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Último caído en las protestas fue rematado por el deficiente sistema de salud

Angelo Quintero
13/02/2018
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FOTOGRAFÍA: CORTESÍA

Un tiro en la cabeza el 28 de junio de 2017 en su natal Ejido, estado Mérida, dejó postrado en una cama a Ángelo Quintero de 28 años, quien falleció este 12 de febrero a las 11:00 pm tras siete meses de lucha.

Ángelo se convirtió en el último caído de las manifestaciones de 2017, coincidiendo con la fecha del primer asesinado durante las protestas de 2014 en Caracas: Bassil Da Costa.

Yurlexy Rivas, hermana de Ángelo relató en exclusiva a El Estímulo que ese 28 de junio el hombre estaba en casa de su bebé, hoy de un año, ubicada a una cuadra de la calle San Isidro, en donde cayó herido.

Eran las 6:15 pm cuando Ángelo salió de la vivienda porque la situación afuera aparentemente se había calmado. Llevaba varias horas intentando hacerlo, pero los disparos y los gases lacrimógenos se lo impidieron. Quince  minutos después la madre de su bebé recibió la llamada “Ángelo está en el hospital, le dispararon”.

Los familiares no saben quien es el culpable. “Unos dijeron que fue la Guardia Nacional, otros que la policía”, aseguró la doliente con voz confusa.

Desde ese momento los médicos del Hospital Universitario de Los Andes atendieron al herido. Estuvo un mes en la unidad de cuidados intensivos. La herida le provocó una hidrocefalia que le deformó el cráneo, pero fue una pseudomona, contraída por las malas condiciones del lugar, la causante de la muerte.

A partir del segundo mes Ángelo presentó una considerable mejoría. Distintas organizaciones apoyaron con medicinas y dinero a la familia para costear los gastos. “Habían medicamentos que valían 1,5 millones bolívares y eran tres diarios”. El afectado pasó por dos operaciones, pero cuando la bacteria se le alojó en el implante ubicado en el estómago –en diciembre– todo progreso se transformó en deterioro. El gobierno, incluso iba a enviar una caja con insumos, pero la hermana les pidió que esperaran porque volverían a intervenirlo, tras esta petición el envío nunca llegó.

Rivas relató que en el último mes de vida estuvieron buscando Colistina, un antibiótico capaz de combatir la psedomona, que no se encuentra en Venezuela y cuyo precio a la tasa de cambio paralela era de 3 millones de bolívares la dosis y eran dos diarias. Un presupuesto imposible para una familia humilde. Los familiares pidieron a la doctora que usara otros medicamentos pero ninguno surtió efecto.

Adicional a la bacteria, el cuerpo de Quintero estaba muy debilitado, lucía muy delgado. Las enfermeras lo alimentaban con un batido especial y sopas con pollo licuado que los parientes le preparaban porque en el hospital la comida no era la adecuada. Además desde hace meses en el centro médico no funciona la bomba de agua, así que tenían que resolver para poder asear a Ángelo.

Antes que recibiera el impacto de bala, Ángelo trabajaba en la construcción. Llevaba dos años en el oficio, también vendía hamburguesas para ganar dinero extra. “Él hacía todo lo posible para comprarle sus cositas al niño. Le dolía no poder hacerlo”.

Su hijo nació en 2017 y fue esto lo que lo motivó a regresar al país. Estuvo tres meses en Colombia trabajando en albañilería y mandaba dinero cada cierto tiempo. Yuslexy recuerda a su hermano y entre risas explica que tenía un carácter difícil, pero lo quería así. Vivía con su madre en la calle Las Monjas de Ejido. En los ratos libres veía películas en su cuarto y salía a beber con los amigos de la calle.

“Esto no es justo, no puede ser que toda esta gente muera. Nadie le para a lo ocurrido. Los políticos nos abandonaron y lo que ellos quieren es seguir llenándose los bolsillos, mientras nosotros morimos en las calles. Ya basta, pero sé que hay que seguir pa’ lante, Dios no nos va a abandonar. Esto cambiará”.
Yuslexy no tendrá que volver al piso nueve del Hospital Universitario porque la cama que ocupaba su hermano ahora está vacía, sólo le queda esperar que la autopsia esté lista, mientras tanto sus amigos y conocidos se congregarán en el Santuario de San Buenaventura a orar por la memoria del caído quien espera por santa sepultura.