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Amar a Chávez es odiar el pasado

amorachavez
20/04/2017
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COMPOSICIÓN FOTOGRÁFICA: IVÁN ZAMBRANO

La historia republicana del país, los símbolos patrios o el descubrimiento de América no son importantes de acuerdo con los lineamientos educativos actuales. En ellos solo tienen cabida la exacerbación y alabanzas de la figura de Chávez, en tanto se acrecienta la polarización en la población estudiantil

Las gríngolas políticas y las rémoras ideológicas alcanzaron el conocimiento plural que debería producirse y fomentarse en los planteles públicos del país. Se evidencia en las carteleras, en las formaciones cívicas, incluso en las obras de teatro que los estudiantes ensayan como actividad cultural: la revolución bolivariana es prioridad educativa. La semilla del proselitismo germinó progresivamente desde la aprobación de la Ley Orgánica de Educación en 2009 hasta florecer en lealtad evidente y obligada al fallecido expresidente Hugo Chávez. El despropósito en los salones y pupitres insufla de odios, aumenta las diferencias y jamás tiende puentes de concordia y perdón.

La frase “Aquí no se habla mal de Chávez”, que adorna oficinas de instituciones públicas, páginas web de ministerios, algunos registros y notarías bajo la orden de Diosdado Cabello, ahora también exorna —más bien decolora— el interior de la unidad educativa Gran Colombia, ubicada en La Bandera. “Llegó la imposición de que se hicieran carteleras que señalaran la frase, todos los pisos del sitio están llenos”, denuncia Raquel Figueroa, especialista en Políticas Educativas y dirigente sindical nacional del Colegio de Profesores (FENAPRODO-CPV). Explica que han pretendido usar la institución con fines proselitistas, como el uso de las instalaciones para celebrar asambleas de círculos bolivarianos todos los fines de semana.

El caso no es la excepción. La pleitesía y rendimiento a Chávez es el común denominador en los liceos públicos de la capital y el interior del país. Un grupo de representantes de la Escuela Bolivariana Don Samuel, ubicada en la ciudad de Barinas, se vio en la necesidad de cubrir con pintura azul la cara del difunto presidente que funcionarios de algún organismo gubernamental, no identificados, dibujaron el 5 de marzo de 2017, según informaciones de El Pitazo. Un caso similar apareció en la capital, cuando la directiva del liceo Ramón Montilla Oropeza ordenó a los niños de 1°, 2° y 3° grado a pintar la cara de Chávez en una de las paredes de la institución, alega Karina Molina, profesora de la institución.

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En el mismo plantel se celebró una jornada destinada para todos los mayores de 15 años. Debían sacarse el carnet de la patria, creado desde el Ejecutivo en diciembre de 2016. “Tuvimos casi una semana paralizada. Unos cuatro estudiantes se negaron al principio, pero terminaron sacándoselo todos, por una cosa u otra. Nadie se escapa, todo es alabar a Chávez, todo es un control. Eso es fascismo”, se queja Molina. Los 64 muchachos que participaron en el procedimiento se suman a los 8.424.530 venezolanos que lo tienen, según declaraciones del presidente Nicolás Maduro. El número desestima las alertas de expertos sobre los mecanismos de control que trae consigo.

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Fechas rojas

Raquel Figueroa, especialista en Políticas Educativas y dirigente sindical nacional del Colegio de Profesores (FENAPRODO-CPV), denota que desde el Ministerio de Educación se gestó la polarización sustentada en la idolatría al finado de Sabaneta: “Están centrados en un boom propagandístico para señalar que la educación tiene calidad porque se le está dando un contenido humano usando la imagen dogmática y mesiánica de Chávez”. Hechos de relevancia histórica, por sus procesos y consecuencias, como la firma del Acta de la Independencia, la Batalla de Carabobo, o las diversas presidencias después de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, son opacados por la gran figura del chavismo y sus escuálidas “hazañas” —más bien desaguisados, como el golpe de Estado a Carlos Andrés Pérez en 1992.

Un 4 de febrero, Chávez protagonizaba todas las carteleras del liceo Antonio Guzmán Blanco en El Paraíso. También se festejó un gran homenajeado durante el acto cívico. “Lo ponen como el gran hombre de la patria, como el gran prócer. Igual sucede en su cumpleaños o en el día de su muerte”, cuenta un profesor de tendencia opositora que prefiere mantenerse en el anonimato. Desde unos parlantes, una grabación del fundador de Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), cantando el himno nacional, remplaza la belleza y musicalidades de Vicente Salias y Juan José Landaeta. Además, un alumno lee un discurso en su honor preparado por la directiva. “El 4 de febrero se celebra como si fuera el día de la dignidad”, explica otra profesora del plantel.

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Situación similar ocurre en liceo bolivariano Julio Bustamante, ubicado en El Recreo. Sus alumnos no sólo deben honrar las fechas de la tolda roja, nacimiento y muerte de Chávez, 28 de julio y 5 de marzo respectivamente, sino que también en ocasiones deben escuchar audios del extinto programa Aló Presidente. “Si cumplió años, en el liceo hay que celebrar: se hacen afiches y pendones, se pintan murales de Chávez y dicen mensajes o frases que haya dicho, emulando a algún prócer independentista”, explica Dennis Palma, profesor. Como miembro del Sindicato Venezolano de Maestros (Sindema), alza la voz por los que callan. Se queja de que buscan conducir a un claro adoctrinamiento político, tanto con los textos de cátedras como con las “exhortaciones” a dar a conocer los autores de los acontecimientos más recientes del país.

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Los 13 de abril se suman a la lista y no como una fecha para reflexionar sobre el desenlace violento que bañó de sangre a Puente Llaguno, en las cercanías de Miraflores, en medio de las protestas del 11 de abril de 2002, sino como un día excelso por el regreso de Chávez a la silla presidencial luego de su renuncia. “Las fechas patrias se convierten en días muy secundarios. El 13 de abril es más glorioso que el 19, por ejemplo. Lo celebran hasta con una obra de teatro. El 19 de abril se pone muy chiquitico en las carteleras”, explica la profesora del liceo Antonio Guzmán Blanco.

El 12 de octubre, otrora conocido como el Día de la Raza y ahora denominado como Día de la Resistencia Indígena, desde 2002, por orden presidencial, dejó de ser una fecha para celebrar la herencia genética y cultural en los liceos públicos de Caracas. “Ya no es el encuentro de dos mundos, sino la resistencia desde el punto de vista de los insultos. Durante los actos cívicos se habla mal de Cristóbal Colón que si fue un sinvergüenza, que si los españoles que llegaron a Venezuela eran unos violadores, unos sádicos. Todo eso lo dicen por el micrófono a los estudiantes”.

En el liceo bolivariano Julio Bustamante, los desfiles conmemorativos durante los 12 de octubre tienen tintes rojos. Palma, profesor de la institución, cuenta cómo ponen a los muchachos del plantel en guayucos, disfrazados de caciques e indígenas, realzando una resistencia que, desde su perspectiva, no ocurrió. El traslado de las ayas del Libertador, Hipólita Bolívar y Negra Matea, junto a la líder Apacuana, india Quiriquire, al Panteón Nacional el 8 de marzo también representó otro festejo dentro de la institución. “Las exaltaron como si eran grandes heroínas de la patria, entregaron una gran cantidad de folletos e hicieron actividades gastronómicas alusivas a la época. Estoy en contra con la forma en cómo las utilizan, porque las enaltecen desde el punto de vista ideológico. Todas las actividades que se realizan en esas fechas obedecen a tendencias del gobierno. Se ha pretendido distorsionar la historia. Se ve con el mismo Libertador, que lo ponen con un rostro diferente”, explica Palma.

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Entre líneas

El Proceso de Transformación Curricular, para la modalidad de jóvenes y adultos y para el nivel de educación Media General, es de las mayores muestras de cercenamiento intelectual que sufren los liceos públicos venezolanos. Las resoluciones 0142 y 1043 firmadas por el entonces ministro de Educación, Rodulfo Pérez, y oficializadas en Gaceta Oficial el 2 de diciembre de 2016, son un plomo al ala de la pluralidad. Palma, miembro del Sindicato de Profesores, asegura que “está ocurriendo en todos los planteles del país”, pesar de que se suspendió el artículo 8 de la resolución 0143. Este establecía que el plan de estudio ya no se desarrollaría en el sistema privado y para los liceos públicos se mantendría sólo donde ya se había implementado. Además de la unificación de materias en áreas de concentración, el profesor alerta que “cuando vas a la aplicación de currículo de un área, 16 temas se reducen a cuatro en todo el año. Se le da prioridad a las actividades extracurriculares, y el estudiante no reprueba. Es una aberración lo que está ocurriendo”.

La enseñanza, ya desgarrada, en el liceo Antonio Guzmán Blanco llegó a terapia intensiva por la utilización de la Colección Bicentenario, elevada desde el Ministerio de Educación como un recurso de vanguardia para asegurar la calidad pedagógica. “La biblioteca la desaparecieron, todos los libros que teníamos allí los botaron y los reemplazaron por estos libros nuevos de la Colección Bicentenario. Eso fue hace casi tres años”, denuncia una profesora que habla desde el anonimato. Ahora, debe especificar en su planificación diaria qué libros usa, con las páginas anotadas.

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“Se está formando una sociedad descompuesta porque se está usando nada menos que una escuela para proselitismo político. Los muchachos se están educando fuera de la ética, de los principios democráticos, incluso de una formación de un ciudadano. Estamos ante una estafa de una educación que dicen que es de calidad. Si dentro de los planteles hay violencia, proselitismo y te imponen una visión de la vida y el mundo, no es una educación democrática”, manifiesta Figueroa, especialista en Políticas Educativas.

La polarización —que se traduce también en odios, en la remarcación de las diferencias, como si fueran malas y no ricas en oportunidades— ha llegado a extremos violentos dentro de los planteles públicos. El Liceo Manuel Urbaneja Achepohl, ubicado en la parroquia Santa Rosalía, es testigo de la mala fe. El 21 de marzo de 2017, funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana ingresaron al sitio con armas y dispararon perdigones contra los alumnos y docentes por un alzamiento estudiantil. A pesar de que los medios reportan que ocurrió por un malentendido sobre una camisa de promoción, Palma asegura que sucedió por la destitución de la antigua directora y el ascenso del subdirector, de tendencia chavista. “Estudiantes de 5° año protestaron porque querían imponerles una visión política. El reclamo terminó en represión, los perdigones y el gas”, se lamenta.