018
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TEXTO: VALERIA PEDICINI Y JOHANN STARCHEVICH

Caracas cumplió 51 años del terremoto que amenaza con volver. Los expertos no son Marina Marotti, la pitonisa italiana que, según la prensa de la época, predijo el sismo. Pero advierten que el remezón puede sorprender en cualquier momento a los caraqueños. Ante tal amenaza, surge la pregunta: ¿la ciudad está preparada para enfrentar otro gran sismo?

En la noche del sábado 29 de julio de 1967 el técnico de sonido Alejandro López; el organista Tulio Henrique León y el compositor Germán Narváez, se encontraban en un estudio de sonido en Antímano, grabando una pista para una canción de Navidad. Luis Herrera, entonces jefe de la fracción parlamentaria de Copei en el Congreso, y su esposa, Betty, se alistaban para llegar a una recepción en el edificio Mijagual de Altamira. En tanto, fieles asistían la misa que cinco minutos antes se había iniciado en la Catedral de Caracas.

Fue a las 8:05 de la noche cuando un sacudón sorprendió a toda la ciudad. El movimiento estuvo acompañado por un bramido que generó pánico. Esa aterradora combinación duró aproximadamente 28 segundos. Hubo una breve pausa y de nuevo la tierra fue sacudida con furia durante otros 17 segundos, según las crónica de entonces.

López, Henrique León y Narváez salieron despavoridos de los estudios Sonomatix mientras los equipos de grabación registraban el audio del momento exacto de los sonidos del terremoto. Los Herrera –futura pareja presidencial- quedaron aterrados en su hogar, y más aún, cuando supieron que todos los asistentes a la recepción en el “Mijagual” fallecieron, después de que el edificio de diez pisos quedara reducido a escombros.

Lo vivido en la Catedral terminó en el anecdotario mágico-religioso de los caraqueños. Durante el temblor, la Cruz de Santiago que coronaba la cúpula del templo se desprendió, se estrelló en el piso y se partió en pequeños pedazos. Con la caída de la cruz, el sismo terminó, afirmaron los asistentes a la misa. El símbolo quedó marcado perfectamente sobre el pavimento y se convirtió durante meses en un lugar de visita para los devotos.

El pánico también se sintió en lugares cercanos a la capital. Guarenas, Guatire, Carenero y el estado Vargas fueron sacudidos violentamente. En esa entidad, los sectores de Arrecifes y Los Corales fueron los más afectados por la onda telúrica. También golpeó con fuerza el este caraqueño como Los Palos Grandes y Altamira.

“Todo ocurrió con violencia. A mí me agarró manejando por un terreno en Maiquetía. El carro se iba conduciendo solo. Cuando me paré y vi la cara de terror de la gente, me di cuenta que pasó algo… y feo”, recordó José Ramos, quien a sus 21 años, trabajaba en las obras del futuro aeropuerto.

El terremoto fue devastador. El balance oficial fue de 236 muertes, dos mil heridos, 80.000 personas afectadas, seis edificios destruidos, 40 declarados no habitables y otros 180 con deterioros graves. Un número no determinado de casas de una y dos plantas tuvieron averías en fachadas, tuberías y electricidad. Las pérdidas fueron calculadas, en ese entonces, en más de 10 millones de dólares.

Amenaza latente

 

Caracas es una región sísmica. Muchos expertos se preguntan cómo otro terremoto no ha estremecido a la ciudad. Aseguran que eventos similares al de 1967 suelen ocurrir en el mismo lugar entre 50 y 60 años.

Ese plazo no se ha cumplido. Pero sí el del sismo de 1900, recordó Luisa Pérez, geógrafa de la Universidad Central de Venezuela, en referencia a ese evento que mató a 21 personas e hirió a otras 50, entre ellas, el presidente Cipriano Castro. La ciudad, para ese entonces, no llegaba a las 90.000 personas.

“Lo que se comenta mucho es que, a medida que tarda más tiempo en ocurrir el sismo, más se acerca ese momento. Mientras más se aleja en el tiempo, se acerca más a que ocurra”, otro, afirmó a El Estímulo la también profesora de la Universidad Simón Bolívar con 35 años de estudios sobre riesgos en las ciudades.

“El terremoto que estamos esperando, el que realmente debería estar por venir, es el terremoto de 1900. Ya pasó hace tiempo el periodo en que debería repetirse y no se ha repetido”, comentó.

Al igual que otros de sus colegas, Pérez aseveró que no hay certeza cuando una ciudad será impactada por un movimiento telúrico. Los sismos no se pueden predecir, debido a que no todavía no existe una herramienta científica capaz de anticipar lo que está ocurriendo a 70 km de profundidad del suelo en que pisamos.

¿Estamos preparados?

 

La otra gran pregunta que se hacen habitantes y especialistas es si la ciudad está preparada para enfrentar un nuevo terremoto. Caracas cuenta con alrededor de tres millones de habitantes (censo de 2011), sin sumar la totalidad de la llamada Gran Caracas, zonas urbanizadas en terrenos inestables, barriadas gigantescas que se levantaron sin la infraestructura adecuada y un sistema de salud que atraviesa uno de sus peores momentos históricos.

“Ojalá no ocurra porque tenemos muchísima más población, somos mucho más vulnerables, estamos en lugares donde antes no habían casas. Hay más viviendas de gran precariedad en muchos lugares de Caracas”, dijo Pérez.

El peligro aumenta, si se toma en cuenta el dato aportado por la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis): alrededor del 80% de la población venezolana vive en zonas de alta amenaza sísmica.

Henry Uzcátegui, expresidente del Cuerpo de Bomberos de la localidad de Santa Rita, advirtió que ni la capital ni el resto de las ciudades del país están preparados para afrontar un gran terremoto.

“En Venezuela no estamos dotados para estas situaciones de emergencia, hay especialistas en evaluación de daños y análisis de necesidades, especialistas en geodesta, en infraestructura, hay bomberos que son ingenieros, que tienen un PHD en construcción, hay mucha gente preparada en todos los aspectos, hasta en medicina prehospitalaria, pero, sin embargo, no hay equipos de rescate, ni siquiera hay vehículos para actuar en esos casos”, aseveró.

 

Sin embargo, Aura Fernández, presidenta de Funvisis, afirmó en un taller realizado el 27 de julio por los 50 años del terremoto, que la amenaza sísmica en Caracas ha disminuido con el tiempo.

“A pesar del aumento demográfico y de que la autoconstrucción de viviendas informales sigue siendo la alternativa más buscada por los habitantes de menos recursos, la normativas para nuevas edificaciones, así como la preparación de las instituciones y comunidades, suman un importante saldo en la disminución de la vulnerabilidad sísmica en la población”, sostuvo.

A pesar del entramado legal levantado como prevención, gigantescos edificios ubicados en el norte de la ciudad como Los Palos Grandes y Altamira “pueden moverse como gelatina”, debido a la condición de los terrenos donde fueron levantados.

En ambos sectores “la profundidad de sedimentos (sueltos) es superior a los 200 o 300 metros (…) Es decir, hay mucho espacio débil, allí la tierra se mueve con facilidad. La onda pasa mucho más fácil cuando hay sedimentos”, apuntó la profesora.

Otra incógnita para los especialistas es si los edificios levantados por la Gran Misión Vivienda Venezuela en varios sectores de la capital, con materiales prefabricados e ingeniería china, iraní y bielorrusa y sin el aval del Colegio de Ingenieros de Venezuela, pueden soportar a un terremoto.

Fuentes encargadas de este plan de vivienda aseguraron a El Estímulo, bajo condición de anonimato, que hay edificios de ese plan social que no son capaces de soportar un sismo superior a los cinco o seis grados de magnitud en la ciudad. El sismo de 1967 fue de 6,7 grados.

A pesar de la normativa implementada, la tecnología adoptada por Funvisis y los simulacros realizados durante años, en Venezuela no existe una cultura sísmica. Revisar el pasado es una herramienta eficaz para conocer lo que nos puede deparar el futuro.

“No tenemos cultura sísmica (…) Todos los eventos se repiten, todos sin excepción, sea de lo que sea. Para saber qué puede ocurrir en la ciudad, hay que buscar su historia”, comentó Pérez.

Este trabajo se publicó el 8 de agosto de 2017