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Se nos acabó la Constitución

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19/04/2017
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TEXTO: GUSTAVO LUIS VELÁSQUEZ B.

Desde los primeros años del actual régimen y con la promulgación de la Constitución de 1999, las fuerzas democráticas se han apegado estrictamente a su texto, y ha hecho uso de los todos los recursos electorales y legales previstos en ella, para avanzar en su tarea por rescatar el orden democrático en Venezuela. Lo ha hecho al extremo que en muchas ocasiones pierden el sentido político de su papel ante la sociedad.

Sin embargo el régimen ha torcido de todas las formas posibles todos los recursos que garantiza la Constitución, para impedir su uso. No solo eso, sino que ha utilizado de manera incorrecta temas como las inhabilitaciones administrativas para impedir la participación electoral de los líderes políticos opuestos al gobierno.

Esta recurrente actitud del régimen de atropello a la Constitución y a la oposición, generó en los círculos políticos una discusión, sobre si este régimen se trababa de una dictadura o no, como si Venezuela no tuviera bastante experiencia en los regímenes militares. Muchas fueron las voces que buscaron términos acuñados por la academia extranjera, para denominar el actual sistema como “democracia iliberal”, expresión acuñada por Faredd Zakaria, o como un “autoritarismo competitivo”, según Levitzky y Way, modelos donde el régimen apenas permite las elecciones controladas y hace uso de la fuerza para someter la voluntad popular.

Si bien esos estudios de otras realidades pueden ser muy interesantes y útiles, en nuestra opinión terminan siendo eufemismos, para llegar a la conclusión de que no importa cómo se les llame ni cuál es el grado de flexibilidad que permite, no se le puede llamar democracia a un régimen que domina todos los poderes y que usa la impunidad, la corrupción y la fuerza militar para mantenerse en el poder, lo cual en lenguaje común suele llamarse dictadura, a la que tal vez se le pueda agregar otros calificativos, lo cual no cambia su esencia.

El desconocimiento de nuestra historia política y el afán por buscar en otras latitudes respuestas a nuestros problemas, tal vez sea uno de los problemas en algunos miembros de nuestra actual dirigencia, desde los jóvenes políticos hasta prominentes empresarios. Basta con leer un poco de nuestra historia política, para entender que aún cuando somos en esencia un pueblo libertario y demócrata, siempre acechan quienes gustan ejercer de manera autoritaria el poder, sin regla ni ley. Por eso es que hemos tenido tantas constituciones, porque cuando el gobernante de turno se negaba a acatarla o a dejar el poder, era la vía de la fuerza la manera de desalojarlo, y tras él venía un nuevo caudillo con una nueva Constitución.

Lograr la democracia costó vidas, sacrificio y tiempo, conservarla fue el producto de entender lo frágil que era, lo difícil que fue conseguirla y de la conciencia de estar unidos en torno al ideal democrático como única fórmula de convivencia que permite el progreso de la sociedad. A pesar de eso, la división de las clases dirigentes a finales de los años 90 y el olvido de lo que significaban los regímenes militares, le abrió las puertas nuevamente a lo que evidentemente sería un gobierno de corte militarista y antidemocrático; como dice la famosa frase: “quien no conoce su historia está condenado a repetirla”.

Pero no todo es negativo en la evolución de nuestra sociedad, los venezolanos hemos transitado con actitud cívica y democrática, todos lo recursos constitucionales y ciudadanos, marchas, protestas, concentraciones, firmazos, proyectos de enmienda, referéndums, cacerolazos, abandono del cargo, demandas de nulidad, manifiestos y proclamas apelando en todos ellos a diferentes artículos de la constitución, pero como decía hace poco la Dra. Blanca Rosa Mármol, ya prácticamente se nos acabaron los artículos de la constitución y pareciera que nos tocará apelar a los últimos que nos quedan por activar y que curiosamente son novedades constitucionales que esta nueva carta magna trajo; ellos son los artículos 333, 347 y 350, y tendremos que utilizarlos, pues a riesgo de equivocarnos, las previsiones históricas nos dicen muy claramente que no tendremos elecciones regionales y mucho menos presidenciales, algo inventará el régimen para justificarlo.

La combinación de los anteriores artículos nos dice que a pesar de las violaciones recurrentes que la constitución hace este régimen, ella sigue vigente y que debemos desconocer el régimen que la viole, y que en vista de que el poder originario reside en el pueblo, podremos convocar a una Asamblea Constituyente para transformar el Estado y establecer un nuevo régimen que recupere el hilo democrático. Obviamente que no es fácil, no hay solución fácil para salir de esta crisis y no podemos dejar más nadie la resuelva, se requiere de coraje y convicción democrática, pues se trata de nuestro espacio vital, del que jamás nos podremos deshacer.

Ojalá que quienes detentan el poder, vean más allá de sus intereses particulares, y entiendan que los tiempos cambian, que nada es para siempre, que los cambios son necesarios y los exige el pueblo; ojalá y los hagamos por la vía constitucional antes de que se nos acabe la constitución.

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