Adiós, Rosinés

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Las despedidas no tienen color de piel, a pesar de que VTV defienda tal noción. La emigración de la hija del propio expresidente Hugo Chávez confirma que irse demasiado no es cuestión de ideologías, razas o apellidos, mientras desmiente los tintes racistas que se le quieren imprimir a las huidas que ocurren en un país que se desmorona

La muchacha que tengo en frente en la fila para pasar por la seguridad del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar no hace más que voltear hacia la puerta de entrada. Mientras ésta se abre y se cierra con el sensor, ella alcanza a ver a los que presumo son sus familiares. Todos aprovechan estos breves momentos para levantar sus brazos en saludo. La muchacha, joven ella, alza su mano para devolver el gesto. No llora pero se le ve cabizbaja. Algo me dice que esta muchachita no vuelve a Venezuela.

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Detrás de mí hay una mujer de mi edad con dos hijas pequeñas que no alcanzan los cinco años. Todas vestidas de abrigos que nada tienen que calentar en este trópico caribeño. La mujer llora a mares mientras se pasa un Kleenex por la cara para sacudirse los fluidos de la tristeza. “Es por su bien, hijitas”, les repite a sus dos niñas. “Ya pronto vamos a estar con papá, pero quiero que sepan que tratamos y es por su bien”. Las niñas solo aprietan sus muñecas contra sus pechos, totalmente ignorantes de los consejos de una madre que está a solo un vuelo de cambiarles la vida.

Yo soy solo un turista. Alguien que va y regresa al país en quince días. Pero estos encuentros cercanos con dos extrañas me hacen pensar en lo difícil que es este momento para cualquier emigrante. Afuera de la zona de seguridad del aeropuerto quedan los seres queridos. Adentro, solo un funcionario anónimo que en voz indiferente pregunta: “¿Cuánto tiempo va a estar fuera de Venezuela?”. Mi respuesta es sencilla, pero la del que se va para siempre no debe ser sino la estocada final de una triste despedida. ¿Cómo se dice “más nunca” sin llorar?

Quince días después regreso a Venezuela para encontrarme que el país sigue en modalidad de despedidas. Un polémico especial llamado Yo me quedo emitido por el canal Venezolana de Televisión sobre el tema de irse o quedarse en el país asegura que la mayoría de los jóvenes que emigran “en búsqueda del sueño americano” son blancos y rubios. Allí, Carmen Cecilia Lara, presentada como psicóloga aunque en realidad es periodista y profesora de la Universidad Bolivariana de Venezuela, incluso afirma que el 60% de ellos son hijos de extranjeros que jamás sintieron arraigo por la patria.

Tuit

Me pongo a pensar en las dos mujeres que vi cuando salí de Venezuela y no puedo recordar si eran blancas o morenas, rubias o trigueñas, o sus padres nacieron en Oslo, Tokio o Tucupita. Yo solo vi lágrimas.

La discriminación en Venezuela es una bandera gubernamental para denunciar la guerra del blanco contra el negro cuando, vamos a estar claros, aquí todo el mundo tiene su buena dosis de café en la piel (porque el del mercado no se consigue). Decir que solo los blancos y rubios son los únicos que emigran no es solo irresponsable sino una falacia. Para muestra de un botón, la última en emigrar no ha sido otra que la hija menor del expresidente Chávez, la no muy rubia Rosinés.

Que haya emigrado así sea “por ahora” la hija del hombre en cuyo honor cambió el escudo de armas de Venezuela, y que para ella y su generación creara universidades y misiones, regalara Canaimitas y revisado los textos para contar la historia según él, solo prueba que no son solo los blancos y rubios los que se van del país. Si la verdad es que ni los hijos de Chávez se quedan en Venezuela, ¿por qué engañar a la población afirmando que la emigración es solo una cuestión de piel?

Mientras las políticas del Gobierno no inviertan en las bienvenidas, es comprensible que las dos mujeres que me encontré en el aeropuerto no estén planificando un pronto regreso, como sospecho tampoco lo hará la señorita Chávez en un futuro cercano. A fin de cuentas, no son solo los rubios y blancos sufren la no discriminación del hampa, el acoso político y la escasez. Tal parece que las hijas de los expresidentes también.

Lo cierto es que esos factores que impulsan a diario las despedidas no tienen que ver con la discriminación racial. Si la emigración fuera solo un caso de rubios blancos, hijos de extranjeros, sin arraigo por la patria en búsqueda del sueño americano y la codicia por el billete verde, entonces Venezolana de Televisión bien nos debe una segunda parte de su especial para explicarnos por qué se largó Rosinés.