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Rei Kawakubo, ¿La ropa es arte?

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Esta Rara Avis de la moda es la protagonista de la exposición del año que organiza el Instituto del Traje del Museo Metropolitano de Nueva York, aquí 10 claves para tratar de descifrar a la polémica diseñadora japonesa.

Hasta el 4 de septiembre de este año se podrá disfrutar de la exposición Rei Kawakubo/Comme des Garçons: Art of the In-Between, la segunda muestra en la historia del museo neoyorquino que se dedica a un creador de moda vivo, la primera fue la de Yves Saint Laurent en 1983. Los afortunados visitantes podrán ver, muy de cerca, más de 140 piezas de sus colecciones para mujer, algunas con pelucas y tocados diseñados por el estilista francés, Julien D´Ys.

Con esta diseñadora japonesa, de 74 años, no existe término medio. Comme des Garçons es una de esas etiquetas que provoca rechazo inmediato o amor eterno. Su imperio factura anualmente 280 millones de dólares y lo ha hecho en sus propios términos, desafiando las etiquetas de la deconstrucción, el surrealismo y la anti-moda. Comme des Garçons es un manifiesto: “Hay que ser como los niños, como esos inocentes que se acercan al mundo sin miedo, sin máscaras, sin ideas preconcebidas de cómo deben ser las cosas”.1

Rei Kawakubo fundó su firma, Comme des Garçons,  en 1969. Dos años después abrió su primera tienda en Japón y seis más tarde desfiló por primera vez en París, donde hasta la actualidad sigue mostrando sus colecciones.

Su objetivo, desde el principio, fue retar las nociones convencionales de belleza.

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Sus diseños no buscan el éxito comercial evidente ni le interesan las tendencias del llamado street style. Su finalidad es “romper” con la idea de la ropa, confiesa que para diseñar no la estimulan ni el arte ni el cine, no le interesan ni las revistas ni los libros, mucho menos viajar. Su proceso es personal y no tiene que ver necesariamente con la tendencia y lo favorecedor.

 

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Son muchos los diseñadores que siguen su trabajo, Junya Watanabe, por ejemplo, es su discípulo. Helmut Lang y los belgas Martin Margiela y Ann Demeulemeester confiesan la profunda influencia de Kawakubo en su trabajo.

La diseñadora se ha dejado ver en los desfiles de Demma Gvasalia, joven director creativo de la casa francesa Balenciaga y, en los del diseñador ruso Gosha Rubchinskiy.

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Michele Elie, editora de la revista Garage y, una de las mujeres más fotografiadas por su estilo rompedor y sus audaces combinaciones a la hora de vestir es probablemente la persona con más piezas de Comme des Garçons en su clóset.

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En 2002 Kawakubo lanzó la línea PLAY con un logo en forma de corazón diseñado por el ilustrador y diseñador polaco Filip Pagowski. Sus colecciones, de fácil consumo, se pueden encontrar en las tiendas  Colette de París y en Dover Street Market de Londres, Nueva York  y Tokyo.

 

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Otro de sus poderosos recursos de ventas es la línea de perfumes –que comparte con la marca española PUIG-  y que cuenta con un catálogo de más de 75 fragancias. Todas éxitos comerciales, a pesar de no seguir el esquema olfativo habitual.

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Según los organizadores la diseñadora no quiso ver el montaje final de la muestra hasta la noche de la gala de inauguración. Sólo pidió una directriz: “nada de estética por estética, para que algo sea bello no tiene por qué ser bonito”. El resultado fue una museografía simple y luminosa, salas con paredes blancas y las piezas ordenadas desde un punto de vista temático y sin textos que acompañen a los maniquíes.

 

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Anna Wintour, la editora de la revista Vogue estadounidense, fue la gran anfitriona de la gala y, este año, la acompañaron Katy Perry, Pharrell Williams, Gisele Bundchen y su marido, Tom Brady como anfitriones invitados.

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Un año de preparación y miles de horas llevó montar el evento más esperado del mundo de la moda, que según informó la revista Forbes, recauda anualmente alrededor de 10 millones de dólares, nada extraordinario si tomamos en cuenta que cada entrada tiene un valor de 30.000 dólares. Eso sí, pagando o por invitación, cada nombre debe pasar por la aprobación previa de la respetada y temida Wintour.

 

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El catálogo de la exhibición, con imágenes realizadas por los fotógrafos de moda más reconocidos de la industria, fue fotografiado con modelos y no con las piezas en maniquíes como había indicado el museo, con el fin de proteger y conservar los vestidos. Cuando Kawakubo está al mando todo es posible.

 

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“Rei Kawakubo desafía las clasificaciones y los conceptos en sí mismos, su ropa exhibe la arbitrariedad y el “vacío” de las dualidades convencionales”, apuntó Andrew Bolton, curador encargado de la exposición, en un intento no muy efectivo por explicar lo inexplicable.

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