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Yéndose demasiados en el país de las despedidas

Despedida en Maiquetía
20/04/2016
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FOTO: FABIOLA FERRERO

88,1% de los estudiantes en los dos últimos años de las carreras en las universidades públicas seleccionadas en el trabajo quieren salir del país.

Recientemente tuve la oportunidad de ser jurado externo de un trabajo de grado en la Maestría en Ciencias Políticas en la Universidad Simón Bolívar titulada: “Intención de emigración de estudiantes en último año de carrera. Caso de 4 universidades venezolanas seleccionadas”, presentado por la sociólogo Claudia Vargas y asesorada por el experto en el tema Profesor Iván de la Vega.

La correcta elaboración de este trabajo al igual que la forma científica en la cual plasma una realidad que casi todos percibimos, pero de la cual pocos hablan, está en proporción directa con la enorme preocupación que deja el conocer sus resultados: 88,1% de los estudiantes en los dos últimos años de las carreras en las universidades públicas seleccionadas en el trabajo quieren salir del país, de forma similar al 73,7% de los estudiantes de las universidades privadas. ¿Las razones? Todos las conocemos y vivimos, pero los estudiantes mencionan principalmente: la inseguridad, el poco poder adquisitivo y la falta de oportunidades laborales.

Me pregunto si esta “cruda realidad” (sin dramatismos) le importa a quienes les debe importar. En Venezuela, hay personas como el Profesor Iván de la Vega y su equipo que han dedicado casi toda su vida a investigar y documentar esta realidad y ofrecer alternativas para aminorar su impacto negativo, pero lamentablemente, entre los ejecutores de “políticas públicas”, si los hay (ejecutores), si es que las hay (políticas públicas), no existe consciencia del inmenso daño que causa al país el formar por años estos recursos y el generar simultáneamente todos los incentivos para que se vayan, muchos de ellos para no regresar nunca más al país.

Estos jóvenes no sólo constituyen capital humano, sino también intelectual y social del país, que al partir y aunque sigan vinculándose al país desde el exterior, sus formas de contribución pudieran no ser tan efectivas como si estuvieran desarrollando en Venezuela en un entorno académico o práctico estimulante y gratificante.
El concepto de capital social tiene muchas aproximaciones, pero en términos generales mide la colaboración entre grupos humanos que genera oportunidades para los individuos.

De acuerdo al Índice de Prosperidad del Legatum Institute, en América ocupamos junto a Haití las últimas posiciones en esta variable. Prescindir de agentes de cohesión importantes como los recién graduados no solo incide en el resquebrajamiento del capital social, sino también en la falta de inyección de nuevos impulsos e ideas propias de las nuevas generaciones.

La administración actual no sólo no genera políticas públicas para atender esta problemática, sino que aún más grave, no le interesa, a diferencia de países en el continente como Brasil o Ecuador (por nombrar sólo algunos) que si lo hacen en forma activa atrayendo recursos formados en todos los niveles, (sobre todo docente).

Cuando se mira las causas particulares de la migración de recién graduados, se encuentra que son las mismas que motivan a otros muchos a migrar: Inseguridad, falta de oportunidades y bajo poder adquisitivo. La migración de este sector en particular es un efecto de esas causas y no una causa en sí misma, como algunos lo hacen ver, al llamar a estos estudiantes “blancos y rubios” y ubicar un 60% de ellos como, “hijos de inmigrantes” como lo hiciera recientemente una socióloga en el canal del Estado, porque de acuerdo al trabajo en comento, aproximadamente 25% de los entrevistados tiene al menos un padre extranjero y no el 60%.

Aun existiendo los problemas mencionados, los venezolanos no tienen una cultura migratoria y muchos de éstos estudiantes, quizás si se les mostrara un futuro en el cual el contexto mejoraría y se les incorporara para construirlo conjuntamente, no se irían. Mientras tanto, los postgrados de las universidades venezolanas se irán quedando desolados de alumnos y profesores, porque se están “yendo demasiados”.