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Réquiem para un modelo chavista agotado

supermercados - colas - escasez - desabastecimiento Miguel Gutiérrez / EFE

El modelo sociopolítico creado por Hugo Chávez ha llegado a un punto crítico, grave: sufre un agotamiento ostensible. Se desintegra con sus espantosas secuelas sobre la sociedad. La economía hace aguas por doquier, por tantos años de demolición de empresas mediante las expropiaciones, los controles, el gasto público desbocado (sobre todo en elecciones) y la pesada y rígida agenda de gastos para mantener el clientelismo nacional e internacional. La sociedad se descompone, sometida a la escasez y al desabastecimiento de productos para alimentarse y medicinas para curarse.

El tejido social se deshace por la inseguridad delirante que nos arrasa. La tasa de criminalidad (más elevada que la de la Guerra Federal -1859-1863- en el orden de los 60.000 fallecidos y aproximándose a la cantidad de muertos en la Guerra de Independencia -262.000 muertos-) ha cambiado el modo de vida ciudadano, que está sometido a la anormalidad del día a día que provoca angustia, desconfianza y miedo, móviles precursores de la irritación y la frustración colectiva.

Venezuela vive un proceso de privación psicosocial que puede terminar provocando una situación sin precedentes.

Las posibilidades de actuación del gobierno son pocas. O se revisa el modelo a fin de evitar un colapso total; o se profundiza el mismo llegando así más rápido al colapso, a la bancarrota, con sus espantosas secuelas sociales sobre los ciudadanos de esta agobiada nación. Lo que sentimos los ciudadanos es que la crisis recrudece, se intensifica, la escasez es mayor cada día, los costos se elevan de una semana para otra. Ello se debe a que Maduro optó por el viejo camino cubano hacia el racionamiento lo que exige un estatismo extremo y mayor autoritarismo.

El plan del gobierno no es revertir esto

Los venezolanos no deben llamarse a engaño. El plan del gobierno no es revertir la situación actual (escasez, desabastecimiento, colas kilométricas y visitas a varios establecimientos para conseguir bienes e inflación desbocada) sino aprovecharla para imponer el modelo en el que creen.

Este es un modelo de producción y consumo regimentado por el Estado; de racionamiento de alimentos, medicinas y demás productos necesarios para la subsistencia vía para el control político total.

El 2015 ha sido peor que el 2014, profundizando la crisis que arrastramos desde el 2013, mostrando algo que ya vimos el año pasado pero con una novedad: las colas se hicieron permanentes, diarias, simultáneas, mucho más grandes, de escala nacional, vigiladas policial y militarmente.

La gente está más inquieta, estupefacta y molesta. Presiente cosas peores, observa que hay poco inventarios en los supermercados; muchas carnicerías están cerradas porque no hay carne; las pescaderías no tienen pescado e igualmente cierran. Hasta el Mac Donald se quedó temporalmente sin sus famosas papitas fritas. En las colas se oyen todo tipo de comentarios. La gente teme que esto haya venido para quedarse. El gobierno “está en combate” inventando cualquier cantidad de excusas para justificar lo injustificable. Buscando un dakazo, algo imposible, pues, no se puede repetir la “originalidad” del 2013.

Lo cierto de todo es que la cosa se puso más “pelúa”. La crisis ya es existencial, de sobrevivencia: es el temor a no conseguir para alimentarse y para curarse; ni se diga para cuidarse y divertirse.

La vida normal ha desaparecido y nos comportamos como si hubiéramos salido de una guerra de verdad, como les pasó a los españoles tras la guerra civil y a los alemanes tras su destrucción en la 2 Guerra Mundial. Y se deben tomar decisiones de envergadura.

En Alemania el ministro Erhard procedió un domingo a liberar los controles de precio y de cambio y, en poco tiempo, se produjo el milagro alemán, desde las ruinas y con 16 mil millones de dólares aportados por los EEUU. La economía se disparó hacia la producción y aquel sufrido país se convirtió en la locomotora de Europa.

En Venezuela, Maduro y su combo, demonizan esta idea mientras el país se hunde cada día más. Esto inevitablemente golpeará en las elecciones del 6D. El 2016 se avizora muy complicado pues podríamos pasar de la escasez al desabastecimiento. No obstante, una victoria opositora podría ser una señal positiva para la economía si se le abre camino al cambio político. El modelo se agotó en lo económico y lo social; sólo falta que se agote en lo electoral.

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