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¿Será Bertucci el caballo de Troya?

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14/05/2018
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FOTOGRAFÍA: FELIPE ROTJES

Estamos en los días finales de la campaña electoral más atípica en los últimos 60 años en Venezuela. Si bien el resultado luce cantado para unos, posiblemente estemos en presencia de estrategias políticas más hilvanadas que el fraude abierto en las urnas el 20 de mayo

Cuando arrancó la carrera presidencial, hace un par de meses, la candidatura de Javier Bertucci apuntaba a ser la anécdota casi que pintoresca de esta campaña. En varios grupos de expertos y analistas, en aquel momento, al sondearles sobre las posibilidades de Bertucci sonreían y recordaban que en Venezuela no hay un voto movilizado por la religión. Yo mismo no la tomé en serio.

En esos días iniciales de la campaña, por otro lado, se acusaba de forma furibunda a Henri Falcón de ser una suerte de caballo de Troya. Se le señalaba de ser un chavista infiltrado para terminar de destruir a la oposición, que le hacía el juego al gobierno, etcétera. A Falcón no le conozco en persona, y como dije en aquel momento, más que venderse (como se decía) creo que su apuesta electoral tenía y tiene que ver con crear un nuevo centro político.

En un país cuyos ciudadanos comulgan con el voto, la apuesta de Falcón de acudir a unas elecciones (aun enfrentando un abierto ventajismo del régimen) constituía una acción política de alguien que quiere llenar el vacío dejado por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Desconozco que hará Falcón el día después de las elecciones, pero para mí es claro que aún perdiendo puede ganar políticamente, dado el vaciamiento de liderazgo que vive Venezuela. Ya el tiempo dirá si Falcón se equivocó o no.

También, por cierto, habrá que evaluar si la estrategia de abstenerse en las elecciones, debido a que no existían garantías electorales, ha sido la decisión políticamente correcta. O si, al contrario, debió movilizarse a la gente (a esa mayoría descontenta) participando en las elecciones para exigir precisamente garantías electorales.

No sólo se podía acudir a las urnas con la estrategia de ganar la votación, sino de convertir el evento electoral en el centro de una puja política nacional e internacionalmente. Llamar a la abstención, lamentablemente, terminó siendo la respuesta de un liderazgo sin estrategia de cómo hacer frente al régimen de Maduro.

Justamente mientras escribo estas líneas viene a tocar la puerta de mi casa una vecina, de esas que la mueven políticamente en la comunidad en la que vivo. Me pregunta: ¿y qué vamos a hacer después del 20? La respuesta, por ahora, no existe. Yo al menos desconozco si los sectores opositores tienen ya planificadas acciones políticas posteriores al 20 de mayo.

Si efectivamente va a votar la mitad de los electores, como apuntan diversas encuestas y estudios de opinión pública, tendremos lo peor de las dos estrategias. La abstención no habrá sido tan alta y la votación tampoco. Esa participación intermedia le genera el escenario óptimo para el régimen: la reelección de Nicolás Maduro.

Falcón no termina de capitalizar el voto descontento (ni dentro ni fuera del chavismo) y Bertucci, según la encuestas, parece pisarle los talones. El candidato evangélico, por cierto, en algún momento deberá explicar de dónde surgió tanta riqueza personal en estos años gobernados por el chavismo, dado que no tiene un historial familiar de riqueza o fortuna.

Bertucci si logra captar más del 10 por ciento de votos no sólo sería un fenómeno electoral, sino que en la práctica dividirá el voto opositor. Si esto ocurre, entonces Bertucci será en esta contienda el verdadero caballo de Troya, aquella artimaña usada por los griegos para penetrar en territorio troyano y vencerles por sorpresa.