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Uno se fue demasiado y el otro se quedó: 7 cosas que les pasan a las parejas a distancia

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Nosotros pensábamos que iban a ser unos meses nada más… Máximo-máximo, unas 80 semanas que era lo que duraban mis estudios. Pues no.

Usando la frase-cliché correspondiente: “La vida tenía otros planes”.

Por miles de razones (hola, Cadivi) no hemos logrado el ansiado reencuentro. A estas alturas, nos comparamos con las parejas que debían separarse por largas temporadas porque uno de los dos iba a la guerra. En este caso, uno de los dos se quedó en la guerra.

[Viene frase-cliché-número-dos]

Pero la esperanza es lo último que muere. Es más, si Norwood Thomas y Joyce Morris se reencontraron después de 70 años separados, ¿quién dice que nosotros no vamos a poder?

La gran diferencia, claro está, es que desde el momento en que yo crucé la despedazada “Cromointerferencia de color aditivo” hasta el momento en que le volví a ver la cara sólo pasaron siete horas, no siete décadas. Alguna ventaja tenía que tener esto de ser “Millenial”.

¿Cómo la llevamos?

7. “Felices los cuatro”

¿Te lo suponías? ¡Ah! Pues, supones mal.

La frase está entrecomillada porque cuando le cuentas tu historia a otro venezolano pasan dos cosas:

  1. Te la dice de frente.
  2. Se le transforma la cara de tal manera que lo que único que le faltan son subtítulos en la frente que digan “Felices-los-cuatro-Felices-los-cuatro-Felices-los-cuatro”.

Acto seguido, te haces la paisa, cambias el tema y le pides a todos los coros celestiales, ángeles y arcángeles que te cierren el pico para que no se te ocurra decirle que se envuelva la cabeza en papel periódico a ver si madura. Es evidente que esas personas no están al tanto de que existen herramientas de geolocalización para despertar el Cuaiminator que hay en ti y saber dónde está tu media naranja 24/7/365.

6. Te vuelves más eficaz que los alquila-teléfonos

Ellos podrán tener Movilnet, Movistar, Digitel, Cantv fijo y para llamadas internacionales en cada esquina de la ciudad, pero al lado tuyo se quedan en pañales.

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Tú aprendes qué plataformas soportan videollamadas y cuánto tiempo aproximado puedes hablar tomando en cuenta la velocidad del internet en Venezuela, dividida por tu ancho de banda y el porcentaje de batería que tiene tu celular. Cuando te falla Skype, recurres a Facetime, y cuando a los 10 minutos te empiezas a oír con eco cambias a llamadas de WhatsApp; ésas suelen aguantar “finas” por una media hora, pero después te toca intentar Google hangouts o Facebook (sí, por ahí también puedes llamar). En última instancia, si la conexión anda muy “Popy”, pasas a mandarte mensajitos de voz por Telegram.

5. Las mismas rutinas, pero por teléfono Suena el teléfono a las 6:00 a.m. de un sábado (hora tuya) y lo siguiente que escuchas es esto: “¿Cómo es que me preparo el té de jengibre con miel y limón para el dolor de garganta? Me siento maaaaal…”

Ciertas rutinas no mueren, ni que estés a 6 mil kilómetros de distancia. Después de dar las debidas instrucciones, pasas el resto del día casi-casi atendiéndol@. Mientras cocinas, colocas el celular dentro de una taza y se ponen al día de lo que han hecho durante la mañana; en lugar de un reguetón cabilla para cachifear, escuchas las anécdotas de su semana; mientras organizas la nevera, te cuenta que la última vez que fue al mercado gastó 15 millones de los viejos en cuatro cositas; te sientas a comer -el celular sigue dentro de la taza- y le pega el hambre; acto seguido te mata de la envidia comiéndose una arepa con queso telita; tus compañeros de cuarto pasan y le dan saludos; voltea la cámara del teléfono, ves todos los zapatos tirados en la entrada de la casa, te entra el espíritu de Hulk y peleas… a las dos horas se vuelven a contentar.Y así van. Hasta que alguno de los dos se queda sin pila o sin saldo en el celular.

Plan de contingencia: Hay que tener una tarjetica a la mano o crédito en Skype para evitar serias alteraciones a la dinámica de pareja cuando los cortes de luz o el mal servicio de las operadoras tumban el wifi.

4. Los chismes

“Epa, ¿viste que Gabriela se casó? ¡Ah!, y Pablito como que se fue a Chile”. No, eso no lo dice el que está en Venezuela. Tú, estando lejos, te enteras de los chismes primero y se los cuentas [#GrasiaFacebokTQM]. Pero ahí no termina el asunto. Resulta que aunque hablen todos los días y varias veces al día, justo en ese momento te sale con que se le olvidó contarte una súper buena noticia que pasó hace tanto tiempo que hasta la fecha de expiración se le borró.

3. Los panas te salvan la patria

Los que están en tu nuevo país, se encargan de llevar ellos mismos o llenarles las maletas a sus familiares con “regalos” que, aunque los envíes a mitad de Septiembre, cuentan para Navidad, cumpleaños, San Valentín, aniversario y demás celebraciones. Pero como sólo les permiten 23 kilos y tú no eres el único con encomiendas, te sale establecer prioridades: Dos jabones, un desodorante grande, una pasta de dientes y, si se puede, unos chocolaticos. Cuando hace acuse de recibo, la reacción es como si le hubieses mandado oro puro en pepitas.

Pero los amigos que están en Venezuela también juegan un papel importante. Desde ayudarte a organizar un brunch, hasta reventarle el teléfono cuando no te atiende por mucho rato y tú te empiezas a imaginar que unos choros l@ tienen amordazad@ y están pidiendo tres toneladas de leche en polvo por su rescate.

2. Dos tortas por cumpleaños

Tú compras una torta, le encargas a alguien que le haga el delivery de otra a tu pareja, las respectivas velas, le das “on” a la plataforma de videotelefonía que uses, y listo.

Algo similar aplica para cuando l@ acompañas a bautizos, bodas y demás celebraciones. Te emperifollas reportero-style (o sea, de la cintura para arriba), cuadras la diferencia de horas para poder “asistir”, te buscas una copita de algo para sentirte en ambiente y hasta haces el YMCA en la hora loca.

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Ciertos eventos, como las graduaciones, tienen streaming así que tanto tu pareja como tus familiares -y los familiares de las otras 150 personas graduándose contigo- te acompañan desde la comodidad de su sala y con cotufas y todo a la mano.

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1. Aunque no estés solter@, te conviertes en el solterón

“¡Vamos a hacer una arepada! ¡Sí!”. Todo chévere hasta que llegas a casa de los panas, empiezas a contar: “Dos, cuatro, seis…” Nada, ya te viste lampareando de lo lindo.

Pues sí, aunque en líneas generales te sientes y sabes que tienes una pareja, hay momentos en los que la realidad de la distancia te cachetea. Todos te preguntan que cuándo viene, que cuándo se ven, que si ya empeñaron los riñones para poder pagar los pasajes, que “lo que tienes que hacer es…”, etc., etc., etc.

Sacas tu celular, le mandas un mensaje por WhatsApp echándole el cuento, te sale con una de las suyas, te ríes, recuerdas que sólo ustedes dos entienden su situación y, nada, sigues “iluminando” la velada.

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Al final, lo que sí está claro es que sea donde sea que estén y usen la tecnología que usen, si esa persona es tu compañer@ de vida o de una etapa de tu vida, siempre será tu cable a tierra para cuando necesitas reírte, quejarte, llorar o despotricar… incluso, para cuando escribes una columna cursi y la tienes que editar.

Feliz mes del amor.

sasa

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