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Tushar Gandhi: La no violencia exige paciencia y estar dispuesto a sufrir

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02/10/2016
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FOTOGRAFÍAS: DAGNE COBO BUSCHBECK

 Decir el nombre Gandhi es, de forma indefectible, pensar en la palabra paz. De hecho, Mohandas Karamchand Gandhi, mejor conocido como Mahatma Gandhi, buscó la paz como forma de vida del hombre a través de la práctica de la no violencia.  Tushar Gandhi, presidente de la Fundación Mahatma Gandhi, está en Venezuela para participar en la Semana de la No Violencia. Afirma que el activista de la paz hace entender a su oponente lo errado de sus acciones

La difusión de la filosofía y el legado del líder de la independencia de India es el objetivo del capítulo Venezuela de la Fundación Gandhi, creada en junio de este año. La Semana de la No Violencia, decretada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), se inicia cada 2 de octubre, fecha del nacimiento de Mohandas Karamchand Gandhi. Paradójica la coincidencia entre celebración y ciudad, tomando en cuenta que Caracas es considerada la ciudad más violenta del mundo.

El bisnieto de Gandhi aclara, al comenzar esta conversación, que es un concepto errado considerar como pacifista al líder de la independencia de India. “De hecho era un hacedor de paz”.

—¿Cuál es la diferencia entre un pacifista y un hacedor de paz?

El pacifista no responde, no reacciona. En cambio el hacedor de paz sí interactúa con su oponente y lo hace entender lo errado de sus acciones. A veces Bapu (Gandhi) llegó a promulgar la guerra y sus amigos pacifistas se molestaron. La primera vez que eso sucedió fue cuando dijo que «si alguna vez la guerra ha estado justificada fue para vencer a los nazis».

Luego, cuando, vino la división en la que se realizaron demasiadas atrocidades contra los hindúes, él le dijo a Pakistán que tuviera cuidado porque había un punto en el cual la guerra sería inevitable, muchos de sus amigos pacifistas estaban en desacuerdo y lo criticaron. Él dijo que «si lo dejaran en mis manos yo nunca iría a la guerra, pero por la prioridad de una nación, en un punto en el tiempo, quizás sea imperioso recurrir como último recurso a la guerra». Y esa es la diferencia entre el pacifista y el que hace la paz. 

— Los polos opuestos se atraen y la guerra es lo opuesto de la paz.

La guerra es un error que solo puede ser corregido con la paz.

—¿Cuál es la manera de hacer la paz? ¿Son los mismos preceptos del pacifismo?

Son como primos, pero no son hermanos. La paz no es solo la ausencia de guerra. Únicamente es posible cuando hay igualdad, equidad y justicia para todos, y ese es el significado de paz como vida. Como opuesto de guerra o conflicto sería solo un aspecto de la paz. Cuando quienes creemos en la paz fracasamos, no logramos alcanzarla, la guerra se hace inevitable.

La guerra es un conflicto muy grande porque es la mayor amenaza que tiene la humanidad, ya sea entre dos países, entre las comunidades que conforman una nación, o el conflicto que estamos librando contra la naturaleza, que ha traído como consecuencia el calentamiento global: todo esto son versiones de guerra.

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Tushar Gandhi busca promover la paz y la no violencia como una forma de vida. ¿Bajo cuáles supuestos?

Creo que estamos frente a una situación en la que o practicamos la no violencia o nuestra mera existencia se verá amenazada. Si se analiza la situación de la guerra con tantas armas nucleares, eso amenaza la mera existencia de la vida en la faz de la tierra. Si vemos los conflictos de clase, existen los que tienen demasiado y los que no tienen nada, y eso es también una amenaza para la existencia de las comunidades. Si hablamos de nuestra violencia contra la naturaleza, la contaminación en Estados Unidos produce escasez de lluvia en Asia, así que ahora tenemos que escoger entre la no violencia y la extinción. 

—¿Cómo plantear la práctica de la no violencia en el siglo XXI, de igual a igual, cuando uno de los dos piensa políticamente diferente?

Hay que mostrarle la luz a esa alma perdida. En los tiempos antiguos, en el mar colocaban faros para alertar que allí había un peligro para la nave. Las personas que creen en la paz y la no violencia tienen que convertirse en el faro para la sociedad, mostrar los riesgos de esa actitud y también cómo evitarlos. Si no podemos cambiar el corazón, todas estas palabras tan bonitas serán banales. Tenemos que inspirar con nuestra propia vida y nuestas acciones.

—¿A costa de la propia vida cuando el otro tiene armas?

Sí, porque mi creencia es mi arma. Si yo necesito un arma para hacer la paz no va a ser paz, porque quizás mi oponente conseguirá un arma más grande. Cuando uno enfrenta a un oponente que tiene armas es más importante tener esa valentía moral de enfrentarlo. Todavía inspira esa fotografía de uno de los estudiantes chinos que se paró ahí frente a los tanques (en la Plaza de Tiananmen, 4 de junio de 1989).

La no violencia y la paz fracasan cuando no logran hacer que el mundo preste atención a esa solicitud de ayuda que se está haciendo. Si uno ve el éxito de la Primavera Árabe en Egipto [2010-2013, período en el que se registraron protestas civiles en seis países exigiendo reformas contra la opresión impuesta desde los gobiernos], cuando los egipcios se fueron a la plaza y derrocaron a Mubarak, el tirano de Egipto, el problema que tuvo ese levantamiento fue que ellos solo sabían que querían deshacerse de Mubarak. Cuando uno lucha por eliminar o cambiar algo tiene que ofrecer una alternativa, y ese levantamiento egipcio fracasó porque solo querían que él se fuera. No ofrecieron un reemplazo ideal a las circunstancias, y ahora están en peor situación que antes. 

—Si retomamos sus palabras, que la no violencia fracasa cuando no logra captar la atención del mundo, ¿por qué la intención de los venezolanos que aspiran a un mejor país con condiciones políticas diferentes, no logran llamar la atención de la comunidad internacional ante la crisis política y social que se registra en Venezuela?

He notado en Venezuela mucha impaciencia, todo el mundo parece estar apurado. La no violencia y la paz no son una medicina instantánea, como cuando tienes dolor de cabeza que tomas una pastilla y se te pasa. Es una medicina que actúa lentamente contra la causa del dolor de cabeza. Va cambiando el estilo de vida y el dolor de cabeza desaparece.

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—¿Cómo pedirle paciencia al venezolano cuando la gente muere por falta de medicinas?

Tienes que recordar que India luchó 40 años para alcanzar su independencia, y estábamos en una situación similar a esta: la gente moría de hambre, moría por las atrocidades que cometían los británicos, pero hubo paciencia. Ellos estaban dispuestos a esperar hasta que se presentara la situación ideal.

Yo sé que es muy difícil poner en práctica eso si uno no tiene medicinas, comida, la mitad del tiempo se desperdicia parado en una cola para conseguir lo más básico, pero, un cambio perdurable se produce, como dice el término japonés kaizen, un pequeño paso a la vez.

Fijémonos otra vez en Bapu cuando hizo la Marcha de la Sal [12 de marzo y 6 de abril de 1930]. El mensaje fue «yo quiero la atención, el apoyo del mundo, que entienda la batalla que nosotros tenemos contra la noche». El mundo se volteó y le prestó atención al mensaje, pero transcurrieron diecisiete años más para lograr la independencia. A los británicos se les hizo cada vez más difícil justificar la ocupación de la India, hasta que finalmente tuvieron que reconocer que no tenían derecho alguno para gobernarla y negarle a los indios su libertad.

Creer en paz y no violencia exige dos asuntos: paciencia y la voluntad de estar dispuesto a sufrir, pero nunca a aceptar el fracaso. Pide más sacrificio que una batalla armada, porque quizás no mueras combatiendo una guerra pacífica, pero tu vida puede desmoronarse. Ves a tu familia sufriendo, pero tienes una aspiración más elevada para tu nación, y es más dificil parar ese sufrimiento de tu familia porque estás luchando por algo mejor para todos.

—La Fundación Gandhi tiene como objetivo darle poder a los más pobres entre los pobres, apoyarlos y ofrecerles justicia a través de la educación. ¿Puede ofrecerse justicia a través de la educación cuando desde las instituciones del Estado se fomenta el control político en los distintos niveles educativos, pero con especial énfasis en el inicial, en los contenidos con los que se imparten clases?

La propaganda siempre va a ser un armada de aquellos que están en el poder, y en ocasiones nos confundimos con el significado de la educación. Muchas veces la gente aprende más de la escuela de la vida que de la escuela donde le van a dictar educación académica. Desafortunadamente hoy la educación académica no pone énfasis en la ética y la moral. Y no me refieron con moral a cómo te vas a vestir o te vas a comportar. Me refiero a creer en la honestidad y en la verdad, y ahí es donde nosotros trabajamos más.

La educación es una fuente de libertad para aquellos que no la tienen, para el hambriento una comida completa es tan importante como la libertad. Por eso tenemos que trabajar de forma holística, integral, para ir resolviendo todos estos síntomas que llevan al conflicto. Bapu decía que la pobreza es un pecado contra la humanidad y el hambre es un delito. En una sociedad en donde esas dos injusticias son prevalencientes es como una persona sentada en una montaña de dinamita fumándose un cigarrillo. O quitas la dinamita o le quitas el cigarrillo. 

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—¿Cómo revertir la violencia institucionalizada que hay en Venezuela?

Las instituciones tienen que ser rechazadas y establecer un sistema alterno.

—¿Rechazadas a través del estado de guerra del no hacer, que es la desobediencia civil?

Desde el punto de vista de la desobediencia civil, pero también desde el punto de vista ético. La paz se logra en una vía de dos sentidos. Muchas veces el destino está a mitad de camino, donde ambos oponentes en aras de la paz se encuentran. Pero muchas veces queremos que el otro haga todo el recorrido hasta donde estamos. Ese tipo de actitud inevitablemente ocasiona resentimiento. Con ese tipo de expectativa siempre habrá un ganador y un perdedor, y este también tendrá siempre necesidad de venganza. Si en cambio, nos encontramos a mitad de camino, es porque hemos llegado a un entendimiento.

—¿Y qué sucede cuando una de las partes no está dispuesta a llegar a la mitad del camino?

Hay que hacer que las circunstancias lo lleven a eso. Bapu tuvo éxito porque obligó a los británicos a llega a esa mitad del camino.

—¿Cuántas vidas costó eso?

Costó muchas vidas, no te voy a decir que no costó muchas vidas. Ningún movimiento en pro del cambio es gratis. Tiene que haber disposición al sacrificio. A veces la vida se sacrifica por muerte, pero otras son los logros convencionales de la vida los que tenemos que sacrificar. La muerte termina siendo una liberación, pero vivir con los resultados de sacrificar los deberes, no haberlos cumplido, es más difícil.

—Usted ha dicho que a su juicio la compasión y la responsabilidad son las enseñanzas más grandes de Bapu (Gandhi). ¿Cómo ser compasivo ante quien viola derechos humanos, ante quien no es compasivo y quien actúa con irresponsabilidad en la conducción de un país, con consecuencias irrevertibles como la pérdida de vidas humanas?

Criticamos la brutalidad del oponente y después vamos y decimos que no podemos ser compasivos con el que actúa con brutalidad. Desde el punto de vista moral y ético terminamos siendo los dos brutales. Quien critica la brutalidad justifica caer al nivel del bruto. ¿Cómo puedo decir que mi causa es más noble que la del otro? Tenemos que trabajar para que el bruto llegue a alcanzar nuestro nivel. Creer en no violencia y paz está basado en la espiritualidad. Cuando eres espiritual tu esfuerzo debe ir orientado a elevar a la otra persona y no a caer a su nivel.

—Pero estamos hablando de un asunto de poder. ¿Se va a enfrentar el poder con espiritualidad?

Si tú crees que estás en lo correcto, pues vas a estar dispuesta a pagar el precio. Al principio de esta conversación se lo dije: la no violencia y la paz no son fáciles, son difíciles, y solamente los más valientes entre los valientes la practican. 

—En un contexto como el venezolano, donde la violación de derechos humanos es una constante ¿cómo puede Tushar Gandhi invitar a los venezolano a practicar la ahimsa, la no violencia?

No los estoy invitando a practicarla, les estoy diciendo que es una alternativa que está en las manos de los venezolanos. El conflicto externo es más fácil de afrontar que el interno. El externo significa que peleas con un extranjero, pero cuando tienes que combatir a una parte de tu propio país es mucho más difícil, porque al tratar de  cambiar el país, se está destruyendo parte del mismo.

Los marxistas creían que debían destruir lo que les parecía malo y sobre la base de eso poder construir algo nuevo. Gandhi creía que era mejor cambiar al oponente para que al final, cuando el cambio ya estuviese instaurado en todas las personas, todos fueran amigos y compañeros en el logro de ese cambio.

La forma en la que Gran Bretaña perdió contra India fue más humillante que haber perdido una batalla. Hoy día Gran Bretaña dice que fue benevolente y le dio la independencia a India. El asunto no es quién tenga el  crédito, a nosotros lo que nos importa es que obtuvimos nuestra independencia y nos sentimos orgullosos de haberlo logrado.

Nunca vendría a predicar la no violencia a los venezolanos, yo les ofrecería la alternativa. 

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—¿Cree que para los venezolanos en este momento es la no violencia la alternativa?

La no violencia es una alternativa para todo el mundo. Es una elección que cada ser humano tiene que hacer. Lo opuesto de no violencia es la extinción.

—¿Cómo considera usted que los venezolanos deben dar el primer paso para reconstruir su sociedad?

Yo creo que esto tiene que ser el deber de cada individuo. Cuando el individuo cambia, lentamente va cambiando la sociedad, porque la sociedad está hecha de personas. Aquí no hay extranjeros oprimiendo a los venezolanos.

—No. Se trata de venezolanos que oprimen a otros venezolanos.

Es por eso que el cambio tiene que ser algo universal en Venezuela, para que todos los venezolanos puedan sentirse orgullosos de su nación.En alguna ocasión Bapu se sintió presionado para convertirse al cristianismo, porque le hacían cuestionamientos hacia el hinduismo. Y él contestó: «Yo reconozco que mi mamá es fea», comparando a su religión con su madre. Pero dijo «no importa cuán fea sea mi mamá, yo nunca la cambiaría ni por la mujer más bella del mundo».

Creo que los venezolanos tiene que aprender a enorgullecerse y decir «no importa cuán fea se vea Venezuela en este momento, no la vamos a odiar».

 —¿Cómo cree que deben los líderes políticos decir a los ciudadanos que la luz al final del túnel está cerca cuando no tienen claridad de que eso sea así?

Hay dos asuntos que deben comprenderse: los líderes llegan a líderes porque el común denominador de las personas los acepta como tales. El liderazgo tiene que entender que ni son la luz al final del túnel, ni son la razón por la que la luz va a estar ahí, al final del túnel. A menos que los líderes lleguen a ser verdaderos servidores del pueblo, hay que rechazarlos.