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Cody Weddle, de regreso a casa

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01/04/2019
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FOTOGRAFÍAS: MARCUS CAUDILL

Después de haber permanecido en el país por cuatro años, el periodista estadounidense fue deportado el 6 de marzo, tras una detención de 12 horas en la Dgcim. Aunque no sufrió torturas, cuenta que fue interrogado por las autoridades de contrainteligencia militar

Muchos años después, frente a los oficiales de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), el periodista Cody Weddle habría de recordar aquella mañana de 2014, cuando entró por primera vez a las oficinas de Telesur y vio el retrato de Hugo Chávez colgado en la pared de la redacción. Entonces tenía 23 años y apenas hablaba español pero, al igual que Aureliano Buendía, el personaje de Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, logró salvarse. Weddle fue detenido el 6 de marzo de 2019 a las 06:30 am, en su apartamento en Caracas; 12 horas más tarde, era trasladado al aeropuerto internacional Simón Bolívar en Maiquetía, para ser deportado a su país: los Estados Unidos de América.

CodyW-cita4Para ese momento, 15 era el número de periodistas extranjeros detenidos por el régimen de Nicolás Maduro; hoy la cuenta es otra, según los datos que apunta el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS): “El totalizador marcó 155 casos de violaciones a la libertad de expresión. Se trata de un número de limitaciones sin precedentes dentro de ese período y que incluso supera la cantidad de casos registrados en los primeros seis meses del 2018, cuando los registros de esta organización constaron 124”. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa reporta que en lo que va de 2019 se acumulan al menos 40 detenciones arbitrarias de trabajadores de la prensa.

Son venezolanos y extranjeros que han publicado una realidad muy distante de lo que Miraflores intenta difundir. El Helicoide y la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) son los sitios de reclusión para aquellos indeseables de la paz nacional; malos hijos de la patria que han infringido la misericordia del autodenominado presidente constitucional: políticos, disidentes y periodistas forman un grupo amplio en los presidios.

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Weddle, a diferencia de sus colegas, no estuvo recluido allí, sino en la sede de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), en Boleíta, lugar en el que fue sometido a interrogatorios. Afuera, se libraba una batalla en las redes sociales: familiares, colegas y gremios se pronunciaban sin cesar.

La subsecretaria del Departamento de Estado, Kimberly Breier, twitteó: “Ser periodista no es un delito, exigimos la liberación inmediata del periodista”, tweet que replicaron, entre otros, los senadores republicanos Marco Rubio y Rick Scott, también Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA). Eva Golinger, defensora del antiguo gobierno chavista, tampoco se quedó callada: “El gobierno de Maduro podría usarlo para negociar con Trump, manteniéndolo como rehén. Esperemos que no llegue a esto”, escribió.

Los encuentros con las autoridades

Golinger no era la única que pensaba eso. Tanto Cody como su asistente, Carlos Camacho, que también fue detenido, pensaban lo mismo: eran el arma política que usaría Miraflores ante las acciones de la Casa Blanca a favor de Juan Guaidó, pues en los cuatro años que llevaba cubriendo noticias en Venezuela, nunca había pasado por una situación similar. “Jamás había tenido problemas con ellos. Al contrario, todos los encuentros habían sido positivos, hace unas semanas cuando tuve problemas para cruzar la frontera en Táchira, un guardia nacional evitó que un grupo de jóvenes que me pedía dinero me siguieran acosando”.

CodyW-cita3También recuerda que un miembro del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime), al enterarse de que era periodista, lo dejó ingresar sin revisar sus maletas. Lo más cercano a confrontaciones fueron algunos desencuentros con guardias nacionales o funcionarios del Sebin, que lo interrogaban en la calle por su perfil de periodista norteamericano, pero casi siempre se trataba de malentendidos que no pasaban a mayores. “Había tenido docenas de encuentros así a lo largo de mis casi cinco años en el país, y casi nunca había pasado algo parecido. Entraba y salía del país sin problemas”, comenta.

Empezaste trabajando en Telesur, un medio que respalda a Nicolás Maduro, no sólo desde ahora sino desde que se creó en 2005, ¿cómo llegaste allí y luego pasa esto?

–Sí, yo había estudiado español en Ecuador y quería seguir trabajando como periodista en Latinoamérica, pero eso no era tan fácil a los 22 años, así que me enteré del proyecto de Telesur en inglés, que era nuevo y te confieso que no sabía mucho de eso, mandé mi currículo y me contrataron, así fue como llegué a Venezuela. No entré como alguien que tenía una ideología que quería promover, pero allí vi que una cosa es tener una línea editorial y otra es hacer propaganda, yo viví eso desde adentro. Cuando tenía que ver con Venezuela, Telesur hacía propaganda y no era sólo un medio de izquierda. Estuve como presentador de noticias y luego me pasaron para corresponsalía, fue cuando comencé a pensar que no quería seguir, porque sentía que no publicaban lo que yo hacía, porque no cabía dentro de su línea. Eso me abrió los ojos sobre cómo se hacían las cosas y me retiré.

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¿Es difícil hacer periodismo en Venezuela para un extranjero?

–Se está poniendo más difícil en la medida en que siguen subiendo las tensiones políticas. Hasta ahora lo más difícil para los periodistas extranjeros ha sido grabar con equipos en protestas y otros lugares sensibles. Hemos visto cómo las autoridades han detenido a periodistas con sus equipos cuando intentan grabar en esas áreas, como afuera del Palacio de Miraflores, en el puente Simón Bolívar en la frontera de Táchira o fuera de los cuarteles.

“Dios, Jesús y María”

Cuando salió de Telesur, Weddle se dedicó al oficio de forma freelance para una docena de medios: WPLG, ABC-Miami, ABC News, CBC, NBC News, The Telegraph de Londres, The Miami Herald y el Catholic News Service. Allí trabajó todas las fuentes, escribió hasta de las guacamayas caraqueñas. Una nota sobre las Fuerzas Armadas se convirtió en el presunto motivo por el que fue detenido la mañana del miércoles 6 de marzo. “Querían saber quiénes eran los cinco generales que supuestamente yo había entrevistado en La Guaira. Nunca entrevisté a ningún general, creo que todo era una confusión. En realidad, yo había escrito acerca de los bajos rangos de las fuerzas de seguridad, no de generales”.

CodyW-cita2Al sonar el timbre, pensó que se trataba del señor del agua, pero se llevó una sorpresa: un grupo de funcionarios de la Dgcim ingresaron a su hogar con una orden de allanamiento. Equipos electrónicos, cuadernos, computadoras y discos duros fueron puestos encima de la mesa para su inspección. Una hora después, aparecieron más hombres, éstos llevaban consigo maletas negras y aparatos antiespionaje. Con un láser revisaron paredes y los aires acondicionados. Incluso, creyeron que “guacamaya” era algún código que significaba otra cosa. Weddle tenía la esperanza de que aquello sería todo, de que en un rato gozaría otra vez de su libertad, garantizada desde 1791 en la Primera Enmienda de la Constitución de su país; y desde 1999 en los artículos 57 y 58 del texto venezolano. Estaba equivocado.

“El encargado me dijo que los tenía que acompañar a su sede, para una entrevista. Ya estaba claro que tenían órdenes de no lastimarme: me dejaron cambiarme, asearme y hasta agarrar un poco de pan para comer. Cuando llegamos a la sede del Dgcim, en Boleíta Norte, me pusieron una capucha y me guiaron a un cuarto, me dijeron que no viera hacia los lados. Me cambiaron a otro y luego a otro. Así estuve como cuatro horas, creo. A veces entraban, me quitaban la capucha y me hacían preguntas, como quién trabajaba conmigo o para saber la clave de mi computadora. Era un cuarto pequeño, todo blanco, y alguien había escrito ‘Dios, Jesús y María’ en una pared, con el sucio que estaba en el piso”.

CodyW-cita1“Ahora, yo seré el periodista”

Frente a una cámara, comenzaron las preguntas. El funcionario que lo investigaba advirtió que ahora él iba a ser el periodista. Le interrogó sobre temas políticos y lo guiaban para que diera respuestas favorables al régimen de Maduro. “Querían que yo dijera que Nicolás Maduro seguía siendo el presidente, que la crisis había sido provocada por las sanciones de Estados Unidos y que qué pasaría allá o qué haría yo si otra persona se declaraba presidente. Respondí con sinceridad cada una de ellas”. Carlos Camacho ya estaba liberado.

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Mientras respondía, una oficial escribía algo en una computadora. Rumores iban y venían: al parecer, afuera se había armado una “pequeña revuelta” por su detención. “Que agarre sus peroles y se vaya”, lanzó otra funcionaria. Unos minutos más tarde, estaba en un jeep junto a otros uniformados, todos con chalecos antibalas y pistolas. Su cédula estaba confiscada, pero le devolvieron el pasaporte. El destino era Maiquetía, sería deportado. Allí estuvo hasta el día siguiente, junto a las autoridades de inmigración, previo al apagón nacional. Cerca de las 12 del medio día, subió al avión que lo llevó finalmente a Miami.

“Estoy convencido que la presión en las redes y del gremio tuvo mucho impacto. Jamás imaginé la cantidad de personas que estaban exigiendo mi liberación”, explica Weddle, quien ya se encuentra nuevamente en Meadowview, un poblado al suroeste de Virginia, donde vive con su familia. Para él, en un ambiente tan polarizado como el venezolano, los periodistas deben evitar ser activistas, a pesar de los atentados que existan en su contra.