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Ser Alfredo, Chacón al Decir

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El poeta Alfredo Chacón posee el oído más joven de la literatura y poesía que ocurre en Venezuela. No sólo es uno de nuestros poetas y ensayistas mayores, sino también uno de nuestros más hambrientos y pacientes lectores. Visitar su hogar es presenciar la biblioteca más completa en poesía venezolana. Y con ésta compite la de su pasión por la música. Nos sentimos intimidados cuando presenciamos los bienes que han alimentado y custodiado su alma. El temor sagrado, ese anuncio de la admiración, impone su autoridad cuando leemos su poesía y los intentos de decir, para ser, de su pensamiento.

Tengo en mis manos Ser al decir —Caracas: Oscar Todtmann Editores, 2014—, el matrimonio de la pasión destilada y el criterio de un ojo ilustrado. Un libro cuyas preguntas obligan a revisar qué balbuceamos cuando decimos “Somos”. E inmediatamente intuimos la potencia del instante en nuestra experiencia y cómo nuestra vida fue configurándose con lo inadvertido. Y eso silencioso, subterráneo y religante ejerce su imperio en el lenguaje que nos figura, configura, transfigura y desfigura. Chacón nos dona sus vocaciones, gustos educados, distancias emocionales, acercamientos afectivos y lugares de revelaciones.

Ser al decir siempre se lo agradeceremos. Es la columna de su verdad de vida lo que encontramos en sus páginas. La sintaxis de una preferencia espiritual e intelectual exigente. Un poeta cuyo pensamiento sobre el poema como acontecimiento es el más elaborado y complejo, en esta tierra de pensamiento muerto. Lo mostrado en esta obra obliga a los siervos del poema a leer pacientemente la opinión vibrátil del maestro sobre las leyes visibles e invisibles que gobiernan al poema.

José Lezama Lima, Octavio Paz, Ida Gramcko, Tomás Segovia, Haroldo de Campos, Rafael Cadenas y Alfredo Silva Estrada son excusas que le permiten a Chacón decir cómo se fue haciendo a través de la atención reflexiva; cómo fue topándose con las coincidencias que le permiten a todo escritor sentirse “Ser” de una comunidad, de una tradición, de un país. Decir desde el delicado y educado pensamiento del sentimiento es llenar de sentidos reales el verso que pretende despertar poema. Esa es su lección. El poema como un bien cultural que aglutina la historia afectiva, verbal y aspiracional de una nación. La poesía como la obra testimonio de nuestros deseos vivos o muertos. Lo que somos, a pesar de no decir nada. Lo que decimos, sin saber lo que vamos siendo.