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Amos Oz, maestro de las letras y pacifista israelí

El escritor israelí Amos Oz muere de cáncer a los 79 años
31/12/2018
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FOTOGRAFÍAS: EFE Y AFP

Amos Oz, uno de los escritores israelíes más leídos en el mundo, declarado pacifista e izquierdista, murió el pasado viernes a los 79 años tras una breve lucha contra el cáncer. Este 31 de diciembre ha sido despedido por miles de israelíes en una emotiva y modesta ceremonia en Tel Aviv

Amos Os nació en Palestina bajo mandato británico y ha muerto el año en que Israel cumple 70, dejando un legado de más de 40 libros y una actividad pacifista materializada, entre otras cosas, en la ONG Shalom Ajshav, de la que fue cofundador.

Hijo de judíos llegados de Europa del Este a Palestina cuando los horrores del Holocausto comenzaban, Oz nació con el apellido Klausner en Jerusalén el 4 de mayo de 1939.

Aquella Jerusalén la describió Oz en su libro “Una historia de amor y oscuridad”, llevada después al cine por la actriz y directora israelo-estadounidense Natalie Portman.

Oz creció en una familia a la que solía describir en sus entrevistas como “sionista militante”, cumplió su servicio militar obligatorio en la brigada Najal, y sirvió en dos guerras como reservista, en la de los Seis días, de 1967, y la de Yom Kipur, de 1973.

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Después de la primera, pasó a ser un temprano defensor de la solución de los dos Estados, uno israelí y otro palestino. En una entrevista con Efe en 2015, Oz dijo que la paz entre Israel y Palestina “es absolutamente posible, no fácil, pero posible”.

“No pueden simplemente irse de luna de miel juntos, no después de cien años de violencia, de odio, de injusticia. No pueden convertirse en amantes de la noche a la mañana, pero sí pueden llegar a ser vecinos, pueden dividir la casa en dos apartamentos (…) Todo lo que necesitamos son unos líderes valientes en ambos lados, pero no los tenemos”, reflexionó.

El joven Oz comenzó a publicar novelas en 1961, a los 22 años, y uno antes se había casado con Nili Zukerman, con la que tuvo tres hijos. Entre sus libros más conocidos, traducidos a 45 idiomas, está “La caja negra”, “En la tierra de Israel” y “Mi Michael”.

Fue galardonado con docenas de premios, entre ellos el Príncipe de Asturias de las Letras, el Frank Kafka o la Medalla Internacional de la Tolerancia, y aunque no ganó el Nobel de Literatura su nombre sonó durante años como candidato.

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También publicó cientos de ensayos y artículos de opinión sobre el conflicto israelo-palestino, pero no tocó el tema en sus novelas porque aseguraba que es “una perdida de tiempo escribir una novela para decir a los rusos que dejen de luchar contra los ucranianos”.

Y añadía: “Lo puedes decir en 600 palabras, en un ensayo en El País o en La Vanguardia”, pero no en las novelas puesto que “no son un manifiesto político”.

Muchas de las historias de Oz tienen como escenario la vida del kibutz -él creció en uno, Hulda, en el centro del país- y exploran la condición humana, las más de las veces a través de las relaciones de sus personajes con el moderno Estado de Israel.

El autor se pronunció públicamente un sin número de ocasiones contra las operaciones militares israelíes en Líbano y Gaza, urgiendo al diálogo y la contención. Entendía el conflicto del país en el que vivía como “un choque trágico entre dos derechos”.

En los últimos años criticó el movimiento de boicot promovido por palestinos y secundado internacionalmente contra Israel: “No creo en los boicot porque hacen a las personas más radicales, no más flexibles”, afirmó.

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“Personalmente, no compro ningún producto que provenga de los asentamientos en Cisjordania porque estoy en contra de las colonias desde el principio, desde 1967″, dijo, pero no creía que fuera un arma para el convencimiento.

Con respecto a la legitimación de Jerusalén como capital israelí por parte del presidente estadounidense, Donald Trump, Oz dijo en una de sus últimas entrevistas en el diario Haaretz que ignoraba cuál sería el futuro de Jerusalén, pero aconsejó: “Todos los países en el mundo deben seguir el movimiento de Trump y trasladar sus embajadas en Israel a Jerusalén. Al mismo tiempo que cada uno de ellos debe abrir su propia embajada en Jerusalén Este, la capital de los palestinos”.

Israelíes se despiden

“Nuestro querido Amos, han pasado ya dos días y no sé cómo escoger las palabras, si hablar de mi Amos o del de todos”, pronunció el presidente de Israel, Reuvén Rivlin, frente a la abarrotada sala del teatro Tzavta, en la que estaba presente la familia de Oz y un amplio número de políticos, personas de la cultura y público de todo el país.

El presidente, viejo amigo del literato, con el que fue al colegio durante la infancia, posó las dos manos sobre la caja cubierta con una tela negra y cuatro coronas de flores, donde yacía el cuerpo de Oz, y se puso una kipá negra (solideo) sobre la cabeza, en señal de respeto religioso, diciendo: “Amos no se enfadaría”, aludiendo al laicismo militante del escritor.

Rivlin eligió recordar a su amigo como aquel chico que no jugaba al fútbol, pero hacía visitas a los compañeros que caían enfermos. También habló del hombre que no tenía miedo “de que le llamasen traidor”, refiriéndose a las diversas ocasiones en que Oz entró en conflicto con las instituciones israelíes conservadoras.

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La mayor de sus hijas, Fania Salzberg-Oz, dijo a los presentes que “un escritor tiene que morir un viernes, aunque todos sabemos que los sabios judíos mueren en sábado”. Agregó: “La esperanza de paz entre israelíes y palestinos era algo en lo que insistía porque creía que había progreso y que los seres humanos se podían hacer mejores. Su resumen de los Diez Mandamientos era ‘no hagas daño’. Y su día se resumía en eso: levantarse a las 4 de la mañana, dar un paseo y sentarse a no hacer daño”, dijo la primogénita de Oz.

Entre las muchas personas que acudieron a dar el último adiós al que Rivlin llamó en varias ocasiones “el mayor escritor israelí”, estaban la jefa de la oposición Tzipi Livni; el parlamentario Ayman Odeh, de la Lista Árabe Unida; Ehud Barak, ex primer ministro laborista, o la ministra de cultura, Miri Reguev.

Memorial service for Israeli writer Amos Oz in Tel Aviv