Newsletter

Recibe nuestro Newsletter con lo mejor de El Estímulo en tu inbox a primera hora cada día.

SÍGUENOS

Roberto Patiño, un joven que alimenta la solidaridad

Roberto Patiño_04102016_02_DCB
09/10/2016
|
FOTOS: DAGNE COBO BUSCHBECK

Es otro de los jóvenes de la generación de 2007 que ha decidido apostar por el futuro del país. Roberto Patiño tiene 28 años. Estudió Ingeniería de Producción en la Universidad Simón Bolívar donde fue presidente de la Federación del Centro de Estudiantes. Más tarde, hizo una maestría de Políticas Públicas en Harvard, especializándose en Seguridad Ciudadana. 

Su activismo político comenzó en la organización Voto Joven. Actualmente lleva adelante una fundación llamada Caracas Mi Convive que busca reducir la violencia con actividades culturales, y en paralelo, desarrolla un programa para combatir la crisis alimentaria llamado Alimenta la Solidaridad. Lo entrevistamos en El Estímulo para conocer más acerca de esa iniciativa.

–¿Qué es Alimenta la Solidaridad?
–Es un programa que nace de la situación crítica que se está viviendo en Venezuela con el tema de alimentación, en particular en los sectores populares de Caracas y, en específico, con los niños. En nuestras actividades comunitarias nos empezamos a conseguir con muchos chamos que nos pedían comida. Decidimos empezar los sancochos comunitarios que eran iniciativas para los fines de semana, luego la comunidad comenzó a contribuir y preparábamos una sopa de la que comían unas 150 personas.

Se abría un espacio también para la conversación y el diálogo. Empezamos a escuchar muchas historias de padres y maestros que nos contaban cómo los niños se estaban desmayando de hambre en las escuelas y la gran preocupación que había porque se asomaban las vacaciones.

–¿Por qué eran las vacaciones una preocupación?
–Las escuelas, a pesar de que cada vez es de forma más precaria, son los sitios donde los niños reciben alimentación. Entonces decidimos arrancar construyendo una relación con una escuela en Los Telares en Ruiz Pineda (Caricuao). Teníamos planificado un sancocho para 500 niños como actividad de cierre de curso, y unos días antes salió un reportaje en El Estímulo donde se narraba cómo los niños estaban pasando hambre.

Eso hizo que para nuestro sancocho siguiente, se aparecieran otros medios como CNN y Radio Caracol. Esas imágenes y entrevistas generaron una reacción muy agresiva por parte del Gobierno, en contra de la institución, del programa, de la directora, y en contra de mí.

–¿Te amenazaron?
–Sí, en el programa Zurda Konducta y en el de Mario Silva. Entonces decidimos, debido a las amenazas que comenzó a sufrir el colegio, mudar el programa al sector Las Casitas de la parroquia La Vega, donde también teníamos apoyo de otra escuela. Allí nos arriesgamos con un programa de alimentación que ya no era solo para los fines de semana sino de lunes a viernes.

Hicimos una primera reunión preparatoria con las madres. Fue muy conmovedora porque muchas se emocionaban, lloraban por lo que están viviendo. Escuchamos a madres relatar cómo le tienen que decir a sus hijos que no tienen qué darles de comer. Hay que tomar en cuenta que en nuestros sectores populares las madres siempre decían con orgullo “a mi hijo nunca le faltó un plato en la mesa” y el hecho de que eso esté sucediendo ahorita por la imposición de un modelo por parte de un grupito, es realmente inaceptable.

Entonces decidimos organizarnos y nos planteamos una primera meta para dar de comer a 50 niños en la escuela de Las Casitas y empezamos a articularlo con las madres, con la gente que trabajaba en la cantina, y así tocamos puertas buscando donaciones.

–¿Quiénes son esos donadores?

–Hay gente tanto del mercado de Coche como del de Chacao. Dueños de kisocos, vecinos de los sectores populares, también gente de clase media y alta.

–¿Entonces las donaciones no solo provienen de gente de clase alta?
–No, no. Es que no se necesita tener dinero para formar parte de esto. Cada plato cuesta alrededor de 500 bolívares, entonces para becar a un niño por las vacaciones –dos meses-, tenías que pagar 20 mil bolívares.

Empezamos con 50 niños, al día siguiente ya habían 60, y así hasta llegar a 150. Para la primera semana ya teníamos 100 niños en Las Casitas, llegamos a tener 150. Entonces viendo esto, decidimos arriesgarnos con una segunda iniciativa en Las Mayas. Ahí la meta inicial eran 50 chamos y el proceso fue igual, se incrementó hasta el doble. Sumando los de Las Casitas (La Vega) y la escuela en Las Mayas (Carapita) ya contábamos con 250 niños.

Lo de Las Mayas se dio gracias a personas como Alba, una líder comunitaria, docente de un preescolar en Mamera quien se puso a llorar de manera muy emotiva durante una reunión conmigo porque decía que de 30 niños que solía educar, estaba recibiendo a tan solo 5 porque habían dejado de ir por hambre. Le planteamos que tratáramos de hacer una iniciativa comunitaria en su sector.

–¿De qué trató?
–Ella junto a otra persona consiguió una casa, la de su papá, y ahí arrancamos la primera iniciativa 100% comunitaria. La comunidad se movilizó. Conseguimos varias madres voluntarias. Ellas mismas cocinaban y buscaban los alimentos donde les decíamos que teníamos el apoyo. Llevaban un control muy estricto de los niños que iban. Esto fue también creciendo. Arrancó con 50 pequeños y llegamos a atender hasta 106 niños en Carapita.

–Además de Las Mayas yCarapita, ¿dónde se dio la iniciativa comunitaria?
–En el sector La Pila de Los Mecedores (La Pastora) y en el sector San Miguel de La Cota 905 (parroquia Santa Rosalía). La experiencia es la misma. La comunidad se apropia del programa y se hace responsable. En el caso de Los Mecedores, la bodega y la panadería del sector se acercaron y dieron donaciones. No todos eran proveedores de esas otras zonas sino del propio sector.

–¿Cuándo comenzó el programa?
–A principios de agosto y lo alargamos hasta el viernes 16 de septiembre.

–¿Siente que funcionó el programa?
–Los objetivos eran dos. Por un lado, resolver en conjunto con la comunidad una emergencia que es la situación alimentaria de nuestros niños y, por otro lado, generar una oportunidad de empoderamiento. Esto pasa porque las madres se hacen responsables, porque rompemos barreras y prejuicios con personas de otros sectores de la ciudad, con los que siempre nos han querido vender que estamos enfrentados. Y a los niños se les buscó sembrar el mensaje de la solidaridad y responsabilidad. Ellos tenían que llevar sus platos y vasos lavados cada día.

Roberto Patiño_04102016_05_DCB

–El hambre continúa, ¿qué harán ahora esas personas?
–Nosotros no creamos una falsa expectativa. Íbamos semana a semana anunciando la extensión del programa en función del apoyo que íbamos consiguiendo, pero sí habíamos dejado claro que esta primera etapa era por el período de vacaciones. Notamos una ansiedad por parte de las madres durante las últimas dos semanas. Nos preguntaban y ahora qué va a pasar. Ahora viene el programa del período escolar, estamos haciendo un registro más exhaustivo y detallado de los niños y de sus familias. Estamos enfocando el programa donde es más necesario.

–¿Entonces lo van a continuar?
–Sí, en cinco puntos: Los Mecedores (La Pastora), Las Mayas (Coche), Carapita (Antímano), Cota 905 (Santa Rosalía), Las Casitas (La Vega). La idea es poder mantener a unos 500 niños por un tiempo prolongado. Mientras podamos y dure la crisis. En caso de que vayamos a crecer, es probable que nos acerquemos a nuevas comunidades.

–¿A qué hora se hará el programa con los niños en clases?
–Vamos a dos turnos. Uno como a las 11:00 am, para los niños que estudian hacia la tarde y otro entre 1:00 y 2:00 pm para los que estudian en las mañanas.

–¿Cuándo arrancará?
–El lunes 3 de octubre arrancó. El mensaje es que la solidaridad es siempre de dos vías. Diferenciamos este programa de solidaridad con uno de caridad. Esto no es un programa de caridad. Aquí no hay actores pasivos. En este programa todos tenemos una responsabilidad. Todos tenemos que poner algo. Hemos conseguido gran parte de los insumos y alimentos gracias al apoyo de mucha gente que se ha hecho corresponsable de esta situación, también han participado las madres que cocinan y las instituciones que nos han brindado apoyo, espacios y organización.

–¿Qué le diría a la gente que le dice que esto es hacer populismo?
–Primero, que lo estamos haciendo con un sentido social. No estamos pidiéndole a nadie una postura política. No le hacemos preguntas de política, ni le planteamos a nadie temas de políticas partidistas. Planteamos asuntos de organización comunitaria que sí creemos, pueden tener incidencia en la política.

–Pero perteneces a un partido.
–Yo pertenezco a un partido pero hay mucha gente de la organización que no.

–Igual se puede considerar que estás creando bases para una futura candidatura.
–Nosotros estamos creando un programa que trasciende al programa de alimentación. No es ningún secreto que yo hago trabajo social y político. Pero insisto en que parte de lo que queremos posicionar es que el trabajo social y de la comunidad no debe tener una distinción partidista, como lo ha hecho el Gobierno con sus Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap). Hacemos esto de manera muy amplia y con instituciones que no tienen nada que ver con política.

–Observo que está trabajando en sectores del oeste de la ciudad ¿Considera que esto son espacios abandonados por la política?
–Estos sectores están en total abandono por las instituciones. Las madres dicen que ahí nadie se mete a hacer ese tipo de trabajo sino tan solo en época de elecciones. Ellas han creído en la iniciativa porque hemos demostrado que no estamos ahí para un corto plazo. Son sectores gestionados por el chavismo.