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Soñando con la luna: dos milenios de viajes espaciales

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20/07/2019
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FOTOGRAFÍA: BRAIN KNOWS BETTER

La llegada del hombre a la luna en 1969 fue la culminación de un largo sueño que obsesionó a la humanidad durante siglos y que se reflejó en la literatura y el cine.

Este 2019 se cumplen cincuenta años de aquel mítico 21 de julio de 1969, cuando el astronauta estadounidense Neil Armstrong puso por primera vez el pie sobre el suelo de la luna. Tal hazaña supuso uno de los máximos logros del genio humano.

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Pero mucho antes de llegar a la luna mediante la tecnología, la humanidad la alcanzó gracias la imaginación. Durante 2.000 años nuestro satélite obsesionó a escritores, artistas y científicos, quienes lo convirtieron en símbolo de lo inalcanzable y reflejo de sus propios vicios, sueños y anhelos.

Todos estos sentimientos se tradujeron en infinidad de manifestaciones literarias y posteriormente también cinematográficas. En las próximas líneas echaremos un vistazo a algunas de las ficciones más importantes sobre viajes a la luna realizadas antes de que Armstrong diera su pequeño gran paso para la humanidad en 1969.

“Historia verdadera” (siglo II)

Nacido en la actual Turquía en el siglo II después de Cristo, Luciano de Samósata fue uno de los más implacables críticos de los vicios humanos, a los que satirizó en no menos de setenta tratados retóricos, diálogos y narraciones. Entre estas últimas destaca “Historia verdadera”, el primer relato conocido de un viaje al espacio y para algunos también la piedra fundacional del género mucho más tarde conocido como ciencia ficción.

Luciano concibió la narración como una burla a las exageraciones de ciertos historiadores de su tiempo. Allí se narra en primera persona como un barco y sus tripulantes son alzados al aire por una tempestad y llevados a la luna tras un viaje de ocho días.

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En nuestro satélite, los expedicionarios participan en una batalla entre los reyes del sol y la luna por el control de Venus y conocen infinidad de criaturas extravagantes, entre las que se cuentan buitres de tres cabezas, pájaros-vegetales, hormigas gigantes, hombres que quedan embarazados en la pantorrilla e incluso “hombres arbóreos” nacidos de testículos plantados en tierra.

“Orlando furioso” (1532)

Obra maestra de la literatura renacentista, el largo poema “Orlando furioso”, de Ludovico Ariosto, incluye una travesía interplanetaria. En su canto XXV, el caballero Astolfo viaja a la luna en un carro de fuego para recuperar la razón perdida de su primo Orlando, el protagonista de la obra.

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Allí se encuentra con todo lo desperdiciado y perdido en la tierra: “De los amantes lágrimas y lloros / el tiempo inútil que se pierde en juegos / la holganza larga de los ignorantes / designios vanos nunca satisfechos / tantos son los deseos incumplidos / que atestan el paraje casi todo”.

“Somnium” (1541)

El primer viaje lunar escrito por un español salió de la pluma de Francisco Maldonado, clérigo y humanista nacido en Cuenca. Aunque editado en 1541, su “Somnium” (“Sueño”) se ambienta en 1532, cuando el cometa Halley efectuó uno de sus cíclicos recorridos por el Sistema Solar.

Tras quedarse dormido mientras espera el paso del cometa, Maldonado recibe en sueños la visita de un fantasma femenino que lo lleva hasta luna, donde florece una civilización utópica y armoniosa. Posteriormente vuelven a la tierra y el espíritu lo deja en una región de América habitada por indígenas cristianizados.

Francisco de Maldonado escribió su obra en latín. La primera travesía lunar en nuestro idioma no llegaría hasta 1724 de la mano de Diego Torres de Villarroel.

“Somnium sive Astronomia lunaris” (1634)

Hasta el siglo XVII, los relatos de viajes espaciales se caracterizaban por el despliegue desmesurado de fantasía y exageración. A partir de entonces, al calor de los nuevos descubrimientos astronómicos derivados de las teorías de Copérnico y Galileo y el desarrollo del telescopio, los periplos interplanetarios buscarían la verosimilitud a la luz de la tecnología y los conocimientos disponibles.

El alemán Johannes Kepler fue una de las figuras centrales de la revolución científica de esa época gracias a sus tres leyes sobre el movimiento elíptico de los planetas. En 1634, cuatro años después de su muerte, se publicó una novela de tintes autobiográficos que curiosamente compartía título con el relato de Maldonado ya referido antes: “Sueño, o la astronomía de la luna”.

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De nuevo valiéndose de un sueño, Kepler refiere el periplo del astrónomo islandés Duracotus, quien gracias a su madre hechicera contacta con los espíritus (demonios) que viven en la luna. Duracotus viaja con uno de ellos al satélite aprovechando un eclipse y al llegar conoce una civilización de seres gigantescos sometidos a temperaturas extremas, pues solo pueden alimentarse de noche al no poder soportar la fuerte luz solar.

A juicio de Carl Sagan, “Somnium” es la primera novela moderna de ciencia ficción de la historia.

“El hombre en la luna” (1638)

Inspirado por el relato de Kepler, el obispo inglés Francis Godwin redactó años más tarde su propia versión de un viaje a la luna, el primero escrito en lengua inglesa. Pero el protagonista de su gesta fue un español, el sevillano Domingo González, quien fabrica un artefacto impulsado por 25 gansos silvestres para ascender al satélite desde lo alto del volcán Teide, en la isla canaria de Tenerife.

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Tras un periplo de doce días, González llega a una luna parecida a la tierra y habitada por gigantes y enanos. Vive entre ellos año y medio y al volver a la tierra cae en China. Como curiosidad, Godwin hace en su libro una serie de afirmaciones con respecto a la gravedad que anteceden varias décadas a los estudios de Isaac Newton sobre el tema.

“El otro mundo: Historia cómica de los estados e imperios de la luna” (1657)

El nombre de Cyrano de Bergerac y su nariz prominente es famoso entre el gran público gracias a la pieza teatral de Edmond de Rostand estrenada en 1898 y base de varias películas, entre ellas la protagonizada por Gerard Depardieu en 1990.

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Cyrano existió realmente y fue mucho más que un ingenioso espadachín enamorado de su prima, ya que destacó como uno de los intelectuales más polémicos de la Francia del siglo XVII gracias a su materialismo y ateísmo militantes. Así lo plasmó en su novela “historia cómica de los estados e imperios de la luna”, publicada póstumamente y que lo posiciona como un precursor de la ciencia ficción.

En el libro el protagonista, Dyrcona (anagrama de D`Cyrano) intenta viajar a nuestro satélite primero con bolsas de rocío atadas al cuerpo y luego a bordo de un artefacto impulsada por seis cohetes que se queman en tres etapas, mecanismo sorprendentemente parecido al usado por el cohete Saturno V de la Nasa cuatro siglos más tarde. Una vez en la luna, el protagonista se topa con una civilización avanzada que le sirve de excusa para satirizar los vicios de su tiempo.

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Por cierto, Roxanne, la prima de Cyrano en la obra teatral, fue la inspiración de la canción homónima de The Police.

“Sizigias y cuadraturas lunares” (1774)

En 1774, el fraile mexicano Manuel Antonio de Rivas escribió el que se considera el primer relato fantástico y de primitiva ciencia ficción escrito en América, de título largo y engorroso, pero conocido sencillamente como “Sizigias y cuadraturas lunares”. En su trama asistimos a intercambios epistolares entre los habitantes de la tierra y la luna, el viaje de un aventurero francés a nuestro satélite y el traslado de un pecador al sol por parte de un grupo de demonios.

La Inquisición abrió un proceso contra el padre Rivas por considerar que el libro incurría en herejía al ubicar el infierno en el sol y poner en duda el libre albedrío. Pero el buen fraile terminó absuelto gracias a la brillante defensa de su abogado.

“Las aventuras del Barón de Munchhausen” (1785)

En medicina se conoce como “síndrome de Munchhausen” al trastorno en el que el paciente finge dolencias e incapacidades para hacerse pasar como enfermo y buscar atención. El término se inspira en una figura real: el barón de Munchhausen, un noble y militar alemán del siglo XVIII famoso por las exageradas (y a menudo inventadas) historias que contaba sobre sus campañas bélicas.

Tales relatos no tardaron en inmortalizarse en forma de libro. En 1785 el escritor alemán residenciado en Inglaterra Rudolpf Erich Raspe publicó un célebre volumen en el que hace al barón protagonista de hazañas inverosímiles como viajar a bordo de una bala de cañón, cabalgar a lomo de un caballo partido por la mitad o salvarse de unas arenas movedizas tirando de su propia coleta.

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Asimismo, Munchhausen realiza un par de viajes lunares. El segundo es un calco de la narración de Luciano de Samósata mencionada más arriba. En el primero el barón lanza un hacha al cielo con tanta fuerza que ésta se incrusta en la luna y debe acudir a recuperarla. Para ello nuestro personaje sube hasta el satélite a través del tallo de una planta de habichuela y desciende con una cuerda fabricada con paja hallada en la superficie lunar.

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En 1988 el director Terry Gilliam filmó una película sobre el excéntrico barón que contó con las actuaciones de Robin Williams y una joven Uma Thurman.

“The Great Moon Hoax” (1835)

En agosto de 1835, el prestigioso diario “The Sun” de Nueva York publicó una serie de seis reportajes firmados por un tal Andrew Grant y en los que se referían los espectaculares descubrimientos que un famoso astrónomo de la época, John Herschel, hizo en la superficie de la luna mediante un potente telescopio instalado en Sudáfrica.

Los textos hablaban de maravillas observadas en nuestro satélite: ríos, océanos, bosques, lagos, manadas de bisontes, unicornios e incluso una tribu de humanoides voladores de cuerpo peludo y alas de murciélago. Los artículos fueron leídos por millones de personas, replicados en otros periódicos y traducidos a otros idiomas, entre ellos el español.

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No pasó mucho tiempo hasta que se descubriera que todo había sido un ingenioso engaño, pues el tal “Andrew Grant” no existía y el astrónomo John Herschel nada sabía del asunto. El diario “The Sun” nunca se disculpó oficialmente por el fraude, conocido desde entonces con el nombre de “The Great Moon Hoax” (“El Gran Engaño de la Luna”) y considerado como uno de los montajes más exitosos de la historia.

“La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall” (1835)

El estadounidense Edgar Allan Poe es reconocido como pionero del relato de horror y el cuento policial, pero también ensayó la ciencia ficción en la narración que aquí nos ocupa, escrita cuando apenas tenía 26 años y quizás aprovechando la euforia lunar derivada del “Great Moon Hoax”. El texto no brilla por su precisión científica, pero destaca como una curiosidad en la bibliografía de su autor.

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Acuciado por las deudas e instruido por algunos libros, el carpintero holandés Hans Pfaall construye un globo aerostático impulsado por “un gas que nadie ha obtenido hasta el presente” con el cual llega hasta la luna tras un viaje de 17 días. Allí decide quedarse por un tiempo y envía a un habitante del satélite a la tierra con una carta en la que explica con detalle su viaje y la geografía y costumbres lunares.

“De la tierra a la luna” (1865) y “alrededor de la luna” (1870)

“20.000 leguas de viaje submarino”, “la vuelta al mundo en 80 días”, “viaje al centro de la tierra” entre muchos otros, son títulos que evocan acción y aventuras, en especial gracias a sus adaptaciones cinematográficas. Todos salieron de la pluma del francés Julio Verne, a quien con justicia se considera el padre de la moderna ciencia ficción gracias a su talento visionario para anticipar buena parte de la tecnología del mundo actual.

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El don profético de Verne es especialmente notable en “De la tierra a la luna”, novela que tuvo su continuación en “Alrededor de la luna”. En ellas se narra las peripecias de dos estadounidenses y un francés que viajan a nuestro satélite a bordo de un proyectil de aluminio impulsado por un gigantesco cañón de 274 metros de largo y 274 centímetros de calibre. La tentativa falla a causa de un meteorito y los expedicionarios deben arreglárselas para volver a la tierra si no quieren orbitar en torno a la luna eternamente.

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Aunque la propuesta del cañón ha sido desechada por la ciencia, el resto del relato verniano abunda en detalles técnicos increíblemente parecidos a los del Apolo XI que llevó a los primeros astronautas a la luna un siglo después: la nave de la novela se llama “Columbia”; los viajeros son tres; el despegue tiene lugar en Florida, muy cerca de Cabo Cañaveral; la velocidad del trayecto es casi idéntica a la del Apolo; el viaje a la luna dura casi cuatro días y al regresar a la tierra el proyectil también cae en el océano Pacífico…por solo mencionar algunas.

“Los primeros hombres en la luna” (1901)

Junto a Julio Verne, el inglés H.G.Wells también ostenta el honor de ser el padre de la moderna ciencia ficción gracias a populares libros como “la máquina del tiempo”, “la guerra de los mundos”, “la isla del doctor Moreau” o “el hombre invisible”, entre muchas otros. En 1901 Wells publicó “los primeros hombres en la luna” una novela que Jorge Luis Borges reconoció haber leído en su juventud “con fascinante angustia, en el crepúsculo de una casa grande que ya no existe”.

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Dos hombres, Cavor y Bedford, viajan a nuestro satélite a bordo de una esfera tratada con una sustancia antigravitatoria inventada por el primero y denominada “cavorita”. En la luna los expedicionarios se sorprenden ante la presencia de oxigeno respirable, nieve, vegetación efímera y una civilización subterránea de selenitas con aspecto de insectos y divididos en un rígido sistema de castas.

La novela ha tenido varias adaptaciones al cine, entre ellas una película estrenada en 1964 con efectos especiales del maestro del “stop motion”, Ray Harryhausen.

“Viaje a la luna” (1902)

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, surgió el cine como modo de expresión y uno de sus primeros grandes nombres fue el mago e ilusionista francés George Meliés, quien vio en el nuevo medio un vehículo perfecto para desplegar impresionantes espectáculos llenos de trucos, fantasías y efectos especiales, siendo pionero en este último campo.

En 1902, Meliés realizó su trabajo más famoso, considerado el primer film de ciencia ficción de la historia: “Viaje a la luna”, un corto de algo más de doce minutos cuya trama se inspira tanto en Julio Verne como en H.G. Wells. Del primero tomó el proyectil impulsado por un cañón hacia la luna y del segundo los coloridos selenitas que luchan contra los expedicionarios en la superficie del satélite. La escena del cohete impactando en el ojo del astro está entre las más famosas del cine.

“La mujer en la luna” (1929)

La cuenta regresiva ya es un elemento usual en los viajes espaciales, pero pocos saben que se instituyó gracias a un genio del cine: el director austríaco Fritz Lang, cuya producción más conocida es “Metrópolis” (1927), cima indiscutible del Séptimo Arte.

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En “La mujer en la luna”, su último film mudo, Lang recreó con gran detalle una travesía a nuestro satélite. Asimismo, incluyó la cuenta regresiva en la escena del despegue por una sencilla razón que explicó años más tarde: “Si se empieza a contar desde uno, no se sabrá cuándo terminar. Pero si se va desde diez hacia atrás, todos sabrán que el conteo acabará en cero, lo que añade un enorme dramatismo a la situación”. Sobra precisar el gran éxito que esta idea tuvo tanto en la película como en la ciencia.

Asimismo, el diseño del cohete lunar y la rampa de lanzamiento eran tan realistas que los nazis retiraron de circulación las copias de la película y destruyeron las maquetas del aparato por considerar que revelaba demasiada información sobre sus armas secretas: los cohetes V1 y V2, utilizados para bombardear ciudades de Bélgica e Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial.

“Objetivo: la luna” (1953) y “Aterrizaje en la luna” (1954)

Creado por el historietista belga Hergé en 1929, Tintín es uno de los grandes personajes de cómic del siglo XX. Junto a su amigo el capitán Haddock y su perro Milú, este joven periodista vive numerosas aventuras en todo el mundo. Entre sus admiradores destaca el director Steven Spielberg, quien incluso filmó en 2011 una película basada en el álbum “El secreto del Unicornio”.

Hergé se documentaba minuciosamente a la hora de crear nuevas historias para su héroe. Así se nota en los dos álbumes lunares publicados a comienzos de los años 50. En ellos, Tintín y los suyos parten hacia la luna desde un ficticio país centroeuropeo y deben lidiar con un espía a sueldo de una potencia enemiga que busca apoderarse del cohete.

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“2001: Odisea del espacio” (1968)

1968 fue un año dorado para el cine en general y la ciencia ficción en particular, pues el director Stanley Kubrick estrenó la que con justicia se considera una de las cimas del Séptimo Arte: “2001: Odisea del espacio”.

Basada en un cuento corto de Arthur C. Clarke, la cinta se ambienta en un futuro donde humanidad ya ha desarrollado la tecnología suficiente como para conquistar la luna. En nuestro satélite los científicos desentierran un misterioso monolito que los impulsa a un trayecto interplanetario decisivo para alcanzar una nueva etapa superior como especie.

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Apenas un año después del lanzamiento de la película, Neil Armstrong caminó por primera vez en el suelo de la luna. Las maquetas, decorados y efectos especiales desplegados en “2001: Odisea del espacio” resultaron tan realistas que muchos partidarios de la teoría de la conspiración aseguran que el alunizaje fue en realidad una brillante puesta en escena efectuada por Stanley Kubrick en un estudio televisivo. Ante tales disparates, recomendamos el siguiente video de Javier Santaolalla, uno de los mejores divulgadores científicos de Youtube: