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Alberto Barrera Tyzska, literatura para expurgar el presente

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28/12/2016
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FOTOGRAFÍA: EFREN HERNÁNDEZ

Su novela Patria o muerte logró el Premio Tusquets como partida de nacimiento, gracias a su capacidad de escudriñar en historias enmarcadas en realidades de la Venezuela de Hugo Chávez, donde los venezolanos se ven en el espejo y los extranjeros desfían sus visiones. Un libro para involucrarse y que ahora es editado en Alemania con traducción al idioma germano

Hace una década, los venezolanos recibían con alegría la noticia de que la vigésima cuarta edición del Premio Herralde de Novela recaía sobre la obra La enfermedad, de Alberto Barrera Tyszka, seleccionada entre un total de 272 obras participantes, convirtiéndola en la primera novela venezolana en obtener ese premio, y la séptima latinoamericana, antecedida por obras de Sergio Pitol, Jaime Bayly, Roberto Bolaño, Alan Pauls, Juan Villoro y Alonso Cueto.

Casi diez años más tarde, como en un juego de simetrías, el mismo autor se convirtió en el primer venezolano en ganarse otro certamen literario de relevancia para las letras hispanas: el Premio Tusquets, en su undécima edición, con su novela Patria o muerte, por decisión de un jurado presidido por Juan Marsé e integrado por Almudena Grandes, Juan Gabriel Vásquez y Juan Trejo, volviendo a colocar su nombre, y de alguna forma tangencial a las letras venezolanas, en el centro de atención del mundo literario hispanohablante.

Recibió la noticia en Chile, donde se encontraba preparando un taller sobre guión en la Universidad Diego Portales, de Santiago. Ahora, se hace pública la edición alemana de Patria o muerte, traducida como Die letzten Tage des Comandante (Los últimos días del Comandante).

Buchcover Alberto Barrera Tyszka Die letzten Tage des Comandante

“Toda escritura es urgente”

Alberto tiene en su haber cuatro novelas: También el corazón es un descuido, de 2001; La enfermedad, de 2006; Rating, de 2011 y la reciente Patria o muerte, recién publicada. Como se ve, es un autor que se toma su tiempo.

A la pregunta de cuánto le había tomado concluir su título más reciente, señaló que, aunque tiene disciplina y trabaja todos los días, no escribe siguiendo un orden lineal ni un método demasiado claro. “Avanzo a tientas. Tardo mucho pensando y decantando internamente la historia”, agregando que se trata de una novela que se construye con las historias de distintos personajes, las cuales van conformando un relato coral. “Con algunos de ellos vengo trabajando desde hace 5 años, pero todo empezó a tomar una forma unitaria, a agarrar un rumbo definitivo, hacia mediados de 2011”, concluyendo ese proceso de cocción el pasado diciembre.

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En su manera de atacar los proyectos, no puede determinar un momento de iluminación, un chispazo que marque el nacimiento de las historias. “Voy lentamente. Veo, escucho, pienso algo… y me interesa y empiezo a manosearlo internamente, a darle vueltas. Pero no sé muy bien adónde voy a llegar. No tengo un rapto que me ilumine y me dispare a escribir de un tirón. Me encantaría pero no es así. No se me da”, comenta.

Las historias que se desarrollan en Patria o muerte tienen como atmósfera general la Venezuela de Hugo Chávez. Figura sobre la cual es difícil establecer un punto medio. Bien lo sabe Barrera Tyszka, que emprendió, junto a la periodista y esposa Cristina Marcano, la biografía no autorizada Chávez sin uniforme, auténtico bestseller de consulta obligada para acercarse al personaje. A casi dos años de su muerte todavía sigue generando polémica. Más aún tomando en cuenta que dejó un aparato que ha profundizado las consecuencias de su manera de gobernar. Hacer ficción de una realidad que afecta a millones es entrar en un terreno peligroso. ¿No se corre el riesgo de que la escritura urgente pueda impedir ver los hechos con la suficiente distancia para no involucrarse demasiado? “Toda escritura es urgente”, comenta. “Digo, toda escritura nace de una urgencia, de unas ganas de decir, de un cierto desespero por contar. Por otro lado: ¿hay posibilidad de escribir y ‘no involucrarse demasiado’? ¿Tiene eso sentido, además?”, se pregunta, para agregar que llevamos 16 años de un proceso intenso, que ha cambiado muchas vidas de distinta manera. “Me parece natural y saludable que escribamos sobre eso. La literatura no ofrece conclusiones, solo desea contar”.

Insisto en el asunto, pero ahora para saber si una historia que tiene como marco de referencia una situación tan compleja, que es un tema vivo aún en la opinión pública latinoamericana, pudo haber influido de alguna manera, para bien o para mal, en la manera en que la recibiría y leería el jurado. ¿Se detuvo a pensar en eso? “Sí, claro. Pero eso mismo va a ocurrir con cualquier lector”, señala, agregando que “no pensé demasiado en ello. Podría haber sido paralizante. Creo que la novela intenta más desafiar al lector que complacerlo”.

“Afuera quieren saber qué somos”

Alberto Barrera Tyzska nació en 1960. Su madre nació en Varsovia y su familia, huyendo de la guerra, se estableció en Venezuela. Creció en Caracas. Estudió en el Colegio San Ignacio de Loyola y, posteriormente, en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, donde imparte la cátedra de Crónicas. Ha publicado los poemarios: Coyote de ventanas (1993) y Tal vez el frío (2000), y los libros de cuentos Edición de lujo, Perros Crímenes. Desde 1996 escribe semanalmente una columna dominical en el diario El Nacional, y colabora para medios como El PaísLetras Libres, Etiqueta Negra y Gatopardo.

Además del reconocimiento y, por supuesto, el metálico que supone un premio literario en la carrera de un escritor. “Hay algo que me importa mucho, y es la difusión”, señala. “Creo que para eso sirven los premios. Promociona, empujan, mueven los libros. Y eso era para mí muy importante con esta novela”. Comenta además que el asunto es sumamente relevante de cara a las dificultades que tenemos los v enezolanos. Y cuando se refiere a los venezolanos “pienso en los escritores pero también en los editores, en los distribuidores, en los libreros, pero sobre todo en los lectores… La crisis ha hecho que, en muchos casos, comprar un libro sea una inversión impensable”.

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Esta crisis y la necesidad de incrementar la presencia de la literatura venezolana más allá de nuestras fronteras son dos temas que, más que coincidir, colisionan con la realidad. Para divulgar la literatura se requiere una industria editorial sólida, y esto último requiere una economía sana. Alberto se lamenta de que la crisis haya afectado el buen momento que Venezuela vivía con las letras. “Veníamos con un ritmo trepidante, donde además se había producido un instante especial entre lectores y escritores en el país. En los últimos años se dieron grandes éxitos editoriales, excelentes libros de periodismo, de historia, de literatura… Todo eso es devorado ahora por la situación. El tema de la visibilidad en el exterior es difícil, complejo. No sé si hay una receta, un decálogo que sea eficaz. Pero ciertamente afuera hay interés, hay curiosidad. También afuera quieren saber qué somos, qué está pasando aquí”, puntualiza.

Curiosamente, paralelo a una crisis que engulle todos los órdenes de la vida nacional, la creación artística se encuentra en un momento floreciente. No sólo los premios internacionales para películas y libros que criollos han recibido en los últimos años, sino también una erupción de excelentes propuestas musicales. ¿A qué cree que se debe este repunte en momentos en que nuestra sociedad parece naufragar en el desaliento y la falta de norte? Señala que, aunque hay toda una teoría que trata de establecer esa relación entre las crisis sociales y los momentos fértiles para el arte, no está seguro de que la historia pueda demostrar que eso sea siempre cierto. “Sí creo que, en este contexto país, la intención de la élite dominante por construir e imponer una nueva hegemonía, ha logrado que haya un ansia por producir y consumir expresiones simbólicas diferentes. Ante el poder que ha elegido ser una iglesia monocorde, que se repite su sermón en cadena, de manera autoritaria… la diversidad se resiste y busca cada vez más espacios para expresarse”.

“Me interesa lo que duele”

Además de narrador y columnista de prensa, Alberto tiene una dilatada trayectoria como guionista de televisión. Trabaja o ha trabajado para televisoras de México, Argentina, Colombia y, por supuesto, Venezuela. Es decir, dedica todo su tiempo útil para tramar historias y escribirlas, en todos los formatos posibles. ¿Qué es lo que más valora a la hora de escribir? ¿Cuáles son los elementos que privilegia dentro de la composición de sus historias? “Para mí el antes y después del acto mismo de escribir son también otras formas de la escritura. Antes, pienso. Después, leo, releo. Imaginar y corregir forman parte del oficio, son también ‘escribir’. Yo construyo mis historias, en buena medida, a partir de los personajes. Y tardo mucho en sentirme a gusto con ellos. Pero necesito hacerlo. Convivo mucho con ellos, los pienso mucho, los muevo, antes de poder ponerme a escribirlos”. Y en cuanto a los temas que mueven resortes en él, comenta que “me interesa lo que duele, lo frágil, lo que está mal hecho, lo irreparable”.

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En Latinoamérica es complicado para un autor vivir de la escritura. Alberto Barrera es de esos que se lo propuso y lo ha logrado. Comenzó a escribir, más o menos en serio, desde la adolescencia. Ya en primer o segundo año de bachillerato producía cuentos y poemas. Pero sería como a los veinte años que comenzó a sentir “que tenía una vocación muy testaruda”, y descubrió que quería dedicarse a ello. Había fracasado en un primer intento, como redactor de una agencia de publicidad. Ya tenía una hija de un año cuando se ganaba la vida como empleado en el archivo de un periódico. Necesitaba con urgencia mejorar sus ingresos. Un día, un amigo que trabajaba en RCTV lo llamó y le preguntó si quería ser dialoguista de una telenovela. Por supuesto, le dijo que sí de inmediato.

Desde ese momento, hace ya casi 30 años, vive de escribir.