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Sin margen de maniobra Maduro busca alianzas al otro lado del mundo

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10/10/2017
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TEXTO: MANUEL TOVAR @MENTETRANSFUGA

El dirigente ha buscado asociaciones con mandatarios de dudosa reputación que, en su estilo de gobernar, se asemejan más a dictadores militares del siglo XX que a estadistas de nuestros tiempos

Con bajos niveles de popularidad, sin aliados de valía y sin ingresos, Nicolás Maduro busca recomponer los pocos apoyos internacionales que le quedan.

El gobernante venezolano está entre los autócratas con los que presidentes y primeros ministros de los gobiernos liberales y democráticos del mundo no se quieren retratar. Ha sido sancionado por Estados Unidos y Canadá junto a muchos de sus ministros, funcionarios y jerarcas en cuerpos castrenses por violaciones a la democracia y los derechos humanos, además Washington limitó la entrada a sus familiares por no colaborar en la lucha contra la trata de personas.

Maduro también sufrió un flagrante fracaso en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, a la que no se atrevió a ir asediado por los problemas de Venezuela y desprestigiado internacionalmente, tras 3 meses de protestas en las que la represión asesinó a más de 120 personas. Su canciller Jorge Arreaza, un personaje poco carismático, habló ante una sala vacía en la jornada de clausura y no logró mayor cosa en la cita. Allí el gobierno venezolano consiguió el apoyo retórico de un país que también está en la mira, aunque en este caso por su controversial programa nuclear, Corea del Norte.

Arreaza tampoco tuvo éxito ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU donde afirmó tener el apoyo de 63 países del Movimiento de Países No Alineados pero es evidente que la iniciativa, inspirada por el gobierno de Venezuela que detenta la presidencia de la organización, no es unánime pues el grupo está conformado por 120 naciones y 15 observadores.

En América Latina nadie ha querido acercarse al gobernante. Por el contrario 12 cancillerías de la región han reclamado en varias ocasiones el respeto de los derechos de los venezolanos y condenado los abusos del régimen socialista de Maduro contra los ciudadanos. El “Grupo de Lima” también ha solicitado imparcialidad para las elecciones del 15 de octubre y se reunirán en Canadá en noviembre para seguir dándole seguimiento a las crisis del país.

Mientras tanto a Maduro se le cierra el cerco en el continente. El único apoyo duro en Suramérica es Bolivia, donde Evo Morales también intenta eternizarse en el poder. Ecuador se ha desmarcado paulatinamente. En Centroamérica cuenta con el respaldo de Nicaragua y El Salvador, Cuba y las pequeñas islas del Caribe (todos gobiernos donde los gobernantes tienen mínimo dos mandatos al frente del país) beneficiadas por el programa Petrocaribe, países que aún cuentan para frenar los castigos de la Organización de Estados Americanos, pero no representan ningún beneficio económico al tambaleante régimen Maduro. Ante este panorama el jefe de Estado se ve en la necesidad de reconstruir su sistema de alianzas y su imagen, eso incluso buscando apoyos en socios no naturales para Venezuela, un país occidental y predominantemente cristiano.

“Lamentablemente al gobierno venezolano le queda muy poco margen de maniobra, cada vez explora posibilidades con países que hay que ver un mapamundi para saber dónde quedan, está cada vez más aislado del mundo occidental, y alejado de aquellas naciones con valores compartidos. Muy pocos países quieren retratarse con él”, afirmó el internacionalista Juan Francisco Contreras.

16 días después de las controversiales elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, que debilitaron aún más la imagen de Maduro, el mandatario decidió ir a Cuba a buscar consejo en la figura que siempre ha servido de guía para el proyecto chavista, el único régimen cercano y “aliado” natural que le puede dar luces para mantener una dictadura comunista por generaciones.

Posteriormente el mandatario hizo un viaje a Kazajistán para la cumbre el 9 de septiembre en la que “discutió los precios del petróleo” con sus pares. En ese encuentro se reunió con Nursultán Nazarbayév el presidente del país desde 1991 cuando se separaron de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Con 26 años en el poder Nazarbayév es jefe de Estado, comandante en jefe de las fuerzas armadas y tiene poder de veto absoluto sobre el Parlamento, además de ser electo con más de 90% de los votos, algo bastante inusual al menos en las democracias occidentales.

Durante ese viaje hizo también una parada inesperada en Argelia para participar en la Cumbre de Ciencias y Tecnología de la Organización de Cooperación Islámica. Maduro expresó su deseo de entrar en este grupo: “Venezuela va ingresar a la Organización Islámica de Cooperación de 57 países de los más poderosos del mundo, de los más emergentes del siglo XXI (…) va ingresar en calidad de observador”, dijo.

El movimiento es inusual por no llamarlo descabellado, pues en la organización casi todos los países son de herencia islámica y que comparten esos valores, Maduro pareciera intentar extraer a Venezuela de su contexto geopolítico y acercarlo a un contexto ajeno, como el Medio Oriente o Asia Central. Sin embargo, entre los objetivos de la organización también están el apoyo a la causa palestina y la lucha contra el antiimperialismo, algo que sí está incluido en la retórica del mandatario.

Consultado al respecto Contreras aseguró: “Es imposible que se desoccidentalice al país, no se puede romper la historia, todos las veces que se ha intentado cambiar la cultura y la religión, las tradiciones permanecen. La gente vuelve a sus raíces y a su cultura. Cuando los soviéticos intentaron que los kazajos dejaran sus religiones, cada quien volvió a sus raíces, al Islam y al Cristianismo Ortodoxo y lo mismo que pasa en el caso de Cuba con el Catolicismo”.

En la misma gira Maduro fue Argelia pero allí no fue recibido –ninguna de las dos veces- por el presidente Adelaziz Bouteflika, sino por el presidente de la Asamblea Nacional Popular, Said Bouhadja.

Luego volvió a ir a Cuba el 22 de septiembre “para entregar donativos a los afectados por el huracán María”, pero una vez más tuvo audiencia con Raúl Castro.

Dime con quién andas…

La gira de octubre de Maduro es la que más llama la atención. Visitó Rusia, Turquía y Bielorrusia, en un viaje que expertos califican como pobre y descolocado. El dirigente lo hizo previo a las elecciones de gobernadores del 15 de octubre que debieron realizarse en 2016.

El internacionalista Edmundo González Urrutia consideró que la gira, lejos de contribuir al prestigio del país y a recuperar la imagen de Maduro, aporta muy poco. “Acompañarse y retratarse con figuras como Recep Tayyip Erdogan, gobernante de Turquía, y Alexander Lukashenko, de Bielorrusia, llamado ‘el último dictador de Europa’, además de Vladimir Putin, presidente de Rusia, es muy poco lo que brinda geopolíticamente. En lugar de darle valor a Maduro lo desacredita. Es claro que si no puede reunirse con Mariano Rajoy, Emmanuel Macron y Ángela Merkel va con dirigentes cuestionados con pocas credenciales democráticas”.

Lukashenko, tiene en el poder desde 1994, Erdogan desde 2004 y Putin desde 2000 con el hiato del gobierno de Dmitri Medvedev (2008-2012), en el que fue él poder en la sombra. Los tres dirigentes tienen en común el maltrato a la oposición, bien sea mediante represión, purgas e incluso asesinatos de líderes políticos, con la excusa de fortalecer los intereses nacionales para afincar su proyecto.

Contreras criticó que en esta última gira a Turquía, Bielorrusia y Rusia, Maduro busque la cercanía con países que se asemejan más a las dictaduras del siglo XX. “Es muy lamentable para nuestro país en estos momentos de tanta crisis política, económica, social y moral. Maduro entiende que estamos en una suerte de Guerra Fría cuando no es cierto, y Rusia no va a hacer lo mismo que hizo con Cuba en la guerra fría”.

La esperanza del mandatario recae en el papel clave de Rusia y China como ocupantes de un asiento en el Consejo de Seguridad y potencias mundiales, sin embargo los expertos coincidieron en que Putin recibió a Maduro para garantizar que el dinero que Venezuela le adeuda será pagado. China es aún mucho más pragmática y no hay razón ideológica que los vincule.

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