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Policías y militares actúan en todos los niveles del delito en Venezuela

VENEZUELA-CRISIS-NATIONAL ASSEMBLY-SECURITY
30/05/2019
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FOTO: AFP

Lo paradójico de lo que se está viviendo en el país es que la población, en su modelo represivo de seguridad que se le ha impuesto, pide que la policía aplique mano dura contra la delincuencia; pero al mismo tiempo sabe que ésta forma parte de la delincuencia, expresa Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV), en entrevista con El Estímulo.

El director del Observatorio Venezolano de la Violencia, Roberto Briceño León, presentó recientemente un nuevo trabajo de investigación, coordinado desde esta ONG, denominado “Los nuevos rostros de la violencia”, en el que participaron investigadores de todo el país. El exhaustivo diagnóstico explica los altos niveles de criminalidad a los que se ha llegado en Venezuela.

En el estudio se destacan fenómenos sociales pocos comunes en otros países del continente. En Venezuela la acción delictiva presenta múltiples caras, no se detiene en fronteras de edades, sexo u origen; pero más aún, desaparece la línea entre la autoridad formal y el delincuente.

En uno de los testimonios recogidos por los investigadores en una barriada de Caracas una madre del sector popular explica su particular mirada de los “rostros de la delincuencia”:

“Si hay una situación X, por lo menos en el barrio muy cercano a la casa hay una banda de muchachos, esos están entre 15 y 20 años. Se los llevó el Cicpc y uno oye: No, ese dio diez palos (10.000 Bs, unos dos dólares hoy) y no pasó nada; a esos los agarran y al rato están allí otra vez, vendiendo su droga, preparando su droga allí delante de todo el mundo (…) No, no, la policía no protege, la policía en el barrio es un acecho. Hace como tres semanas que ocurrió, este, la policía se metió como a las cuatro de la madrugada y ellos empiezan a tumbar puertas y entrar en las casas y se llevan a los hombres; aparte de eso, cualquier tipo de cosas de valor; eso está ocurriendo, roban que si televisores, que si neveras, que si lavadoras; si es una bodeguita, la misma mercancía que está dentro de la bodega”.

Otro testimonio agrega: “Nadie habla de ese tema porque es muy delicado, por lo general, detrás de la droga siempre hay un militar o un funcionario, y lamentablemente el sistema de seguridad está muy corroído; te pueden mandar a meter preso o te pueden mandar a matar”.

- A partir de medidas represivas como las OLP (siglas de las redadas hechas por policías y miliares en barrios pobres, para atrapar y ejecutar supuestos delincuentes y sospechosos) las policías en Venezuela no solo encabezan ahora las estadísticas de homicidio, sino que son parte del delito común, tal como lo reflejan los testimonios recogidos en el estudio. ¿Cómo llegamos a esa extrema condición?

- Hay motivaciones que influyeron en el lanzamiento de la Operación de Liberación del Pueblo (OLP), una de estas fue el apoyo popular que esperaba el gobierno al ir de esta forma en contra de la delincuencia, frente al desespero por la criminalidad. Había que hacer algo y el Gobierno no hacía nada. Y entonces deciden acabarlos, matar a los delincuentes.

Estas operaciones represivas arrancan antes de las elecciones de la Asamblea Nacional de 2015, cuando el Gobierno se da cuenta que está bajando su aceptación y temían perderla. Entonces lo lanzan como una política de control de la delincuencia que en un momento tuvo simpatía y apoyo, incluso de los sectores populares. Pero cuando se ven los excesos comienza haber un rechazo de esas operaciones. Al no tener ninguna política de seguridad tomaron el camino clásico militar de la mano dura que se aplicó en Centroamérica en algunos momentos y que era la forma más simplista de decir: “los homicidios se acaban cuando se acaben los homicidas”. De una manera muy equivocada porque ese es un recurso que no tiene fin.

Roberto Briceño León, quien ha definido a Venezuela como “el país más violento del mundo”, es toda una reconocida autoridad en la materia. Sociólogo (UCV, 1974), tiene estudios de doctorado en la UCV y post doctorado (universidad de Oxford) en Sociología, ha publicado 22 libros y 180 artículos científicos en varias lenguas. Profesor invitado en la Université Sorbonne-Nouvelle (Sorbona de París), Oxford University, Universidad Autónoma de México y la Fundación Fiocruz, de Río de Janeiro, Brasil. 

- Evidentemente ha fracasado esta política de seguridad. En uno de los estudios que ustedes han hecho se establece que 90% de la población desconfía de las fuerzas de seguridad. Le temen a la policía.

Por eso es que intentan sacar como bandera política que los homicidios han disminuido y que el país es más seguro; pero no es así, en la población fue generando rechazo, especialmente en los sectores populares, porque son los que sufren las acciones de la letalidad policial. Que la gente tema a las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana de Venezuela ¿quiere decir que no lograron el objetivo propuesto?; al contrario, como saben que no pueden ser queridos, buscan entonces ser temidos, siguiendo el viejo consejo de Maquiavelo: “Es más seguro ser temido que amado”.

- ¿Este hábito de matar, extorsionar, agredir, de parte de las policías, es parte de la degradación que ha invadido a todas las instancias del gobierno?

La policía y los cuerpos militares están actuando en todos los niveles del delito del país. No quiere decir con esto que todos los policías y todos los militares son parte de eso. Pero eso sucede desde las alcabalas en las carreteras que las han convertido en asaltantes de camino. Y al final, ¿qué están haciendo esos funcionarios allí?: están robando por hambre, como lo está haciendo otra parte de la población. Los dejan en un puesto, no les entregan la ración de comida para cubrir su jornada y la única manera que esos funcionarios pueden comer es quitárselo a los que llevan carne, queso, etc. Ese es el nivel del hambre, pero eso se extiende a otros niveles, a los delitos en la frontera, el contrabando de gasolina, comida, minerales, personas, extorsión etc. La necesidad y el dejar hacer, ha articulado a todos los cuerpos policiales y militares.

-¿Hay una convivencia explícita entre el delincuente, la banda y el policía?

Cuando uno conversa con estos individuos encuentra que el delincuente sabe que tiene que tener unos recursos para negociar, que los requiere para el momento en que sea detenido. Con ese dinero el delincuente tiene cómo sobornar al policía. El policía es para ellos un competidor por el botín. No es la Ley que está diciéndole “eso no se puede hacer”, sino es otro ladrón más que, por tener autoridad, le va a quitar su botín. Algunos lo que dicen, con rabia: “me vinieron a robar lo que yo me había trabajado”.

- Cuando ocurren allanamientos se observa que no tocan las puertas sino que las tumban. No hay orden judicial, ni presencia de jueces, fiscales o testigos. Destrozan el interior de la vivienda y se roban todo cuanto puedan, incluso la comida. ¿Eso forma parte del dejar hacer?

Eso no solo ocurre con los allanamientos a los políticos. En los barrios, las acciones del FAES cuando van a una vivienda en busca de un individuo y lo matan, hacen exactamente lo mismo. Lo que pareciera es que se ha establecido un permiso para el botín de guerra. Es decir se les permite que roben en esos procedimientos como se les permite que en las alcabalas tomen lo que quieran, porque no tienen otra manera de compensarlos. En otros casos lo que se está permitiendo es que se enriquezcan, que tengan beneficios. Es un aliciente para el comportamiento agresivo y violento o para cumplir tareas sucias; pero obviamente cuando ocurren de una manera generalizada es que ya no hay una autoridad que diga: “eso no se puede hacer”.

- ¿Estas actuaciones de los cuerpos de seguridad son para mantener a las comunidades controladas o son parte del deterioro institucional? Han existido dictaduras férreas en el pasado, pero han tenido control sobre la paz ciudadana.

Desde el gobierno de Hugo Chávez se fue generando esta decisión de no actuar frente al delito y la violencia porque se consideraba que éstas eran un aliado de la revolución y de los revolucionarios. Eso es completamente distinto a lo que han sido otras dictaduras. Cuando Chávez va a la campaña electoral de 1998 la gente decía “este es un militar que va a poner orden en el país, que va a acabar con el delito”. Pero al comenzar a ejercer su gobierno identifica estas cosas que le están pidiendo como propio de los militares de derecha y al no querer ser identificado así decide que no va a reprimirlos ni a perseguirlos. En todo el gobierno de Chávez hubo una decisión de no actuar frente al crimen y la razón de eso es que (el crimen) era un aliado para la revolución.

Cuando se llevó adelante el proceso de reforma policial en donde se presentaron importantes propuestas de especialistas todo se detuvo; igual ocurrió con la Ley de control de armas. Luego anunciaron el plan “A toda Vida” en 2012 y en una alocución de tres horas Chávez lo que hizo fue descalificar a las policías y no a los delincuentes. Luego de su muerte la represión alcanzó altos niveles, no solo en la represión política sino en el sector popular.

Lo que ocurre posteriormente es que el sector militar comienza a tomar medidas tradicionales. Las OLP son un mecanismo absolutamente opuesto a lo que dijo Chávez en los años anteriores. Se fueron a la postura más simple de la represión policial sin control y sin reforzamiento de las normativas. Chávez se encargó de la destrucción institucional con la no acción frente al delito.

- ¿Se puede revertir el hecho de que la policía mate a más personas que los delincuentes?

Una política de seguridad tiene que tener al final como meta pacificar a la sociedad. Cuando se toman medidas violentas no se observa que se esté pacificando a la sociedad, sino al contrario; se ha generado más violencia. Ahora ¿qué es lo que puede estar detrás de todo esto? yo diría que lo mismo que ha estado detrás de todos estos años: el propósito no es la seguridad de las personas, calles o empresas; el propósito es sostenerse en el poder.