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Roberto Echeto y sus medias de colores

echeto
11/01/2017
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FOTO CORTESÍA: CARLOS MEDINA

Ganador del Premio Transgenérico 2015, promovido por la Fundación para la Cultura Urbana, por su libro de ensayos “Maniobras elementales”. Este licenciado en Letras, por la Universidad Católica Andrés Bello, mantiene decenas de libretas regadas por su casa para dibujar caballos y elefantes con grafito, mientras sus opiniones generan debates y comentarios encontrados -por no decir “reprochables”- por las redes sociales. 

Desde que conozco a Roberto usa medias de múltiples colores. Con el mismo estilo de zapatos Converse, una de sus firmas de presentación son los pequeños pedazos de tela que usamos para cubrir nuestros pies. Vinotinto, rojas, de recuadros, geométricas y hasta con personajes de dibujos animados, Roberto se sienta y envía al público una personalidad deferente. Una cortesía que alguna veces contrasta con la contundencia de sus opiniones personales. En especial cuando se trata de política o literatura.

“Maniobras elementales”, su reciente libro, podría irse por la definición que todos dan: “artículos o declaraciones que buscan una lectura libre y critica”. Sí, no hay duda. Sin embargo, Echeto es zorro viejo -no tanto por las canas o por el trabajo que le dan sus dos hijos-, y entrelazado entre las frases y los párrafos de su obra, hay una dinámica que nos pide que deslastremos el pasado y nos pongamos los patines ante nuestra realidad. También, están los gustos de una persona que puede ser considerado un “odiador” -hater en inglés- y pragmático ante lo que siente que será el futuro. Y las consecuencias de nuestros actos, que padecen los que vivimos este planeta.

“Los que se fueron (o se van) tienen otro planeta y otro pasaporte; se van (o se fueron) porque sienten que allá sus sueños y sus arcas no corren peligro. Los que se quedan tienen un solo planeta, un solo pasaporte y sueños a los que cuesta defender” (Echeto)

Música, ciudades, objetos extraños y listas -muchas listas- comprenden el universo de unas maniobras que se plasman en 227 páginas. Una de las obras más personales de Echeto que anteriormente se debatía entre malandros que secuestran con su novela “No habrá final”, y muchos cuentos -líquidos, galantes y mecánicos- que nos presentan a personajes con escopetas debajo de sus almohadas y guiones de radio que no tienen fecha de caducidad.

“Lo dicho: hay días en que crees que no sabes sobre qué escribir, pero recordar a los grandes siempre salva” (Echeto)

Son las respuestas de un escritor que muchas veces no se define así y puede caer muy mal. Sí, la simpatía es una cuestión de gustos y si hay algo que define a la obra de Echeto, en especial la reciente, es la preservación de la animadversión -por muy redundante que suene-, ante las estupideces del humano. Característica que traspasa el papel y se plasma en sus clases en el Centro de Actualización Profesional de la Ucab y en las conversaciones con los amigos. Donde pide coherencia y tranquilidad ante la debacle que padece Venezuela.

“La tierra sin anécdotas a la que nos arrastra la música está lejos de ser un desierto. Sólo hay que oír con atención y dejarse llevar” (Echeto)

“Maniobras elementales” posee un capítulo que habla de la música. Sus imágenes y sensaciones. Puede tornarse algo repetitivo -mono temático si lo prefieren- pero Echeto trata de rescatarlo con las evocaciones de su adolescencia. De cómo sus papás escuchaban discos que él no disfrutaba y de sus alegrías al tratar de dormir a sus pequeños con melodías de jazz. Además, están los recuentos de una sociedad que ha decidido emigrar, y cómo las advertencias estaban a la vista de todos. Sin dejar de analizar porque los árboles son tan importantes y los ascensores máquinas de tortura -o creatividad-.

“La búsqueda de pequeñas o grandes revelaciones (entre ellas la belleza) a través de los instrumentos que nos acompañan cada día. Ésa parece ser la chispa secreta que ha movido (y mueve) toda esta historia”. (Echeto)

Si usted desea conocer cuáles son los libros que él lee, o la música que más escucha, pues acérquese y pregúntele. Aquí tenemos fragmentos y respuestas de un creador de imágenes. De esos que empiezan a salir de sus catacumbas en Venezuela. De un escribidor -hermosa palabra- que de a momentos podrá parecer frustrado, o con una carcasa de bicho raro. De esa generación que se atreve a describir lo que padece en hojas en blanco -perdón por el lugar común-, y poco a poco le dice a los que crecen en lo apocalíptico que pintar, escribir, escuchar música y soñar está muy bien.

Mientras no perdamos las ganas, y el sentido, que nos lleva a tener clase usando medias de colores.