Newsletter

Recibe nuestro Newsletter con lo mejor de El Estímulo en tu inbox a primera hora cada día.

SÍGUENOS

Cacerolas en San Juan para recibir a Maduro

portada crónica maduro san juan

La parroquia en la que el chavismo durante muchos años se adjudicó varias victorias, es hoy un lugar en donde convergen el descontento, la apatía y quienes aún creen en el gobierno. El 26 de febrero, la bienvenida al presidente de la República no fue extravagante, así como tampoco su permanencia en el lugar

Como si no se tratara de alguien lo suficientemente importante, así fue el recibimiento del mandatario nacional Nicolás Maduro al teatro Cantaclaro, ubicado en la esquina de San Pedro y sede del Partido Comunista de Venezuela (PCV), cuando el lunes 26 de febrero en la noche el mandatario acudió a recibir el respaldo de la tolda del gallo rojo a su candidatura para la reelección presidencial.

“Desde anoche está esto cerrado, pero no sabía que él venía”, decía con asombro una simpatizante del chavismo mientras esperaba ansiosa alguna señal del Presidente, un saludo quizá. Fue el domingo por la tarde cuando funcionarios de la GNB y la PNB comenzaron a restringir el paso hacia el corazón de la parroquia San Juan.

maduro teatro cantaclaro

El lunes, desde tempranas horas, la avenida San Martín –específicamente la avenida Sur 16, desde esquina de Albañales, hasta la avenida Oeste 18, la cual colinda con la esquina Cruz de la Vega– se encontraba militarizada. Los residentes del sector desconocían las razones. Muchos creyeron que la presencia de tantos funcionarios se debía a la llegada de algún producto de primera necesidad y regulado que se distribuiría en el supermercado. Otros especulaban que el despliegue era para velar por el orden público durante la venta de pan en un espacio en el que las colas, los comerciantes informales y la afluencia de usuarios de la estación Capuchinos se presta a diario para cobijar a la delincuencia del sector.

Pocos fueron astutos al conectar las señales: funcionarios, autobuses en aquel tramo de la avenida San Martín y, además, un exótico desfile de carros último modelo. Las camionetas brillaban. Las pistas estaban echadas, y la sobreexpuesta seguridad era indicador de que alguien “de importancia” estaba de visita.

A golpe de las seis de la tarde un bullicio estremeció la manzana. La algarabía y la celebración se mezclaban con el sonar de las cacerolas. Maduro hacía su gran llegada, una que –como ya es común– se caracteriza por unos cuantos halagos de sus simpatizantes y una tanda de rechazo del entorno, manifestado en cacerolazos: el habitual reclamo del hambre.

“Llegó lo mejor que tiene Venezuela”, gritaba una mujer ataviada de camisa roja y gorra tricolor con un 4F bordado, mientras ondeaba una bandera de Venezuela oteando hacia los apartamentos del Parque Residencial San Juan, hogar de las sonoras cacerolas. Aplausos, sonrisas y un bullicio que no ensordecía daban la bienvenida al presidente Nicolás Maduro. En el lugar, no más de cincuenta personas se concentraron para festejar pues el aviso fue precario. No hubo propaganda ni alarde con anterioridad que avisara a los simpatizantes de la zona que “el hijo de Chávez” estaría de visita.

maduro partido comiunista

“Maduro está aquí, vino para postularse a las elecciones con el PCV. Ese que escuchas es el secretario general del partido”, compartía un militante mientras aguardaba paciente la conclusión del acto. Las puertas del teatro estaban cerradas para el público en general; los únicos que entraron al recinto fueron los coordinadores del partido y algunos militantes seleccionados, además del postulado y su comitiva de seguridad, y “Freddy Bernal y Aristóbulo”, según deslizaba otro espectador.

“¿Lo viste? Se bajó del carro y saludó”, le comentaba un señor a otro que le respondía “sí, como que venía conduciendo”. Tras las cacerolas que fueron constante durante la visita del mandatario al lugar, los presentes, en su mayoría jóvenes entre 12 a 17 años de edad con uniformes de colegio y liceo, permanecieron sin moverse del sitio, aún con la brisa helada. Pacheco levantaba sus banderas con más fuerza.

Durante la actividad en el teatro, Maduro levantó las banderas comunistas. Dijo ser él “el gallo” rojo para estas elecciones, aprovechando el tradicional logo de la tolda fundada en 1931.

Antes, el secretario general del PCV, Óscar Figuera, resaltó que “solo hay salida a la crisis capitalista con el socialismo, que no es lo mismo decir que estamos en socialismo”. También bramó por medidas económicas radicales: “Ni un dólar más a la burguesía nacional, planteamos al presidente Nicolás Maduro Moros la nacionalización de todo el sector financiero y esperemos que se cumpla”.

A lo lejos, un grupo de copropietarios de las Residencias San Martín evaluaban la escena, reían y criticaban. En tono de burla no faltó quien dijera “tu Presidente está aquí, ve a saludar”, para luego recibir una mueca de desagrado. Y con la llegada de cada habitante, las reacciones eran las mismas: descontento. Un hombre de la comunidad, un transeúnte sin más, lo resumía en un solo clamor: “alguien que le diga a Maduro que aquí hace falta comida, medicinas y agua”.