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¿Por qué son importantes estas elecciones y qué puede pasar después de ellas? (I)

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Las elecciones parlamentarias que se avecinan son las primeras en 16 años que encontrarán a una población mayoritariamente inconforme y a un gobierno con un margen de recursos e iniciativas políticas limitadas para atender las demandas de la población. El viento no le sopla a Maduro, ni a los chavistas, desde 2014. Es una circunstancia totalmente inédita en la vida venezolana desde 1999.

Sobre este nudo reposan la mayoría de las tensiones cotidianas del momento, y en la actual dinámica es el chavismo la corriente que observa una merma objetiva de poderío y legitimidad social. Hasta este momento, salvo excepciones, ha existido total correspondencia lo que han venido señalando las encuestas y lo que tiene lugar en las urnas. El 6-D ahora espera por su oportunidad.

Lo cierto es que la circunstancia se viene expresando con particular crudeza en los estudios de opinión desde hace más de año y medio. Como las encuestas no resuelven problemas, nadie le ha prestado atención al tema. Si algo ha traído consigo la profundización de la carencias en la población ha sido la consolidación de un nuevo mapa de simpatías e identificación política en Venezuela. La intención de voto de la MUD trae consigo un inercial peso que la coloca largamente sobre los 50 puntos. Su piso natural está en el tradicional 45 por ciento de la última consulta. Su techo tiene posibilidades de crecer en la crisis. En este momento, por mucho que la burocracia informativa del gobierno presione para esconderlo, el 70 por ciento de los venezolanos desconfía de los poderes públicos, tiene una imagen negativa de Maduro y no observa especial simpatía por ninguna figura parlamentaria o extraparlamentaria del PSUV. 4 de los 5 liderazgos fundamentales del país son opositores. Piense el lector cómo han cambiado las cosas en Venezuela respeto a un año tan cercano como 2012.

La importancia de estos comicios no radica, a mi entender, exclusivamente, en la ejecución técnica de los mismos, sin dejar de negar que en este dato reside parte del problema, sino, también, en el conjunto de eventos conexos que la cita pueda traer consigo. Si la circunstancia política que vive el país es la más grave en casi 70 años, lo procedente es que las fuerzas democráticas pulsen el ánimo ciudadano en unas elecciones que son un riesgo pero una oportunidad.

Una victoria amplia de las fuerzas democráticas, ahora que las condiciones para que se materialice están dadas por primera vez, podría colocarnos en enero en medio de un ánimo de cambio consolidado y en expansión, acicateado con el agravamiento de la crisis en los albores de 2016. Si el mandato es todo lo diáfano que se necesita, el ánimo puede contagiarse, y existen mecanismos constitucionales previstos para atender el malestar político. Preservar la paz es fundamental. En Venezuela ya existe una “nueva mayoría”. Lo único que necesitan es que le corran la cortina para poder verse al espejo.

Por supuesto que nos exponemos a que la lectura del descontento no sea tan literal como deseamos, en virtud de las muchas artimañas que el chavismo pone en práctica. El país sabe que esta partida tiene las cartas marcadas, pero también sabe que no queda otra salida. Toda la comunidad internacional ha puesto una fe enorme en que el resultado de la consulta desanude las tensiones, si bien el gobierno persiste sospechosamente en aislarse y encriptarse.

¿Quién puede dudar que nos aceramos al momento más delicado, al punto más álgido, de una crisis política, económica y social , que, por tanto, también es, con toda sus letras, una crisis histórica? Lo que Venezuela se está jugando, y ya lleva un terreno perdido, es nada menos que su viabilidad como nación. Es imposible extraer esta conclusión y que no terminemos pensando en la importancia del voto.