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Y si todos perdemos

Elecciones primarias PSUV. Fabiola Ferrero | Ee
09/10/2017
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FOTOGRAFÍA: ARCHIVO | EL ESTÍMULO

La política venezolana, tal como el país, está en su hora menguada. Se acerca un proceso electoral, el del 15 de octubre, que puede significar una derrota para toda Venezuela. Si el chavismo logra imponerse y mostrar un mapa que al menos en un 50 por ciento aparezca gobernado por los candidatos del PSUV, todos habremos perdido.

Iré a votar el 15 de octubre. No tengo dudas sobre esa decisión. Empero, no estoy envuelto en un halo de alegría para acudir a las urnas. No lo dicen los políticos en campaña, pero lo digo yo. El día siguiente de las elecciones, cuando amanezca el 16, Maduro seguirá siendo el mandón nacional.

Si no hay una clara y contundente votación opositora tendrá el dictador más vida política. Un mapa en el que se refleje la minoría que, en verdad es el chavismo hoy, contribuirá a acercarnos al final de la dictadura. No se irá Maduro del poder por perder la mayoría de gobernaciones, pero si eso ocurre será otra vuelta de tuerca en su contra.

En otro artículo sosteníamos que la oposición venezolana, para ganancia de Maduro, está dividida. En términos del objetivo estratégico hay unión: salir democráticamente de la dictadura. Tácticamente afloran las divisiones. Unos conciben esto como una suerte de desplome y otros como un desmoronamiento.

El desplome, según la primera definición que he conseguido en la web es caída con fuerza de una cosa pesada. El desmoronamiento, en tanto, se define como deshacer poco a poco un cuerpo o cosa.

Para quienes creen que ocurrirá un desplome del chavismo la calle es una suerte de talismán político. Si se protesta en la calle se logrará la salida del dictador. Posiblemente algunos ejemplos extraídos de la primavera árabe o el propio caso de Ucrania les sirven de referentes a este sector opositor.

Para quienes apuestan por el desmoronamiento del régimen, por su parte, la calle y las elecciones no son contradictorias al vérseles como maneras de presionar a Maduro y sus adláteres para sentarlos a negociar y acordar una hoja de ruta que implique su salida del poder. Las transiciones democráticas de los ´80 en Sudamérica tienen ejemplos sobre ello.

Personalmente estoy a favor del diálogo. Después de estudiar las ciencias políticas durante más de una década en mi entrañable Universidad Simón Bolívar, estoy convencido que el diálogo y la negociación son parte esencial de la política. Sin embargo, antes que un diálogo entre gobierno y oposición, debería producirse un encuentro y acercamiento entre los actores de oposición.

Una oposición fracturada difícilmente podrá sacar frutos políticos frente a una dictadura, que aunque minoritaria en apoyo popular, mantiene importantes niveles de cohesión en su respuesta política y pública.

En mi percepción de lo que ocurrió en Venezuela, en el período de protestas abril-julio de este año, fue importante en evidenciar el malestar social a lo largo y ancho del país, asimismo dejó al descubierto el carácter represivo del régimen. Todo ello ayudó a entender a la comunidad internacional la naturaleza dictatorial del gobierno de Maduro.

Hay que decirlo: Sin embargo, no estuvimos cerca de lograr el desplome de Maduro. No se produjo el quiebre en el seno del chavismo (salvo el caso de la fisura de la fiscal Luisa Ortega Díaz) y se terminó asumiendo, en todos los poderes, el costo de la represión. Desde mi punto de vista, sí contribuyó al desmoronamiento que de forma inexorable arropa al chavismo-madurismo en el poder.

Así estamos, próximos al 15 de octubre. Llegamos a unas elecciones en las que los principales ataques contra los candidatos opositores provienen justamente de otros opositores. Llegamos a unos comicios en los que un sector democrático acusa de colaboracionista a otro, sin querer percibir que se alinea con la estrategia gubernamental a favor de la abstención.

Estamos próximos a votar sin que un sector opositor, en el seno de la MUD, nos termine convencer a todos de su capacidad para enfrentar y denunciar (y contrarrestar) un eventual fraude electoral.

Estamos en una hora menguada. Y en esta hora mi decisión es votar. Y junto a ésta mi otra determinación: el 16 de octubre seguiré como ciudadano manifestando mi posición a favor del cambio democrático. La lucha por recuperar la democracia no se acaba aunque logremos un buen número de gobernaciones.

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