Chávez le pidió todo a Pdvsa y los altos precios le cumplieron

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El mandatario hizo lo inimaginable con la empresa petrolera: la convirtió en una compañía alimentaria, extendió los subsidios para otros países y exacerbó la posición del Estado. La consecuencia está a la vista: una caída en la producción de casi 2 millones de barriles y sin rectificación que revierta el declive

Con motivo de su 13° aniversario, Clímax presenta la serie Deconstruyendo a Hugo Chávez

Desde el momento en que oficializó que seguiría las reglas del juego democrático a mediados de los años 90 y participaría en las elecciones de 1998, Hugo Chávez puso en la mira a Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y el sector de hidrocarburos. No era para menos, si parte de sus consejeros, como Alí Rodríguez Araque, Álvaro Silva Calderón, Bernard Mommer y Carlos Mendoza Potellá, entre otros, estaban vinculados a esa actividad y opuestos al único logro que se anotaba el segundo gobierno de Rafael Caldera para atraer la inversión extranjera: la apertura petrolera, encabezada por el presidente de la estatal, Luis Giusti.

“Los contratos de la apertura violan la Constitución; la cúpula política y económica intenta aniquilar y desnacionalizar la industria petrolera”, declaró Chávez en 1997 cuando apenas era un precandidato, tenía solo 5% de aceptación en las encuestas y se asumía que el electorado venezolano optaría por escoger a la ex Miss Universo y alcaldesa del municipio Chacao, Irene Sáez.

Chávez era el único aspirante a la primera magistratura que se declaraba en contra del regreso de las trasnacionales petroleras, y sus críticas apuntaban también a denunciar que la apertura tenía como objetivo el retiro de Venezuela de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

“El escenario que plantea Pdvsa mediante la explotación de 6 millones de barriles diarios es imposible a menos que declare la guerra petrolera a la OPEP, lo que se convierte en una de las políticas más suicidas del gobierno y evidencia que Venezuela es el primer violador de las cuotas de producción”, dijo Chávez a más de un año de ser elegido presidente.

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Desde el punto de vista tributario, cuestionaba que los acuerdos en la faja del Orinoco hubiesen establecido un pago de regalía de 1%, cuando legalmente la alícuota en este momento era de 16,66%, pero esa reducción se había convenido en los contratos de asociaciones estratégicas con el fin de hacer viables las inversiones para impulsar la producción y el mejoramiento de crudos pesados y extrapesados.

Chávez también insistía en retomar el cobro de lo que se conocía como valor fiscal de exportación, que era una obligación impositiva de la que se había exonerado a las compañías para atraer capital foráneo y mejorar el flujo de caja de Pdvsa, en detrimento del aporte fiscal.

petrolero.Las palabras del militar que formó parte de quienes dirigieron el intento de golpe de Estado de 1992 solo se hicieron disonantes cuando empezó a subir en las encuestas, e Irene Sáez descendió de manera estrepitosa antes de concluir el primer semestre de 1998. En plena campaña, Chávez introdujo un nuevo elemento que perturbó el mundo petrolero: su gobierno evaluaría la venta de Citgo, la filial de Pdvsa en Estados Unidos.

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Frente a esa situación, la directiva de la estatal mostró su preocupación y propició un encuentro con el abanderado presidencial, primeramente de manera informal entre algunos directivos y el candidato, y luego entre Chávez y Giusti, que se remitió simplemente a una exposición del plan de inversiones, que obviamente fue rechazado por el aspirante cuando a la salida declaró a los medios de comunicación.

“En la industria petrolera ha habido preocupación por estas cosas y porque aquí no se acostumbra eso. No sé realmente qué va a pasar. Me angustia por el país, por la institución y por la importancia del sector petrolero a futuro”, declaró Giusti al hacer referencia a cómo Chávez había introducido el tema petrolero en la agenda electoral y marcado una radical diferencia con los otros candidatos que figuraban en las encuestas, como Henrique Salas Römer e Irene Sáez, que sí defendían el proceso de la apertura.

El tema de la Constituyente

La designación del ministro de Energía y Minas y del presidente de Pdvsa planteó el primer desafío del sector de hidrocarburos en la era Chávez. Si bien el primer cargo, por tradición, lo ocupa una persona vinculada al mandatario nacional, y por eso nombró a Rodríguez Araque, la selección para el caso de la empresa estatal –en la medida de lo posible- desde 1976 se había intentado que estuviera exenta de aspectos políticos.

Giusti, sin embargo, no quiso esperar una decisión de Chávez y le renunció a Caldera. El recién llegado a Miraflores, para evitar traumas y tomando en cuenta que el escenario del mercado petrolero mundial era adverso por la caída de los precios, optó para la presidencia de Pdvsa por un hombre con carrera en la industria, Roberto Mandini, quien apenas permaneció seis meses en el cargo hasta que fue reemplazado por Hector Ciavaldini, también técnico de la estatal que estuvo entre sus asesores durante la campaña electoral.

El segundo desafío fue la Asamblea Nacional Constituyente porque en la redacción de la nueva Carta Magna surgían propuestas que se contraponían: por un lado, quienes recomendaban una mayor apertura a privados y extranjeros más allá de la que se había concertado en la gestión de Caldera II; y dentro del chavismo, quienes insistían en revocar la apertura petrolera, que hubiese paralizado completamente las inversiones que se estaban materializando para impulsar los proyectos de la Faja del Orinoco.

Al final, el articulado del nuevo texto constitucional mezcló aspectos estatistas con una garantía a los proyectos suscritos; y fue lo que finalmente quedó plasmado en el artículo 303 de la Constitución de 1999 que si bien indica: “…por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional, el Estado conservará la totalidad de las acciones de Pdvsa…”, al párrafo se le agrega: “exceptuando las filiales, asociaciones estratégicas o empresas que se constituya como consecuencia del desarrollo de negocios de Pdvsa”.

Una Habilitante que hizo estallar la crisis

La relegitimación de los poderes públicos que se planteó luego de aprobada la Constitución de 1999 propició una nueva elección presidencial a mediados de 2000, que fue ganada ampliamente por Chávez; y a partir de ese momento se inició el viraje dirigido a un mayor estatismo. El Presidente presentó una Ley Habilitante para legislar mediante la aprobación de decretos, aún cuando contaba con mayoría parlamentaria, y el tema petrolero fue prioritario.

A finales de 2000 removió a Ciavaldini de la presidencia de Pdvsa y designó al general Guaicaipuro Lameda, quien venía de ser jefe de la Oficina Nacional de Presupuesto, ente encargado de elaborar la Ley de Presupuesto Público, y con una trayectoria en el campo financiero dentro del Ministerio de la Defensa y la Fuerza Armada Nacional.

En materia legal, la Habilitante incorporó una nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos, que derogó toda la legislación que existía para ese momento. Fue aprobada a finales de 2001 sin que ese texto fuera discutido públicamente o recibiera observaciones por parte de expertos, salvo las de un comité de asesores designado por el ministro de Energía y Minas, para ese momento Álvaro Silva Calderón.

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En ese mismo tiempo se suscribió el acuerdo de cooperación energética con Cuba que estableció el suministro de crudo y combustibles a la isla –se llegó a cifras por encima de 100.000 barriles diarios–, en una especie de trueque o intercambio por servicios de seguridad, apoyo de personal médico de la isla en Venezuela y hasta como medio de pago, que también incluyó entrenadores deportivos y clases de ballet por parte de profesores cubanos formados por la bailarina Alicia Alonso para jóvenes venezolanos practicantes de la danza clásica o contemporánea.

Esa nueva Ley de Hidrocarburos, los choques entre Silva Calderón y Lameda, la sustitución de este último por el economista Gastón Parra Luzardo y, finalmente, el intento del gobierno de Chávez de utilizar esa legislación para revertir la apertura petrolera fueron parte de los factores que provocaron la crisis política de abril de 2002. El mandatario había ordenado, por transmisión en cadena de radio y televisión, botar a varios de los gerentes de Pdvsa que protestaron contra esos cambios que rompían con la trayectoria de meritocracia de la que se ufanaban los gerentes de la corporación.

“Debemos propiciar, trabajar y luchar incansablemente por el rescate de los recursos naturales para ponerlos al servicio de las verdaderas necesidades de la sociedad venezolana y, por lo tanto, impedir la privatización de la industria petrolera nacional”, dijo Parra Luzardo al asumir la conducción de Pdvsa.

Estalló la crisis. Chávez salió del poder por varias horas, que al final no llegaron a sumar tres días. Los gerentes botados de Pdvsa fueron reenganchados, pero eso fue solo el preámbulo de una crisis mayor: el paro petrolero que estalló el 1 de diciembre de 2002 y se extendió hasta fines de enero de 2003: una brutal y puntual caída de la producción a menos de 500.000 barriles por día, con la consecuente medida de imponer controles de cambios y precios, que se han mantenido por 15 años consecutivos.

Socialismo, petróleo y alimentos

Chávez había designado a Rafael Ramírez como ministro de Petróleo y Minería a mediados de 2002 y dos años más tarde lo nombró presidente de Pdvsa, manteniendo ambos cargos por 10 años seguidos.

Desde ese momento fue el funcionario protagonista de los cambios sustanciales que se dieron en el sector petrolero entre 2005 y 2009, aprovechando el constante aumento en los precios del petróleo que hizo pensar que una cotización sobre los 100 dólares por barriles sería casi que eterna.

“Estábamos casados con la idea de que el precio de 100 dólares era un estándar que no iba a bajar y era el precio necesario para que no se produjera una explosión de precios a 200 dólares porque esa es la garantía de que se iban a hacer las inversiones en aguas profundas del golfo de México, Alaska, Canadá y Venezuela, que tienen el petróleo que sustituirán aquellos que se van a agotar”, sostiene el economista Carlos Mendoza Potellá, quien estuvo en la directiva de Pdvsa cuando los sucesos de abril de 2002.

Hubo una seguidilla de decisiones que se fueron adoptando a partir de 2005:

1. Un cambio en la tasa de regalía a 16,66%, luego a 33%, un cobro de 50% en el impuesto sobre la renta y la imposición del tributo por ganancias extraordinarias y exorbitantes por los altos precios del crudo.

2. La migración a empresas mixtas, dentro de un esquema accionario con participación de Pdvsa mayor a 50% y no menor a 60%.

3. La extensión de la cooperación que existía con Cuba para el suministro de petróleo a otras naciones de la región, principalmente del Caribe y Cetroamérica, en lo que se llamó Petrocaribe.

4. La orden de Chávez de que Pdvsa no fuera solo una compañía vinculada al sector de hidrocarburos sino que interviniera en otros sectores productivos.

5. La estatización de las empresas de servicios en el sector de hidrocarburos y del mercado interno para la comercialización de combustibles.

6. El financiamiento de China para proyectos de infraestructura, compra de bienes e inversión petrolera pagados con el suministro de crudo y productos refinados.

7. El financiamiento y la gerencia de Pdvsa puesta a disposición de los programas sociales del gobierno de Chávez, conocidos como “misiones”.

Todo esto en un contexto en el cual abiertamente se hablaba de un modelo económico marcado por el socialismo, que tenía sus implicaciones para la principal industria de Venezuela.

“Hay que pedirle más a Pdvsa. Cada día le daremos más responsabilidades, más peso porque tiene cómo responder”, dijo Chávez cuando autorizó la participación de la petrolera en el negocio agroalimentario.

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Por citar un ejemplo, a mediados de 2008, se reformó el acta constitutiva y los estatutos de Pdvsa fueron replanteados para justificar que ahora no sólo sea una corporación energética, sino también la empresa procesadora de productos lácteos o que también fabrique aceites comestibles; se creó la filial Pdvsa, la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos en los espacios donde por años estuvieron los comodatos o supermercados para los trabajadores petroleros.

Sembramos petróleo y cosechamos soberanía alimentaria fue el eslogan que la empresa utilizó a través de su filial agrícola, proyecto que prácticamente tuvo que ser desmantelado en menos de dos años por el escándalo que se generó cuando se dio a conocer los alimentos que se importaron y se pudrieron en contenedores, principalmente en Puerto Cabello.

Al momento que se cumplían 10 años de la llegada de Chávez al poder, con precios del crudo por encima de los 100 dólares por barril, los informes de gestión de Pdvsa señalaban que la empresa producía tres millones de barriles diarios, controlaba 33% de la producción lechera del país, elaboraba 200.0000 litros de jugos naturales y hasta se hizo propietaria de la imagen de la niña que identificaba al aceite comestible Diana. La figura tradicionalmente vistió un traje verde de puntos amarillos ligeramente levantado, lo que permitía mostrar un pañal o pantaleta; pero en la compañía socialista se decidió bajarle el ruedo al traje, que además pasó a ser rojo y encima se le utilizó en parte de la propaganda del gobierno contra el capitalismo.

El desplome

Las consecuencias de estas medidas no fueron visibles aún después de que murió Hugo Chávez, gracias a que los precios del crudo se mantuvieron por encima de 100 dólares por barril, salvo por la breve coyuntura que se dio en 2009. Los ingresos adicionales permitieron mantener parte de las inversiones, el gasto social de Pdvsa, y cubrir las pérdidas que se generaron anualmente por los combustibles subsidiados.

“La productividad del sector petrolero venezolano disminuyó 70% entre 2006 y 2014”, señala el economista Ramón Key, coordinador del Centro Internacional de Energía y Ambiente del IESA. “A partir del año 2006 se continúo con una inversión, que fue cuantiosa pero ineficiente porque no permitió compensar la declinación de los yacimientos; y para el año 2014 tuvimos el efecto de la caída de esa productividad más la baja en los precios del petróleo que significó una disminución en las inversiones”, acota.

Esta merma en la productividad del sector petrolero venezolano se dio básicamente durante la gestión de Rafael Ramírez, pero el exfuncionario atribuye la crítica situación de sector a las decisiones y nombramientos hechos por el presidente Nicolás Maduro tras su salida de la industria en septiembre de 2014, y también a la baja en los precios del crudo.

“Chávez fue un militar de excepción en el sentido de que entendía que el tema petrolero era muy tecnificado; reclamaba sus recursos de los ingresos financieros. A él no se le iba ni un dólar ni un bolívar, sus regalías, sus impuestos, su fondo social para la operación”, sostiene el exministro Rafael Ramírez, ahora ferviente crítico de Nicolás Maduro, a quien acusa de destruir el legado del fallecido mandatario. “Ya la faja del Orinoco no es lo que íbamos a hacer, no existe como proyecto y Maduro está privatizando las operaciones de Pdvsa, ha vuelto a la política de descuentos, todo lo está revirtiendo sin que nadie diga nada”, sostiene.

Las inversiones petroleras están paralizadas y la consecuencia es una caída en la producción de casi dos millones de barriles diarios. El gobierno de Maduro reconoce una producción de 1,4 millones de barriles por día (menos de la mitad de la que existía en 1998), pero los pronósticos de organizaciones internacionales indican que Venezuela desaparece del mapa petrolero del mundo y su volumen de extracción apunta a menos de un millón de barriles diarios en 2019.

Periodista especializado en temas de Energía y Finanzas Públicas Profesor de Periodismo Económico en la Universidad Católica Andrés Bello.

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