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Venezuela, un paciente colapsado

Venezuela
18/03/2017
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POR IVAN DE LA VEGA

A partir de qué momento se puede establecer que una sociedad colapsó? ¿Cuáles serían esos síntomas marcadores que determinarían el quiebre a gran escala de una cultura?

La diagnosis del paciente permite determinar un colapso masivo. Los estudios clínicos leídos por un equipo interdisciplinario compuesto por economistas, sociólogos, psicólogos, historiadores, filósofos, antropólogos, abogados, ingenieros, internacionalistas y médicos internistas coinciden en señalar que los síntomas generales son inequívocos, pero los específicos son difíciles de establecer, debido a un crecimiento anormal de grupos de células que ha invadido a todo el sistema.

Se determinó que la naturaleza de la dolencia proviene de la política, aun cuando su clasificación es compleja y los especialistas no se ponen de acuerdo en la prognosis. Los supuestos teóricos sobre la patología generan dudas, debido a que la evidencia empírica es insuficiente por el perfil del paciente.

Las primeras evaluaciones sobre el enfermo fueron superficiales y pareciera lógico que así fuese, debido a que, a primera vista, su salud era razonablemente buena, a pesar de algunos síntomas de decaimiento.

La analítica indicaba que su sistema inmunológico presentaba valores a la baja pero dentro de parámetros normales. El historial médico reflejaba que el paciente contaba con múltiples recursos naturales superiores, incluso, a los de sus vecinos. Otros valores revelaban que tenía un andamiaje institucional lo suficientemente robusto como para afrontar algún síntoma anómalo. Dentro del grupo de pruebas de laboratorio, la del capital humano siempre aparecía al alza y ese dato solapaba la calidad de ese indicador a la hora de evaluarlo.

Todo hacía pensar que el esfuerzo por profesionalizar a importantes cuadros de la sociedad de forma sostenida, era el camino lógico para que su salud fuese, al menos, satisfactoria. Lo cierto, es que el paciente se estaba deteriorando progresivamente sin percatarse de la gravedad que lo aquejaba.

¡Y sobrevino el colapso! La sintomatología indica que en más del 80% de su cuerpo rechaza el tratamiento dirigido desde una isla del Caribe.

Un agravante para el paciente colapsado, radica en que los recursos de atención actual son precarios. No se consigue cama, la escasez de galenos va en aumento, sin insumos de todo tipo, tecnología obsoleta o dañada, los quirófanos no se pueden desinfectar por falta de productos y miles de pacientes sin atender hacen cola esperando un turno.

Entonces ¿cuál es la prognosis? El sentido común indica que ningún colapso es benigno. Pero también es cierto que no todos los pacientes mueren. Hay casos en los que algunos sobreviven. Imaginemos por un momento que este enfermo terminal se salva y por esa razón tenga capacidad para extraer lecciones que le permitan no repetir aquellos errores que lo llevaron a ese estado ¿Usted piensa que eso ocurrirá?

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