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The Economist: Venezuela se convirtió en un autoritarismo

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31/01/2018
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FOTO | RYAD KRAMDI/ AFP

De acuerdo con el Índice de Democracia, publicado anualmente por la revista británica The Economist, Venezuela se une a Cuba como los dos únicos países autoritarios del continente. En la lista se encuentran países como Rusia, Vietnam, China, Corea de Norte, Siria y un nutrido grupo de países africanos y monarquías árabes.

Venezuela se ha sumado a la lista de 52 países que se encuentran bajo regímenes autoritarios alrededor del mundo, según el más reciente estudio publicado por el unidad de inteligencia de The Economist, ocupando el puesto 117 en un índice de 167 países. La nación caribeña pasó de ser considerada un “régimen híbrido” en la publicación de 2016, a un autoritarismo en la de 2017, lo que constituye el descenso más estrepitoso en su historia al perder casi un punto en relación al año pasado. De tener un puntaje global de 4.68 bajó a 3.8 (en una escala de 0 a 10).

“Este último cambio refleja el continuo deslizamiento de Venezuela hacia la dictadura, ya que el gobierno ha anulado a la Asamblea Nacional dominada por la oposición, encarcelado o privado de derechos a destacados políticos que lo adversan y reprimido violentamente las protestas en su contra“, refleja el texto.

 

Los criterios del estudio establecen que los regímenes autoritarios son aquellos Estados en los que “el pluralismo político está ausente o muy circunscrito; algunas instituciones formales de democracia pueden existir, pero tienen poca influencia; las elecciones, en caso de ocurrir, no son libres ni justas; existe indiferencia ante los abusos y violación de las libertades civiles; los medios de comunicación son generalmente propiedad estatal o controlados por grupos relacionados con el régimen gobernante; hay represión frente a la crítica al gobierno y una censura generalizada; y no existe poder judicial independiente”.

No obstante, Venezuela se encuentra aún lejos de ser de los países menos democráticos, al posicionarse por encima de países como Rusia, Egipto, China, Ethiopia, Angola, Qatar, Emiratos Arabes Unidos, Zimbabue, con Corea del Norte y Siria ocupando los dos últimos puestos del índice.

En cuando a América Latina, The Economist señala que el puntaje promedio disminuyó de 6.33 en 2016 a 6.26 en 2017. Sin embargo, la región sigue siendo la más democrática en el mundo en vías de desarrollo: la mayoría de los países registraron cambios menores en sus puntajes generales en 2017, a excepción de Ecuador, país que experimentó la mejoría más significativa en el continente mejorando de un “régimen híbrido” a una “democracia defecutosas”.

“La mejora refleja los esfuerzos del recién inaugurado presidente, Lenín Moreno, desde que asumió el cargo en mayo de 2017 para deshacer algunas de las usurpaciones más controversiales sobre el estado de derecho y la libertad de expresión realizadas por su predecesor, Rafael Correa”

 

La región ahora cuenta solo con una “democracia completa” (Uruguay), 16 “democracias defectuosas”, cinco “regímenes híbridos” y dos “regímenes autoritarios”.

En el plano mundial, el promedio cayó de 5,52 en 2016 a 5,48 . Unos 89 países experimentaron una disminución en su puntuación total en comparación con 2016, más de tres veces tantos como los países que registraron una mejora (27), el peor desempeño desde 2010-11 después de la crisis económica y financiera mundial.

Una de los datos más sorprendentes es que Estados Unidos, considerada por muchos como la capital del mundo libre, pasó a ser calificada como una “democracia defectuosa” y se sitúa en la plaza 21 del raking.

El Índice de Democracia es el resultado final de las distintas calificaciones de los países en cinco categorías específicas: proceso electoral y pluralismo; libertades civiles; el funcionamiento del gobierno; participación política; y cultura política. Cada categoría tiene puntaje en una escala de 0 a 10, y el índice general es el promedio simple de los cinco índices.

“Libertad de expresión bajo ataque”

La segunda parte del estudio, el Índice de Libertad de Expresión, califica la autodeterminación de los medios y la libertad de expresarse en los distintos países en una escala de cuatro ítems: libre, parcialmente libre, mayormente restringida, restringida.

Venezuela se ubica en la categoría mayormente restringida en el puesto número 109, que comparte con Zimbabue, Palestina, Mozambique, Malasia, Marruecos, Pakistán, Libia, Angola, Armenia, Argelia y Comoros. El país supera con creces a su aliado Rusia y a naciones como China, Tailandia, Egipto, Singapure, Catar y Emiratos Árabes Unidos, que encuentran varios peldaños por debajo y poseen una libertad expresión totalmente restringida.

Australia, Canada, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Irlanda, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Suecia y Estados Unidos constituyen el top 10 de los Estados con mayor libertad de prensa, al alcanzar todos un score de 1.

Los países de latinoamericanos que ocupan los puestos más altos en esta lista son Chile y Uruguay, ambos con un puntaje de 9 -empatados en el puesto número 11- y Argentina, con un puntaje de 8, en el puesto 31.

The Economist reveló su preocupación por la creciente fragilidad de la libertad de expresión alrededor del mundo, corroborada por los números del año 2017. Según se asegura en el documento, a pesar de la enorme expansión de las posibilidades de la libertad de expresión, incluso a través de las redes sociales en Estados autoritarios, esta está cada vez más limitada. De hecho, la portada de la publicación lleva por nombre “Libertad de expresión bajo ataque”.

“La libertad de prensa ha caído en su nivel más bajo desde que comenzamos a producir el Índice de Democracia en 2006 y las restricciones de la libertad de expresión se han vuelto comunes incluso en democracias desarrolladas”.

Alertó que la libertad de expresión se enfrenta “a una triple amenaza”. En primer lugar, por parte de los gobiernos, tanto en países democráticos como autoritarios, que están implementando leyes de difamación, de prevención del terrorismo, blasfemia y leyes de “discurso de odio” para frenar y obstaculizar la libertad de los medios de comunicación; en segundo, por los actores no estatales, incluidos los militantes islámicos y las bandas criminales, que representan una amenaza cada vez mayor al utilizar la intimidación, la violencia y el asesinato a profesionales de la comunicación. Y, en tercer lugar, se encuentras quienes reclaman el “derecho a no ser ofendidos”, lo cual está dando lugar a una ola de los llamados “espacios seguros” y un incremento de la vigilancia de Internet para limpiarlo de contenido “ofensivo”.