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Pastoriza, el sembrador

José Omar Pastoriza
06/08/2018
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FOTOGRAFÍA: OLÉ

Todos sonreímos con agrado al ver la foto en redes sociales. César Farías colgaba en sus cuentas personales un retrato con Richard Páez, en el aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra. Ambos vestidos de mono, cual obreros con el distingo de sus empresas. Trabajadores incansables, admirados los dos por todos los venezolanos que, agradecidos, reconocemos que le hayan dado a la Selección de Venezuela un espacio en la boca del mundo, para bien. Los futboleros, los idolatramos.

Dos venezolanos a los que los medios de comunicación hicimos antagonizar en conflicto de ideas. Una diferencia persistente de estilos y conceptos, pero ambos realmente exitosos. Un abrazo en un aeropuerto de los técnicos reconocidos en el extranjero y que ejercen fuera de su país. Sí: dos venezolanos dirigiendo equipos de fútbol de afuera. Evolución.

Días después, 14 años se conmemoraban del fallecimiento de Don José Omar Pastoriza. Muchos sentimientos a flor de piel cada vez que se recuerda a aquel argentino bonachón que alcanzó tantos éxitos en su carrera, lo que hizo rememorar que todo el mérito del cambio que dio la Vinotinto de ser un combinado goleado a uno competitivo en el continente, no solo se debía a aquellos dos de la foto. Pastoriza, un rosarino, había sembrado las semillas del cambio para que el progreso (cuyo concepto aún sigue siendo discutido) fuera posible.

El bombero del atardecer

Su llegada al país fue casi de emergencia. Rafael Esquivel se había propuesto tirar de la chequera para encontrar a alguien que pudiera darle, al menos, ilusión al futbolista y la gente de que las rutilantes goleadas y esa sensación inevitable de comparsa sudamericana, podían cambiar. Y fue un acierto.

Esquivel tuvo que aceptar de entrada una serie de cambios propuestos por Pastoriza. Fue la condición del argentino para sumir las riendas de una selección a la que desconocía. Poco sabía de sus futbolistas, de su campeonato y al llegar, se dio cuenta que la afrenta no era fácil. A sus íntimos aseguró que sería un reto enorme y dijo en tono optimista al coordinador de selecciones, Napoleón Centeno, quien sería su llave en adelante: “No vamos a ganar, pero sí vamos a cambiar esto”, le soltó en el aeropuerto de Río de Janeiro cuando viajaba a Venezuela para hacerse cargo de la dirección técnica de Venezuela.

Lo que dejó Pastoriza puede sonar tan básico como insultante, pero solo un personaje de su estampa y su charretera podía poner el embrión de la semilla para que el cambio positivo se diera a nivel de selecciones. Lo primero con lo que contó fue con el respeto de todos, de directivos y de futbolistas, paso fundamental para iniciar el cambio de chip.

¿Cómo lo logró ante tantos derroteros? Dice “Chuy” Vera, seleccionado en aquellos tiempos que lo que más le impactó de Pastoriza a los futbolistas fue su “trayectoria y su recorrido”. Y no era poca cosa: seis campeonatos de Argentina, tres como futbolista y tres como técnico con Independiente de Avellaneda, dos copas Libertadores (una como jugador y otra como estratega), una Copa Intercontinental como DT, mejor futbolista de Argentina en 1971… Dirigió a grandes de América como Boca Juniors, Racing, Millonarios, Fluminense, Gremio, Bolívar y al español Atlético de Madrid. Ese señor, cuyo nombre hoy es el epónimo del vestuario del Estadio Libertadores de América del Independiente argentino, había dejado de lado su riquísimo pergamino curricular para sentarse en el banco de la cenicienta de Conmebol. Al menos en su mochila traía algo para exigir respeto, a sus jugadores y a los dirigentes.

Las semillas

Su legado fue, decía atrás, tan básico que puede ser insultante, pero es algo real: Venezuela carecía de una idea de juego, de preparación física adecuada, de una propuesta futbolística. En 1998, con el respeto de quienes habían pasado antes por el banquillo, había poco. Lo dijo Oswaldo Vizcarrondo alguna vez en una entrevista para el portal FIFA.com: “Nos enseñó una idea táctica. Algo tan sencillo como saber pararnos en el campo”, aseguró.

Sí, algo tan elemental como eso. Además, según recuerda Leopoldo Jiménez, Pastoriza logró que los futbolistas se convencieran en la filosofía del fútbol que él les impartía y que, su puesta en marcha en el terreno, era el camino para mejorar. “Así nos quitamos el miedo que siempre teníamos cuando enfrentábamos a cualquier rival”, asegura Leo. Sí, cerca del nuevo milenio, el futbolista venezolano sentía miedo al saltar al campo.

Poco a poco fue más allá. “Nos hablaba del orden, de la intensidad. De la importancia de tratar bien la pelota. Ya nos hablaba de la importancia del cumplimiento de cada rol y posición en el campo, de lo cognitivo. Nos hizo entender que teníamos que romper los estereotipos y cambiar obligatoriamente el poco ritmo con el que trabajábamos”, revela “Chuy” Vera. Elementos fundamentales en el fútbol que eran extraños para Venezuela.

Su calidad humana, la cercanía y la confianza que le ofrecía al jugador marcaron el cambio en la forma de vida de sus dirigidos. Era exigente (algunos conflictos surgieron con Edson Tortolero, David McIntosh, Rafael Dudamel y Daniel “Cari Cari” Noriega), pedía disciplina pero con un trato extraordinario, de amabilidad, de respeto. “Nos preguntaba por nuestra familia, nos hablaba de la importancia de preocuparnos por la vida después del fútbol en activo”, recuerda Vera. Un tipo con valores, humano.

Fuera del campo logró que a sus futbolistas se les tratara como lo profesionales que eran: buenos hoteles, traslados aéreos dignos, instauró la relación de premios en divisa extranjera, viáticos acordes a la necesidad. “Resaltó que éramos profesionales y teníamos que demostrarlo siempre dentro y fuera de la cancha. Hizo que nos respetaran frente a los dirigentes y nos dignificó como trabajadores”, recuerda “Leo” Jiménez.

Los resultados en amistosos favorecían al cambio drástico. Se ganó a Perú, Ecuador, Costa Rica, Panamá, se empató con Colombia y Dinamarca. Sin embargo, en las eliminatorias mundialistas, no ocurrió lo mismo. En lo numérico, el desempeño de su selección fue flojo. En noviembre de 2000 la FVF rescindió su contrato y Pastoriza se despedía con una advertencia: “Aún la competitividad del torneo local está muy lejos para ayudar a que el progreso evidente que logramos sea definitivo”.

14 años hace que José Omar Pastoriza dejó sembrada la semilla. 14 años de aquella advertencia que aún se considera una de las causas de la lentitud en el desarrollo competitivo. Honor a quien gestó el verdadero cambio.