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Antonio Ledezma evadió la venganza del chavismo

Ledezma
17/11/2017
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FOTOGRAFÍAS: AFP

Luego de casi tres años encerrado en su casa, Antonio Ledezma se le escapó al Sebin. El 17 de noviembre de 2017 el alcalde metropolitano emprendió la fuga. Su evasión fue hacia Colombia, donde entró por tierra según confirmó Migración de ese país. La autoridad electa por los caraqueños se evadió del Sebin mientras el juicio que enfrenta sufre las dilaciones de un sistema judicial que desea castigarlo más que juzgarlo

La revolución ni perdona ni olvida. El pasado condena el presente del alcalde metropolitano, Antonio Ledezma. “Y el otro que ha retado a nuestro pueblo, responsable de masacres como la del 27 de febrero, el otro que viene de la tradición adeca represiva, que bastante persiguió a nuestra generación en las calles y nos asesinó a Sergio Rodríguez, a Belinda y a cuántos compañeros en los años 80 y 90”, espetó el presidente Nicolás Maduro desde Miraflores la noche del jueves 19 febrero, luego de que se produjera la detención de la máxima autoridad de Caracas.

Ledezma estuvo preso por su presunta participación en un complot para derrocar a Maduro, según la versión oficial. Sin embargo, en su discurso, el chavismo sustenta la acusación echando mano del baúl de los recuerdos. De los malos recuerdos. Luego de casi tres años preso, así sea en su casa, su caso no avanzó judicialmente. Lo importante era tenerlo encerrado.

Finalmente, el 17 de noviembre apenas despuntando el alba, el alcalde metropolitano cruzó la frontera con Colombia, en el estado Táchira, evadido de la policía política de Maduro, el Sebin. Entró por tierra al país vecino, según confirmó la autoridad de Migración. En sus primeras palabras desde Cúcuta, Ledezma afirmó a Caracol Radio que su fuga fue “una travesía peliculesca, que superó 29 puestos de seguridad de la Guardia Nacional” y otros cuerpos de seguridad.

El líder del partido Alianza Bravo Pueblo enfiló hacia Madrid, España, para reencontrarse con su familia y darle nueva forma a su lucha política para “liberar a Venezuela”. Es el colofón de un año en el que decidió no callar.

En julio de 2017, desde su presidio residencial, votó en la consulta popular del 16 de julio, y grabó un mensaje a los venezolanos. Y luego de la elección a la fraudulenta constituyente de Nicolás Maduro, registró otro mensaje.

Ambos audiovisuales violaron sus condiciones de reclusión. El Sebin no lo perdonó. Sin presencia de fiscales del Ministerio Público y a trancas, lo sacaron de su casa en pijama la madrugada del 1° de agosto, ante el asombro de sus vecinos. Todo, para ser regresado tres días más tarde, también de madrugada, a su celda doméstica luego de probar Ramo Verde.

El chavismo y Ledezma son enemigos íntimos. Cuando los nombres de Henrique Capriles, Leopoldo López y María Corina Machado no le decían nada al país, ya el político nacido en Guárico el 1 de mayo de 1955 era protagonista de una de las etapas más convulsas de la democracia venezolana. Los que ayer encabezaban las protestas callejeras contra el “paquetazo neoliberal”, hoy dominan la estructura del Estado venezolano e interpretan como un “acto de justicia” el procesamiento de esta emblemática figura del denostado “puntofijismo”. En 1992, Luis Figueroa era presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela (FCU-UCV).

“No puedo olvidar que Ledezma ordenó allanamientos y detenciones. No puedo olvidar las muertes de Belinda Álvarez, María Verónica Tessari y Sergio Rodríguez, quien cayó en la esquina de El Chorro como resultado de la represión liderada por la Policía Metropolitana (PM)”, admite quien ahora es el jefe civil del Estado Mayor contra la Guerra Económica en el estado Miranda.

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Consultado en 2009 por el caso de Tessari, fallecida a causa del impacto de una bomba lacrimógena en su cráneo en medio de una protesta ocurrida en la UCV, Ledezma declaró a Ávila TV: “Recuerdo a un gobernador que prohibía el uso de municiones, pregúntale a (Freddy) Bernal, que comandaba el pelotón”. De hecho, Bernal llegó a coordinar el Comando Especial Táctico de Apoyo (CETA) de la PM antes de convertirse en un referente de la revolución chavista. En los tiempos de Figueroa al frente de la FCU-UCV, Ledezma se desempeñaba como gobernador del Distrito Federal designado por el presidente Carlos Andrés Pérez. “Ledezma fue uno de los brazos ejecutores en Caracas de Pérez y, por tanto, expresión directa de toda esa política de implantación del sistema neoliberal”, afirma.

El dirigente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) rememora los conflictos sociales que sacudieron aquellos años, en especial, las protestas estudiantiles y de los pensionados y jubilados que reclamaban sus derechos. “Ledezma fue un actor político de la represión. Él ordenó acciones contra la UCV para evitar que nuestras luchas impactaran en el resto de la sociedad”, sostiene. Figueroa justifica el proceso contra el antiguo vicepresidente de la Cámara de Senadores y rechaza que pretenda “victimizarse”. “No es válido ponerle un ropaje de oveja a quien fue un feroz represor”, insiste el ex ministro de Vivienda y Hábitat, que más de 20 años después mantiene frescos en la memoria aquellos choques contra la PM. “Ledezma tendrá que responder a la sociedad porque sigue jugando a la inestabilidad política”, sentencia.

Control total

Donde el chavismo observa razones históricas, el politólogo Carlos Raúl Hernández ve simples excusas. “La sanción contra Ledezma no tiene que ver con ninguna ley, sino que es una decisión de fuerza que se basa en el control autoritario de los organismos judiciales”, expone el académico, que resume la fórmula oficialista en estos términos: “El Gobierno resuelve apresar a alguien y después inventa el motivo”. Levantar un expediente rebuscando en el pasado tampoco sería una apuesta original de Miraflores.

“Los comunistas usan mucho el falseamiento de la historia para sus fines. No son argumentos, son racionalizaciones y pretextos que se apoyan en el control hegemónico de la institucionalidad venezolana”, subraya Hernández.

Hay fuego en el 23

José Pinto no tiene nada agradable que decir sobre el líder opositor. “Ledezma fue un vulgar represor, violador permanente de los Derechos Humanos, no solo contra estudiantes sino contra todo el pueblo”, apunta el fundador del partido Tupamaros. “Yo fui secuestrado por la PM y me allanaron la casa. Esa Policía Metropolitana que torturaba en los calabozos de Cotiza perpetró asesinatos en el propio 23 de Enero, que fue una de las zonas de Caracas que más sufrió la represión en los tiempos de Ledezma y Pérez”, enfatiza Pinto, quien contrasta la “legalidad” de la aprehensión del alcalde metropolitano con los abusos que habría cometido en su gestión como gobernador del Distrito Federal. “Antes no dejaban que nos visitaran nuestros familiares y abogados. No existían ni Fiscalía ni defensores de los DDHH”, suelta.

En los oídos del viejo tupamaro retumban las palabras de su enconado rival. “Ledezma decía que había que acabar con los ‘encapuchados’, los ‘insurrectos’. Él tiene que pagar por todos los asesinatos que ha habido y que ha direccionado en todos estos años. Él ha estado involucrado en los intentos de golpe de Estado y, sin embargo, se le están respetando todos sus derechos. Creo que se está haciendo un acto de justicia, no puede seguir habiendo impunidad, tiene que pagar todo lo que le ha hecho al pueblo venezolano”.

Ledezma conquistó la Alcaldía de Caracas en 1996, tras derrotar a su víctima electoral favorita: Aristóbulo Istúriz. En esa época, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no soñaba ni nacer y el comandante Hugo Chávez llamaba a la abstención. La pelea por el control de la capital se concentró entre AD y La Causa R (LCR). “No sé de dónde le sacaron la vena democrática a Ledezma, que es un tipo represivo, cobarde. A mí me emboscó cuando fueron a demoler el mercado de Nuevo Circo”, narra Rafael Uzcátegui, quien era diputado suplente de Vladimir Villegas por LCR. De acuerdo con su testimonio, el alcalde orquestó una agresión en su contra, mientras atendía a trabajadores informales que estaban siendo desalojados del vetusto terminal de pasajeros. Uzcátegui es en la actualidad el secretario nacional de Patria Para Todos (PPT), miembro del Gran Polo Patriótico.

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“A Ledezma le tocó ser gobernador de Caracas en un período de altísima confrontación y administró la PM en un momento de represión bestial, cuando las manifestaciones se disolvían a tiros. Una de las cosas más serias que ha quedado en total impunidad fue la masacre del retén de Catia, que costó la vida de 200 personas, allí estuvo la mano de Ledezma”, destaca. El portavoz de PPT relata con detalle aquellos enfrentamientos en la Cámara Municipal de Caracas en los 90 y las sanciones aplicadas a tres concejalas de LCR, Dinorah Figuera, Xiomara Lucena y Mary Pili Hernández, y los agravios contra Carlos Melo.

Ahora Lucena y Hernández militan en el PSUV, Figuera es diputada por Primero Justicia y Melo terminó en el partido Avanzada Progresista. “Ledezma no es ningún niño de pecho, pero siguió como si no hubiera pasado nada, haciendo y deshaciendo. Él comandó una represión bestial y también estuvo incurso en muchos delitos de corrupción, ese es su triste pasado”, concluye Uzcátegui.

Golpe estratégico

El profesor Oscar Vallés cree que el chavismo “escarba en el pasado” del impulsor de Alianza Bravo Pueblo persiguiendo, al menos, dos fines estratégicos. El primero de ellos guardaría relación con la profundización de la crisis económica y el eventual desbordamiento del malestar social. “El Gobierno teme que ese descontento pueda ser articulado y dirigido políticamente, y para nadie es un secreto que Ledezma es uno de los mejores articuladores del descontento social”, opina el jefe del departamento de Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana (Unimet).

Vallés estima que se ha puesto en marcha un plan “para incapacitar a la oposición con el objetivo de que no pueda liderar políticamente el descontento popular en aumento”. Esto pasaría por atentar contra el prestigio y la imagen pública de los voceros de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

El otro filo de esta navaja buscaría cortar los lazos que intentan cohesionar a los distintos factores que pujan en el seno de la MUD. “Ledezma y el diputado Julio Borges juegan un papel muy importante como grandes articuladores de la unidad opositora. Son dos grandes interlocutores entre diversos polos de la oposición”, indica. Partiendo de esta premisa, el investigador de la Unimet advierte que “la revolución pretende cavar un foso bien profundo para que Ledezma pierda toda posibilidad de servir de articulador de las grandes mayorías”.

El oficialismo lleva años tratando de anularlo. Apenas entendió en 2008 que era inevitable su triunfo en la Alcaldía Metropolitana, comenzó a desvalijar esa institución y creó un ministerio para la reconstrucción de Caracas y el Gobierno del Distrito Capital. Para los comicios municipales de 2013, Maduro y el regidor del municipio Libertador, Jorge Rodríguez, colocaron a uno de sus más estrechos colaboradores para vencerlo, el periodista Ernesto Villegas Poljak. La aventura desembocó en frustración y Ledezma conquistó la reelección con 710.101 votos. Sin embargo, al parecer, el chavismo entendió que llegó la hora de cobrarle a Ledezma todas las deudas pendientes.