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A mano limpia: el andar de Omar Vizquel hacia la inmortalidad

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24/10/2018
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TEXTO: JONATHAN SOTO @SOTOJONATHANJ | PORTADA: AFP |FOTOS EN EL TEXTO: AP IMAGES Y LEONES DEL CARACAS

El campocorto estrella, que jugó 24 temporadas en las Grandes Ligas y en Venezuela 13, cosecha los frutos de una brillante carrera. En 2014 los Indios de Cleveland, la tribu donde militó durante 11 años como jugador, lo elevó a su Salón de la Fama, mientras que en 2018 logró ser electo para ingresar al olimpo beisbolero venezolano mientras espera turno para ser llevado a Cooperstown

Todo nació cuando jugaba pared. Siendo apenas un niño, Omar Vizquel sorprendió a sus amigos con un rápido juego de manos, en el que con su izquierda rebotaba la pelota y la tomaba con la derecha para devolverla a la estructura. Ese primer paso, que pasaría a ser su principal herramienta en la pelota profesional por la realidad de no contar con un potente brazo, llevó al campocorto venezolano a elevarse por encima del resto de sus colegas hasta ser catalogado como uno de los mejores de su posición en las Grandes Ligas.

Fundamentalmente, para él todo estuvo en su entorno. La disciplina impartida por sus padres fue importante, sobre todo cuando se analiza en retrospectiva su carrera. Sin embargo, hubo un extra en su desarrollo que fue más allá y se convirtió en un elemento que adaptó a su juego para darle su propio sello personal: la música.

 

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En la salsa estuvo su aliada. Para él fue un ritmo natural en su día a día y sus pies bien supieron agradecerlo para aplicarlo en el deporte. Como si se tratara de una rutina, la música llegó a un punto en el que su amor por esta lo llevó a darle ese toque distinto a su etapa como mandamás, mostrando una dosis de esto mediante un video que se hizo viral y en el que se le veía armando el lineup de Wiston-Salem, filial de ligar menores de los Medias Blancas de Chicago, con el que aseguró que sin alegría no se gana.

OmarVizquel-cita5Esa forma de apoyarse en las sensaciones para impulsarse sobre el campo no son nuevas, pero tampoco únicas. Al menos así lo ha dicho una y otra vez, recordando que el beisbolista caribeño cuenta con ese “no sé qué”, pero que lo diferencia del norteamericano, a su juicio, caracterizado por ponderar su físico sobre el talento.

La influencia del latino

En los primeros compases de la temporada 1993 de las Grandes Ligas, Vizquel y sus Marineros de Seattle celebraron el no hitter de Chris Bosio de una manera en la que muy pocos creerían que podría cerrarse un encuentro: en el noveno inning y con dos outs, una conexión con poca fuerza de Ernie Riles parecía destinada a quebrar con el encanto, pero el criollo apeló por el recurso que marcó su carrera en el béisbol, dando punto final al compromiso tomando la bola a mano limpia y lanzando a la inicial.

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“Preferí asegurar la pelota”, dijo a ESPN años después el caraqueño sobre esa jugada. Asegurar. Sí, como si las dimensiones de su mano fueran más grandes que el guante, o la bola no hiciera daño. Pero nadie debe cambiar el curso de quien está destinado a grandes cosas, mucho menos para el que en aquel entonces era un muchacho de solo 25 años y que allanaba el camino, al menos esa zafra, para obtener el primero de sus 11 Guantes de Oro en las mayores.

El Vizquel de la mano pequeña tuvo que abrirse camino con disciplina. Esa fue siempre su bandera para poder destacar desde temprana edad en un mar de niños que sueñan con hacerse profesionales en el béisbol y ser como sus ídolos. En su caso, David Concepción era su referencia.

OmarVizquel-cita4Cuando uno era un infante, el otro ya deslumbraba con su seguridad en el campocorto mientras defendía los colores de los Rojos de Cincinnati. El nativo de Ocumare de la Costa no solo llamaba la atención en un plano individual, también lo fue por su aporte en la mejor versión que el cuadro escarlata alguna vez ha tenido, y con el que se coronó en par de oportunidades en la Serie Mundial. Esa Maquinaria Roja de la cual formó parte junto a Pete Rose, Johnny Bench, Tany Pérez y Joe Morgan estará para siempre en la retina de los seguidores del béisbol como una de las más grandes dinastías de su época, además de ser uno de los conjunto pioneros en tener éxito apartando las barreras raciales.

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Del béisbol variopinto se enamoró Vizquel, quien no perdió tiempo en mostrarse en el circuito local. Fue en la campaña 1984-1985 cuando con apenas 17 años debutó con los Leones del Caracas, disputando solo 11 compromisos, pero que de gran ayuda fueron para nutrirse dentro de una franquicia en la que en su primer año coincidió con jugadores de la talla y experiencia de Jesús Alfaro, Antonio Armas, Gonzalo Márquez, así como del slugger Andrés Galarraga.

Con los melenudos acumuló 13 campañas, hasta 2007, en las cuales conectó 383 hits en 1.391 turnos, promediando .275. Vio actuación en 144 partidos de postemporadas y alzó el título de campeón nacional en cuatro temporadas (1986-1987, 1987-1988, 1989-1990 y 1994-1995).

Infancia magallanera

Las tradiciones se respetan y más cuando estas ejercen influencia a temprana edad. Así sucedió con Vizquel al momento de adoptar equipo en la pelota criolla. Cuando era niño, los viajes a Valencia, donde vivía una de las hermanas de su madre, eran frecuente. Ahí, entre caimaneras y anécdotas, cerraba sus fines de semana visitando el José Bernardo Pérez, casa de los Navegantes del Magallanes, histórico y eterno rival de los melenudos.

Así creció su amor por la disciplina, pero también por el cuadro bucanero. Con elementos de la talla de Oswaldo Olivares, Dave Parker, Gustavo Gil y Manuel Sarmiento no fue difícil para él anotarse del lado magallanero, pese a que la situación no lo condicionó al momento de desarrollarse en el deporte, sobre todo cuando a los 16 años fue invitado a entrenar con los felinos, posteriormente su equipo y familia.

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Poco a poco su trabajo con los Leones lo llevaba a establecerse como caraquista de corazón más que de profesión, y eso supo reconocerlo con el tiempo. Hoy, más que fanático, el cariño que sintió el campocorto con los eléctricos es casi no más que una anécdota de su infancia tras lo que fue su incorporación al eterno rival, pecado para muchos, pero que este logró atender como una oportunidad que lo llevaría a ser, a juicio de mucho, el mejor caraquista de la historia.

Periplo dorado

Los primeros destellos de su guante prodigioso por el béisbol venezolano coincidieron con sus responsabilidades en territorio estadounidense. Fue ahí donde, en 1984, los Marineros de Seattle le brindaron la oportunidad de formar parte de su sistema de ligas menores, etapa en la que estuvo a lo largo de cinco años, tiempo suficiente para adaptarse al sistema, al idioma y, sobre todo, a que su manera de ver las cosas sobre el campo no lo afectaran.

En su irreverencia y manera de atacar la pelota descansaba también el riesgo de saber que su accionar encontraría aliados, pero aún más detractores a la espera de un error para que este se moldeara de una forma más tradicional. Pero, para su fortuna, la pelota caribe que ahora profesa como estratega jamás lo dejó mal.

Ese muchacho cuya estructura física aseguraba pocos batazos de largo metraje tenía que hacerse sentir lo más rápido posible, así que su carrera, contrario al mote de súper prospecto que podrían tener otros, debía contar con un arranque estelar.

OmarVizquel-cita3Su primer año fue discreto en el plano ofensivo, pero su defensa colocaría su nombre entre los mejores de su posición, algo que no tardó en mejorar para distanciarse de los referentes en el puesto seis del orden defensivo para catapultarse a sí mismo y colarse en listas históricas.

En 1993, aún con el combinado nauta, Vizquel ganaría el primero de sus 11 Guantes de Oro, nueve de forma consecutiva en la Liga Americana, seguidilla nunca antes vista en el joven circuito para jugadores de su posición. La leyenda de Vizquel crecía entre jugadas a mano limpia, flys tomados corriendo de espaldas al home para cubrirse del sol y doble matanzas que parecían juego de niños, especialmente cuando defendió los colores de los Indios de Cleveland, entre 1994 y 2004, con el que hizo llave con el segunda base puertorriqueño Roberto Alomar.

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Pese a que su etapa dorada la alcanzó con el conjunto de Ohio, su paso se recuerda por un total de seis organizaciones, cubriendo etapas en las que la edad y el paso de nuevas generaciones iban mermando su tiempo sobre el campo, pero del que muchos, sobre todo lo más jóvenes que lograron compartir con él, siempre agradecerán.

Gigantes de San Francisco (2005-2008), Rangers de Texas (2009), Medias Blancas de Chicago (2010-2011) y Azulejos de Toronto (2012) abrieron sus puertas para contar con sus servicios, en una fase de su vida en la que, salvo su pasantía de cuatro años y dos Guantes de Oro con los californianos, era mucho más discreta que su primera mitad de carrera.

OmarVizquel-cita2En total, en la gran carpa jugó 2.968 encuentros repartidos en 24 temporadas y con seis uniformes. Su promedio de por vida en las mayores fue de .272 con 456 dobles, 77 triples, 80 jonrones, 951 impulsadas, 1.445 anotadas, 404 bases robadas y 1.028 boletos. También disputó 57 encuentros de playoffs con los Indios (1995-1999, 2001), incluidas dos Series Mundiales (1995, 1997).

Además, fue seleccionado tres veces al Juego de Estrellas (1998, 1999, 2002), es dueño del promedio de fildeo más alto (.985) de todos los tiempos entre los campocortos (mínimo 1.000 juegos) y se ubica primero en desafíos disputados en las paradas cortas (2.709) y en dobleplays (1.735). Vizquel es el pelotero de mayor edad (45 años) en la historia de la MLB que saltó al terreno como campocorto, y se superó a sí mismo como el jugador más longevo en ganar un Guante de Oro en su posición (a los 38 en 2005 y los 39 en 2006).

El artista fuera del terreno

Las pinceladas de magia con su guante fueron una constante desde niño; sin embargo, para Omar Vizquel, el arte fue algo un poco más allá, llevándolo a un plano literal. Corría el año de 1994 y la histórica huelga que dejó sin Serie Mundial a la pelota estadounidense por primera vez en 90 años dejaría el tiempo libre suficiente para que muchos buscaran un pasatiempo en aquellas jornadas en las que se debía jugar pelota, pero que la falta de acuerdo en materia salarial entre la asociación de jugadores y los dueños de los equipos acabaría con la campaña más temprano de lo planificado.

Fue en ese entonces que el venezolano buscaría refugio en la pintura. “Me gusta el arte, pero jamás pensé incursionar en algo”, confesó en julio de 2005 a Janei McCauley, de AP, cuando fue entrevistado sobre ese hobbie que hasta la fecha lo acompaña. “Uno nunca sabe los talentos que tiene. Hay que experimentar. Y a veces surge algo bueno”.

Omar Vizquel, Sandy Alomar Jr.

 

La abstracción fue su primera corriente; sin embargo, y como confirmó en 2017 en entrevista con Shirley Varnagy, su arte está ligada al estilo figurativo. De entrada, el uso del pincel sobre el lienzo le permitió tomar forma en una nueva actividad, una coincidencia agradable y que se fortaleció con el paso de los años. Su versión más introvertida también ayudó a alimentar una pasión que hoy tanto agradece.

Aún ligado al béisbol, pero como mánager, su tiempo sigue siendo limitado: viajes constantes por la carretera norteamericana, planificaciones contrarreloj, estrategias para desarrollar a los nuevos talentos y la experiencia para aplicarla sobre estos es su nueva tarea. Pero eso no lo desvincula de la pintura, y espera que jamás lo aleje; todo lo contrario, en el proceso creativo está su mayor distracción.

La asignatura pendiente

Fue con el cuadro aborigen con el que alcanzó a pelear dos veces en instancia de Serie Mundial, en la que el representante de la Liga Americana se enfrentó, primero en 1995, a unos imbatibles Bravos de Atlanta. Con una rotación de ensueño, el cuadro Tomahawk no defraudó y vio a sus brazos dominar sin mayor contratiempo a la toletería indígena, en una llave que finalizó en el sexto choque.

Sin embargo, la mayor oportunidad para el criollo se presentó dos años después, cuando enfrentaron a los recién nacidos Marlins de Florida (hoy de Miami). La última etapa del campeonato ponía en el mismo camino a dos conjuntos que no arrancaron como favoritos, pero cuyo andar por el playoff los fortaleció para meterse, en la lucha por el trofeo de campeón bajo una final inédita.

OmarVizquel-cita1Aquella definición siempre será recordada por la cerrada batalla en una fase en la que no hubo mayor holgura para uno y otro, y donde el patrón de un triunfo por lado y lado se cumplió, en este caso, para que los del sureste norteamericano se hicieran con el título en su quinto año de vida tras la expansión de 1993.

Dueños del triunfo en el primer, tercero, quinto y séptimo duelo, los peces fueron verdugos en la más clara ocasión que se le presentó a Vizquel de obtener el anillo de la Serie Mundial, su eterna asignatura pendiente en el béisbol de las Grandes Ligas como jugador.

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La inmortalidad

El último paso para que se cierre el ciclo de Vizquel en el béisbol organizado pasa por lo que los periodistas pertenecientes a la Asociación de Escritores de Béisbol de América dicten sobre su carrera. El Salón de la Fama de Cooperstown lo es todo para aquel jugador, en etapa de desarrollo o ya establecido, que apunte al máximo éxito sobre su rendimiento individual.

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A un lado quedarían para muchos los títulos de campeón, los premios a jugador Más Valioso y demás distinciones con tal de ver una placa con su nombre en el templo de los inmortales. Pero esto es algo de lo que unos pocos realmente lograrán disfrutar y que en el caso de Vizquel hoy es una opción bastante favorable.

Con su nombre en las papeletas de 2018, la votación de inicio de año no fue exitosa de buenas a primeras. La competencia no era sencilla y la elección de otrora figuras como Chipper Jones, Vladimir Guerrero, Trevor Hoffman, Jim Thome, todos elegidos con más del 75% de los votos para ingresar al Salón de la Fama dejó bastante clara la situación.

En aquella oportunidad, el capitalino vio que el 37% de los electores confiaron en sus labores dentro de la gran carpa, pero la cifra no fue suficiente para sumarlo a Luis Aparicio como los únicos criollos en el templo de los inmortales. Sin embargo, aún habrá oportunidades para él. En 2019 podría ser el turno de dos grandes favoritos como los lanzadores Mariano Rivera y Andy Pettitte, mientras que 2020 la mesa estaría servida de forma cómoda para Derek Jeter.

En caso de que los cronistas consideren que esas clases cuentan con el espacio para favorecer a otro expelotero, no hay dudas de que uno de los principales candidatos, si no el mejor, será Vizquel, el campocorto de pies ligeros que bailó salsa sobre el terreno y llevó el caribe a la pelota norteamericana para redefinir el éxito a su manera.