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Perreo sobre una urna o la muerte de Venezuela

perreo

Nunca he sido pacata. Me considero de mente abierta y siempre trato de ponerme en el lugar del otro antes de emitir juicio. Aclaro esto para entrar en el tema que hoy me ocupa, el video que lleva –cuando escribo esto- más de dieciséis millones de reproducciones y contando.

“Despiden al Brayan haciendo twerking sobre su urna”, reza el título en uno de los portales que lo publica. Voy a citar el texto que para describirlo colgó en su muro de Facebook mi amiga, la periodista Laura Weffer:

Acabo de ver un video que no voy a colgar acá porque los respeto demasiado y no quiero que les pase como a mi, que más nunca lo voy a poder borrar de mi disco duro.

Se ve a una niña, que quizás lo único que ha conocido en la vida es la sexualización de su ser, haciendo twerking (o meneándose) encima de una urna cerrada que a su vez está encima de dos motos. Al rato se incorpora otra nena haciendo lo mismo. “Bailando” un reguetón que parece durar una eternidad. Todo esto acompañado de gritos, agua y cerveza y aupado por el personaje más deplorable de la escena: una mujer que les da nalgadas a las muchachas, que les sube la mínima falda que llevan puesta, que grita y golpea el ataúd. El paroxismo de la aberración.

Me gustaría pensar que no, que no es en Venezuela; pero se ve a un tipo que pasa con una gorra con el logo de uno de los equipos nacionales y se oye un “guev…” por ahí.

Creo que por hoy me rindo.

No encuentro esperanza, no la veo. Si alguien sabe por dónde está, que por favor me muestre el camino.

Entiendo la desazón de Laura. Entiendo su desesperanza y su rendición. Porque cuando uno ve esas cosas, siente que no hay camino. Que ya se ha visto demasiado (aunque tengo claro que siempre habrá algo que ver que nos llene de dolor) y que por esa ruta, NO ES. No puede ser.

Hay quienes dicen que no se sabe dónde ocurre el video. La placa de una de las motos se parece muchísimo a las que usan las motos aquí. Incluso busqué las placas de motos de otros países hermanos y todas son distintas. Además, está el testimonio de Laura Weffer de la gorra de uno de los participantes y la palabrota típica de la jerga venezolana. Aunque es irrelevante si fue o no fue en nuestro país. Es la subcultura del barrio y la pobreza que arropa a América Latina.

En Venezuela, en los sectores populares, siempre se han bailado a los muertos. Más de una vez me ha agarrado una cola porque delante marcha un cortejo fúnebre donde van bailando la urna. Pero lo que evidencia este video va mucho más allá: muestra una especie de ritual, aceptada y aupada por el grupo. El agua y la cerveza que los asistentes lanzan sobre las jóvenes (la de adelante es casi una niña) aumentan la exposición visual del cuerpo femenino. Si no estuviera (por fortuna) la urna de por medio, me inclinaría a pensar que se trata de un acto de necrofilia, porque esas cuasi niñas están demostrando sus habilidades para el acto sexual.

Lástima que en esos sectores para las jóvenes sea más importante mostrar habilidades para complacer a los hombres que salir adelante con estudios y trabajo. O simplemente, lo que signifique tal vez sea la claudicación ante la aplastante realidad: como no hay forma de salir del círculo vicioso de la pobreza y la ignorancia, tienen que perrear hasta conseguirse un hombre que las mantenga. La eterna historia: las preñan y las dejan. Y ellas se buscan otro, y otro, y otro. Ocho, diez, doce hijos que replicarán las conductas de sus padres (si es que llegan a conocerlos), o de sus padrastros, o de de sus madres. Ninguna, por cierto, digna de imitar, pero es el único modelo que poseen.

Nos llevará siglos salir del hueco donde nos hemos metido. Hemos adaptado las peores costumbres de las descontroladas y malas inmigraciones, ésas que vinieron a depredarnos, a sembrar vicios que nos eran desconocidos, a arrastrarnos en su atraso. No así las sanas costumbres del trabajo duro y honesto de quienes vinieron a construir patria junto a nosotros.

Siento una tristeza que no me cabe en el alma… Casi la puedo tocar. Venezuela está muerta. Lo que tenemos ahora es una pantomima de lo que una vez fuimos y que quizás nunca volveremos a ser…

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