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Crowdfunding para emigrar: pida que están por darle

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07/02/2018
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COMPOSICIÓN DE PORTADA: GABRIELA POLICARPIO

Ningún trabajo formal puede con la escalada del dólar informal. Si ahorrar en bolívares en Venezuela es difícil, en divisas es una odisea. Y para irse demasiado no hay más alternativa que tener billetes verdes, así que estos venezolanos optaron por revivir los mecenazgos. Difundieron su historia en la web y con la ayuda de conocidos y desconocidos lograron ingresos en moneda dura, que les permitieron dar el primer paso fuera de la patria

Ya no se trata de pedir ayuda para algún familiar enfermo. Tampoco de obtener recursos para alimentar a una comunidad, o medicinas para algún hospital. El crowdfunding implica micromecenazgos, y así como las ayudas pueden ser mínimas, las causas pueden ser pequeñas. Más de un venezolano ha hallado en uno de estos portales la llave para pasar del piso cromático de Cruz Diez en Maiquetía al área de embarque. Para conseguirlo, el primer paso es sacar la pena de la maleta.

Un nuevo comienzo

“Hola, mi nombre es Ana y tengo 30 años. No es fácil estar sentada escribiendo esto, pero es necesario”. Para comenzar la aventura, primero superó la vergüenza. “Uno no está acostumbrado a pedir ayuda, mucho menos a pedir dinero”, reflexiona la fotógrafa ya desde Buenos Aires. Esas primeras líneas Ana las escribió llorando, pero se armó de valor. La incitó la necesidad de emigrar.

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No fue idea suya, sino de una amiga que ha vivido en Estados Unidos por más de nueve años. “Yo le comenté que tenía unos ahorros, que me quería ir del país, pero que lo que tenía era insuficiente para pagar el pasaje y la estadía al llegar. Fue idea de ella comenzar la campaña. Yo no sabía nada de eso. Mi amiga se sentó conmigo y nos metimos las dos en la página, ella desde Estados Unidos y yo desde Venezuela”. Utilizaron el nombre de Ana, pero los datos bancarios de su amiga. Entre los requisitos de GoFundMe –la plataforma de micromecenazgo escogida– está tener una cuenta en dólares en los Estados Unidos. Ana, licenciada en Comunicación Social y fotógrafa, no la tenía.

El siguiente paso fue redactar la historia, en inglés y en español. “La verdad es que me siento en un callejón sin salida. Amo mi país, quien me conoce sabe que es así, que soy profundamente nacionalista y que siempre lo seré, pero siento que, en pro de concretar mis planes de vida, ha llegado el momento de partir”, escribió. También armó un collage con fotos que la representasen: sus sueños, oficios y ocupaciones. Y se trazó como meta recaudar 2.000 dólares.crowdfunding5No llegó a esa cifra, pero lo que reunió le alcanzó para partir. Y no solo a ella, fue suficiente para costear los boletos también de su novio y de su mejor amigo. La campaña comenzó el 6 de julio de 2017, y con ella el primer donativo: 80 dólares, que antes no tenía. Lloró en cada parte del proceso: cuando abrió la campaña, cuando recibió la primera donación, cuando retiró el dinero y cuando compró los pasajes.

“Puse como meta 2.000 dólares, pero hasta 5 me eran útiles. Así comenzó todo esto. Una vez lista la campaña la compartí por las redes sociales. En principio quienes donaron eran amigos muy allegados y familia. Sin embargo, hubo gente que me sorprendió, que se solidarizó con mi causa. Cualquier aporte era bueno”, agradece.

En una semana recaudó 415 dólares. GoFundMe se quedó con una comisión y Ana pudo retirar 390. Con eso y con sus ahorros comenzó el camino hacia el sur.

La de Ana fue una travesía que si bien hizo en avión –con aerolíneas de bajo costo–, demoró nueve días. El primer vuelo lo tomó en Caracas el 11 de octubre de 2017, ese no la sacaba de Venezuela. La llevó hasta Táchira. Pasó la frontera y de Cúcuta a Bogotá fue la única parte de la ruta trazada hasta Argentina que completó por tierra. Después hizo Bogotá-Lima, Lima-Santiago y Santiago-Buenos Aires. Pisó suelo gaucho el 20 de octubre, después de haber dormido en hostales, aeropuertos y casas de amigos.crowdfunding4Una sorpresa alegró la travesía. El 13 de octubre recibió una última donación: 500 dólares se sumaron a su causa. “Con ese dinero pude resolver el papeleo inicial, buscar alojamiento y todo lo necesario para comenzar. Afuera no es un montón de dinero, pero sí plata que resuelve”. En total, Ana recaudó 915 dólares a través de la plataforma.

“Creo que sí funciona. Que sí vale la pena. Desde mi experiencia sí es posible irse recaudando dinero a través de una página como GoFundMe. De repente a alguien que conozca a más personas con dinero le va mejor. Sin embargo, 915 dólares no son nada despreciables, y para alguien que no tiene ni 100 es bastante”.

Música para exportar

Un violín, un pincel y una licenciatura en Música no son suficientes para subsistir en la Venezuela del socialismo del siglo XXI. Andrea, con su salario enseñando lenguaje musical en escuelas, al menos, no podía. Tampoco como violinista de la Orquesta Sinfónica de Maracaibo, y menos como profesora en el Sistema de Orquesta. A ese último empleo debió renunciar por temor a que la asaltaran en el camino hasta el núcleo en el que le correspondía dar clases. Así que pudieron más sus ganas y la convicción de que no estaba haciendo nada malo. Con la ayuda de unas amigas peruanas, que conoció por internet, se aventuró a buscar patrocinios en Generosity en abril de 2017.

El primer mes no recaudó casi nada, escasos 50 dólares de 1.300 que había puesto como meta. Así pasaron casi dos meses hasta que un día la contacto una reportera del portal digital Buzzfeed. Publicar su historia en la web que tiene más de 6,4 millones de seguidores en Twitter fue el espaldarazo que necesitaba. La campaña despegó y logró completar 1.000 dólares, además de conseguir un empleo por internet, en el que todavía está, y cuyo pago recibe en criptomonedas.

crowdfunding3Comenzó con un blog en el que publica sus pinturas y terminó colaborando en la sección hispana de la web en la selección de contenidos. Todo estaba dado para que se marchara en septiembre de 2017 a Ecuador, pero la esposa del primo que la recibiría se complicó de salud y no pudieron acogerla entonces. No obstante, el viaje sigue en pie. “Máximo, máximo en junio o julio de este año me voy”, vaticina.

“Puedo mantener el trabajo en el que estoy ahorita porque lo único que necesito es una buena conexión a Internet”, que en Venezuela no tiene porque hace meses se robaron los cables de Cantv de la zona de Maracaibo en la que reside. “Me da temor tener un solo trabajo, además con lo que gano no es suficiente para mantenerme en otro país. Necesito organizar mi tiempo al llegar, para poder hacer música, tocar en una orquesta”.

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Su papá es artista plástico, y ella hace música desde los tres años y medio. Hace cuatro egresó de la Universidad Católica Cecilio Acosta con una licenciatura. A sus 25 años, los ahorros que ha podido hacer, más la campaña de patrocinio, le permiten tener los recursos suficientes para marcharse y mantenerse al menos unos dos meses mientras encuentra un empleo. “Pude recaudar en total 860 dólares. Aunque la página refleja 1.000, la diferencia se fue en fees. Tengo muy guardados los dólares ganados y no los muevo para nada”.

“Considero que las campañas de recaudación de fondos son una gran alternativa para emigrar. Conozco testimonios de otros paisanos que han podido lograr la meta y ver una luz gracias al apoyo internacional. Fui extremadamente transparente con respecto al dinero recolectado, especifiqué exactamente qué era lo esencial que necesitaba y coloqué un monto realista. Es esencial mostrar honestidad para que nos puedan ayudar”.

Se vale repetir

Nunca Google Plus resultó tan útil. Un experimento del gigante buscador lanzado en 2011, que no tuvo mucho éxito como red social, pero a Diego* le funcionó a la perfección. Allí estableció las conexiones que le ayudaron a salir del país y, próximamente, a su hermana.

“El enfoque de la red era entablar relaciones con desconocidos. Allí empezó lo que ahora es Hangouts. Te metías en videochats con diez personas. No tenías ni idea de quién era quién y te ponías a conversar durante horas. Así conocí a mucha gente”. Las relaciones que entabló lo ayudaron a viralizar su campaña entre quienes tienen el dólar como moneda oficial.

Su salida se concretó gracias a PayPal. “El sistema tiene una opción que permite enviar un enlace para que la gente colabore con lo que pueda. Me parecía muy invasivo decirle a la gente ‘mándame 100 dólares, 200 dólares, 300 dólares’. Así que lo dejé abierto para que cada quien mandara lo que quisiera. Y hubo una persona que me envió una cantidad significativa”. Al final reunió 1.600 dólares que lo llevaron en julio de 2017 hasta Bogotá.

“Yo tenía tiempo con la idea de emigrar rondándome. Se lo comenté a una amiga norteamericana y me dio 100 dólares. Me dijo: ‘para que inicies’, eso me dio la confianza de que sí se podía hacer”.

crowdfunding2“El dinero es delicado. Te metes con las finanzas de las personas. Hay que buscar la manera de explicar la situación de Venezuela, y casi todos lo entendieron. Hubo una señora que es inmigrante rusa en los Estados Unidos. Primero no me respondió, pensé que se había molestado. Luego me dijo: ‘te acabo de mandar algo. Tranquilo, que yo entiendo. Sé lo que estás pasando”.

Diego tiene 43 años. En Caracas trabajaba como encargado de una tienda. Escogió Colombia porque tiene la nacionalidad de ese país, además de la venezolana. Renunció a su empleo en junio, y salió de Caracas el 19 de julio. En medio de las protestas. El 20, la oposición había convocado a un paro cívico. Pese a todo, logró pasar la frontera por tierra en San Antonio del Táchira. Llegó a Bogotá, y el 15 de agosto ya tenía empleo en un call center por ser bilingüe. Se considera afortunado, uno de sus compañeros de trabajo en ese sitio, llegó hasta la frontera con Colombia en su vehículo. Allí lo vendió y los 600 dólares que obtuvo debían alcanzar para él y para su esposa.

Al ver que sí era posible migrar gracias a la solidaridad de desconocidos, preparó la petición para su hermana, de 35 años. La campaña está anclada en Generosity, una plataforma más flexible con los requisitos que no obliga a tener cuenta en los Estados Unidos. Ha recaudado 1.085 dólares en tres meses. Y el viaje de ella ya está planeado antes de que termine el primer semestre del año. “Sí es una posibilidad. La gente confía porque me conoce. Si tienes una buena red de contactos afuera que te pueda ayudar, claro que lo recomiendo. En cambio, una gente que no conoce a nadie y lanza una campaña seguramente recauda muy poco”.

Puede que no salga bien

Elena* no tuvo tanta suerte. Pidió ayuda en Generosity en 2017 para recaudar los fondos que le permitieran migrar junto a su esposo y su bebé de un año. Acumularon 600 dólares, pero con un niño tan chico no se atrevieron a emprender camino. “Nueve días por tierra hasta Chile, con un bebé pequeño no es fácil”.

Elena prefiere no dar su nombre real por pena: “A nosotros la crisis no nos ha dado tan fuerte. Hay gente que la pasa mucho peor, y no están pidiendo dinero. Así que prefiero no decirlo”. Esta era su segunda campaña de crowdfunding. La primera la abrió en 2015.

crowdfunding1“Salí embarazada sorpresivamente. Varios amigos nos sugirieron hacer una campaña. No teníamos ropa, corral, nada. El bebé ya venía, y también había que pagar la cesárea, así que lo hicimos. Varios amigos que estaban en el exterior ayudaron, y las cosas no estaban tan feas como ahorita”, subraya la escritora, residenciada en Zulia. Recaudaron 300 dólares, que en ese momento fueron suficientes para traer a su hijo al mundo de forma segura.

La segunda campaña la alojaron en Generosity en 2017. “Los amigos ya no podían ayudar, así que hicimos el link público, a ver si alguien pensaba que nuestra historia valía la pena”. Desistieron a los dos meses. “El dinero lo hicimos en el primer mes, en el segundo no recibimos nada. En el mismo plan que nosotros hay mucha gente, o personas enfermas que lo necesitan mucho más. Así que decidimos retirar el dinero e invertirlo”.

Elena pagó deudas y se compró una computadora, que le permite trabajar y cobrar en divisas por sus servicios, para comenzar a reunir de nuevo. Publicó en la plataforma el uso que dio al dinero, de manera que los que colaboraron se enteraran del destino de los fondos. “Le recomendaría a la gente que no se confiara en que va a recaudar lo necesario. Si lo hacen bien, pero que no se fíen, porque igual estamos dependiendo de la caridad de los demás”.

*Nombre cambiado a petición del entrevistado.