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Desorden Público repotencia su canto popular

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03/07/2019
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TEXTO: HUMBERTO SÁNCHEZ AMAYA (@HUMBERTOSANCHEZ) | FOTOGRAFÍAS: BETANIA IBARRA

Además de realizar una gira para celebrar los 25 años de su tercer disco de estudio, la banda de ska grabó nuevas versiones del LP en el que se encuentran temas como “Tiembla” y “La danza de los esqueletos”. Volvieron al estudio en Caracas para regrabar el álbum con nuevas estéticas y un montón de invitados, incluso internacionales. Una banda sonora actualizada para tiempos cambiados

El año 1993 entraba en su epílogo cuando Desorden Público grababa las canciones de Canto popular de la vida y muerte. Fue un año convulso, histórico para el país.

Acusado de corrupción, el presidente Carlos Andrés Pérez fue separado de su cargo por el Congreso para que fuera juzgado por la Corte Suprema de Justicia. Años después, distintos autores han buscado reivindicar ese período presidencial, especialmente por los objetivos de los planes económicos, y han señalado el error histórico que supuso el hecho. Sin embargo, un repaso por la prensa de la época da cuenta del malestar que había entre la población por lo que ocurría en lo político, económico y social. Con ese descontento, en diciembre de 1993 la ciudadanía acudió a las urnas para elegir otro mandatario: Rafael Caldera, que volvió a Miraflores para un segundo mandato, pero ya la clase política de entonces tenía plomo en el ala.

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Dos meses antes, los integrantes de Desorden Público habían entrado a los estudios de Anidesonido para grabar Canto popular de la vida y muerte. Las sesiones se llevaron a cabo entre octubre y noviembre, y el disco fue lanzado en 1994.

“En las letras de las canciones se ha incluido el aliño del sarcasmo y de la ironía. Aunque se ha superado la etapa naif, se utiliza la energía y la cotidianidad de la capital”, escribió para El Universal la periodista Sonia Badenas sobre el álbum en la edición del jueves 12 de mayo de 1994, fecha en la que la la agrupación realizó el show de lanzamiento en El Basurero, un local de Plaza Venezuela recordado como cutre pero sabroso por Félix Allueva, de la Fundación Nuevas Bandas. “¡Cómo lo disfrutamos! Era regentado por gente de teatro. El calor se condensaba en el techo y llovía sudor”.

El disco popularizó a la banda. Los músicos iniciaban el sendero que los convertiría en una de las agrupaciones más conocidas de la cultura popular venezolana. Sí, el ska, su ska, empezaba a serpentear en el ideario de muchos a través de la mezcla con ritmos latinos, una experimentación que tuvo sus conatos en 1990, cuando estrenaron En descomposición, producido por Gerry Weil, profesor de algunos de los integrantes de entonces del conjunto. El tema “Estoy buscando algo en el Caribe”, de ese segundo disco, manifestó una inquietud que vino a concretarse en Canto popular de la vida y muerte.

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Es un disco ecléctico, con el que apuntaban a mayor cantidad de personas. De hecho, “Tiembla” llegó a sonar en las emisoras de radio de corte popular.

En este álbum hay un abordaje a otros asuntos más introspectivos. Desorden Público no abandona la crónica de un país en ebullición, pero da cabida a otras cavilaciones. En 1994 sus músicos están en la temprana adultez, cercanos a los treinta años de edad. Letras sobre la vida, la muerte, la búsqueda de un sentido a la existencia, el deseo y el amor, no sin ironía. Incluso, como el cantante Horacio Blanco indica, hay lugar para la reinterpretación de lo absurdo, al estilo de Eugène Ionesco.

El LP supera en duración a los anteriores, con 17 canciones que suman 56 minutos; mientras los previos apenas pasaban de la media hora. Claro, habían entendido que el formato era el CD.

“No fue fácil hacer el crossover, con el consecuente paso a los mercados internacionales. Hablamos de países como Puerto Rico, Estados Unidos, Panamá, Colombia y los primeros viajes a Europa. Pero más allá de eso, no sé si mis compañeros estén de acuerdo, a partir de este álbum Desorden Público adquirió su personalidad. El primer disco tuvo mucha energía, pero fue muy naif, sin una sonoridad definida. Luego tuvimos un segundo álbum, mucho más experimental. Nos aproximó a nuestro lugar estable, que inició con Canto popular de la vida y muerte”, asevera Blanco.

Hace 25 años empezaban también a caer las predisposiciones frente al conjunto. El baterista Danel Sarmiento cuenta cómo durante la promoción de la ópera prima de la banda en las emisoras no sabían qué era ska. Ellos tenían que dar breves clases a los entrevistadores. “Durante la promoción del segundo disco la tarea estaba un poco adelantada. Ya para el tercero, que salió con Sony Music, contábamos con una infraestructura muy grande de difusión. También el video que hicimos de ‘Tiembla’ y ayudó a que se conociera más”.

El videoclip, grabado en las poblaciones de San Francisco de Chacaracual y San Juan de las Galdonas en la Península de Paria, muestra cómo músicos citadinos se adentran en una comunidad rural mientras cantan sobre gente cansada de crisis, miseria y guerra urbana.

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En 1994 la cifra de inflación fue de 70,8%, un número inquietante luego de una ligera recuperación a principios de los noventa. La fusión en la música, así como la pertinencia lírica, sin dudas colaboraron a que se proyectara como una de las más populares del álbum.

La búsqueda

De la alineación de 1994 solo quedan Blanco, el bajista José Luis “Caplís” Chacín, el baterista Danel Sarmiento y el percusionista Oscar Alcaíno. Ellos coinciden en que el sonido logrado entonces se debió al trabajo de producción del brasileño Carlos Savalla, uno de los responsables de la potencia sonora de Os Paralamas do Sucesso.

DesordenPublicocita3Chacín cuenta: “La primera vez que vinieron al país fue por nuestra insistencia ante la gente de Togtron, que hizo el Primer Festival Iberoamericano de Rock en 1991. Los productores no la conocían. Teníamos una una empatía chévere con una banda de rock brasileño que se acercaba al ska y al reggae. Nunca supe si se enteraron que los recomendamos”.

Luego fueron varios los show de Paralamas en Venezuela, así como las conversaciones en camerinos. Pero además de chistes, planes de salidas, y cuentos, también surgieron proyectos, como la participación de Savalla en el próximo disco de Desorden Público.

Para Chacín representó el escenario ideal luego de desaciertos en la reciprocidad de años anteriores con algunas figuras del personal técnico. “Después de trabajar con ingenieros de sonido venezolanos que no entendían lo que queríamos hacer, y que incluso fueron displicentes con nuestro sonido, que les parecía música de circo porque no entendían el ska, Zavalla sí sabía por ejemplo lo que era una batería de reggae. Le sacaba un sonido a nada más y nada menos que a João Barone, que es como un Stewart Copeland latinoamericano. Era lo que queríamos”.

A pesar de que hace 25 años hubo consenso con el sonido registrado, ahora quieren darle un vuelco. Y lo que comenzó como una gira para celebrar el aniversario de Canto popular de la vida y muerte, que los tiene dando conciertos en Estados Unidos, se convirtió en un proyecto para volver a grabar algunos temas con otros arreglos.

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El vocalista indica que serán entre 9 y 12 canciones las que se podrán escuchar en el álbum que estará disponible en plataformas digitales. El primer sencillo se estrenó el martes 25 de junio. Se trata de “Cachos de vaca”, junto con Nella Rojas, que además tiene un arreglo de cuerdas realizado por Blanco y grabado por la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, bajo la dirección de Elisa Vegas. Todavía no está fijada la fecha para el lanzamiento de todo el álbum.

“Ahora que veo la obra, a la distancia, pero también en la cercanía porque la estamos rehaciendo, hay mucha metáfora, trascendencia, quizá menos terrenalidad que en otras producciones de Desorden Público. Quizá eso es lo que permite que podamos rehacer parte de ese repertorio sin que se sienta añejo, descontextualizado. Las canciones que hemos elegido tienen mucho de esa búsqueda sobre lo que hacemos en este plano”, detalla el cantante.

Antes de emprender la gira que actualmente realizan por Estados Unidos, el centro de operaciones estuvo en los famosos estudios del edificio Velvet de Quinta Crespo. En ese lugar, donde han grabado Los Melódicos, la Billo’s Caracas Boys, Pastor López, Oscar D’León y La Dimensión Latina, se gestó el camaleónico Canto popular de la vida y muerte.

Por ejemplo, la homónima primera canción del álbum es mucho más rockera. El mánager Pasquale Spolzino asegura, jocosamente, que durante un mes los hizo escuchar Van Halen y AC/DC para obtener ese resultado.

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“Hay músicos nuevos dentro de la banda. Eso hace que lo que estamos tocando tenga algo de lo que ellos aportan”, explica Danel Sarmiento en referencia al guitarrista Harold Quevedo, el tecladista Victor Morles y a los saxofonistas Miguel Angel Tovar e Irving Blanco. Con ellos, Desorden Público ha sesionado en los meses recientes para llevar a cabo estas versiones, especialmente luego de que músicos como Francisco “Coco” Díaz decidieron quedarse en México.

Con respecto a esta nueva empresa, Chacín reconoce que es un riesgo, pero consideran caduco el sonido actual de su tercera producción de estudio. “Habrá gente que dirá que no es Canto popular de la vida y muerte. De eso se trata. No tiene sentido hacer un homenaje 25 años después y que la canción suene igual”.

Oscar Alcaíno coincide. Piensa que el sonido que han logrado desde entonces es mucho mejor, y por eso justifican lo que hacen. “Han pasado 25 años y uno ha madurado mucho como instrumentista, ha escuchado otras cosas. Toda esa amalgama la hemos aprovechado”.

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Además, Danel Sarmiento cuenta una infidencia de aquellos días con Carlos Savalla, quien no estaba muy conforme con la batería lograda y pidió que fuera trabajada de forma electrónica. “Logramos que la batería que está ahí tocada, que no es acústica, fuera lo más cercana a cómo yo lo haría. Ahora la idea es tener ese sonido original para esas canciones que se siguen tocando, con su sonido orgánico”.

Entre los invitados a este proyecto están el guitarrista Antonio Rojas, el tecladista Emigdio Suárez y el trompetista Enzo Villaparedes, tres de los músicos que grabaron el original Canto popular de la vida y muerte. Además, también están Herbert Vianna de Os Paralamas do Sucesso, Bahiano (Los Pericos), Franco de Vita, Roxy Music, Okills, Control Machete, Panteón Rococó, Edward Ramírez y Rafa Pino.

Los desordenados quieren presentar el álbum con las nuevas versiones en Venezuela, pero aseveran que no es fácil planificar en un momento con tantos vaivenes políticos. “También hay mucha gente que se resiente de los momentos culturales. Dicen que no es momento de conciertos, de celebrar”, añade Horacio, cantante y compositor.

De organizar uno, en tiempos de cambio y con todo el merecido aparataje para el público, nombran lugares como el Poliedro, la Concha Acústica de Bello Monte o la avenida Francisco de Miranda. “Ojalá en un tiempo corto seamos parte de la recuperación de los espacios, que se lo secuestraron estos tipos”, dice Blanco.

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Añoranzas y vigencias

De aquella primera mitad de los años noventa recuerdan las giras por el país, que todavía no se había convertido en el lugar de descripciones apocalípticas. “Uno extraña la vida cultural, no solo para nosotros como músicos, sino para la sociedad completa. La pseudo estabilidad económica que tenía el país en comparación al caos de ahora. Desorden Público inventaba miles de cosas porque sabíamos que podíamos pagarlas”, comenta Chacín.

Inmediatamente, Blanco rememora una de las visitas de Paralamas a Venezuela. “Se hospedaron en el hotel Meliá que quedaba en Caraballeda. Como había buena onda, al día siguiente del show, nos conseguimos con ellos. Fuimos en un jeep que yo tenía en esa época a uno de estos restaurantes que estaban a orilla de la playa, creo que La Perla. Bueno, esos brasileños estaban encantados en un lugar donde comían pescado frito, tomaban cervezas y rompían las olas. Era un lugar chévere, muy auténtico. Esa zona de Venezuela era muy bonita. Eso lo perdimos”.

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-¿Temen que la música de Desorden Público pierda vigencia?

-Horacio Blanco: Probablemente. Pero eso no debería atormentarnos mucho. Hay discos de los sesenta que casi nadie escucha, excepto eventuales coleccionistas o investigadores. Tal vez eso ocurra con Desorden Público dentro de 15 o 20 años. Lo que veo importante es que consigan crónicas musicales de lo que fue vivir en Venezuela en estos tiempos. Si hay alguna utilidad en eso, tienen un humilde aporte al soundtrack de la venezolanidad.

-¿Qué es la vida y la muerte 25 años después

-Horacio Blanco: La vida es un gran regalo que nos ha permitido hacer todo esto. La muerte nuestra eterna compañera.

-¿Y se canta igual?

-Horacio Blanco: No, no se canta igual. Por supuesto que no. No es lo mismo cantarle a la muerte cuando tienes 25 años que cuando tienes 50.

 

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