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El cáncer de Elizabeth le carcome el cuerpo pero no sus ganas de sobrevivir

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15/06/2018
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FOTOGRAFÍA: JUAN ANDRÉS PARRA

Elizabeth Salazar vive con un cáncer de mama en su seno izquierdo desde hace 8 meses y no ha recibido el tratamiento necesario. Con una costra que se hace cada vez más grande y unos insumos médicos que el Estado dejó de proveer en el sistema público de salud, su desesperación la llevó a alzar su camisa y mostrar su seno afectado en una protesta. Desde entonces, las ayudas y colaboraciones de extraños conmovidos por su caso no cesan. Alguna vez creyó en la revolución instaurada por Hugo Chávez, una que no le garantiza su derecho a la vida.

El 5 de junio de 2018 una protesta de pacientes en Caracas estremeció a las redes sociales. Entre los manifestantes que reclamaban la atención del gobierno estaba una mujer que se sobreponía a su dolor para levantarse la blusa y mostrar al mundo su seno izquierdo, carcomido por un cáncer tipo 3 con metástasis

Se llama Elizabeth Salazar y su cuadro simboliza la resistencia de centenares de personas que se niegan a aceptar el destino que les pretende imponer el sistema, en medio de la escasez general de medicinas y de responsables que rindan cuentas a los ciudadanos.

“Tenemos ocho meses en esta lucha, le mandaron 10 sesiones de quimioterapia y no ha sido posible, la respuesta es que esos medicamentos no están en existencia en el país. Por lo tanto mi esposa está condenada. Estamos claros de que si ella no recibe ese tratamiento va a morir”, dijo a periodistas su esposo, Luis Rafael Escobar Ugas, quien además es activista de los derechos humanos.

Ugas, presidente de la Fundación para las Garantías, Prevención y Defensa de la Violación de los Derechos Humanos (Fungapdeh), conocìó a Elizabeth en la Defensoría del Pueblo hace 16 años. Desde entonces, inició su historia con su primera y única esposa, que ahora sufre de este cáncer ductal de mama diagnosticado hace 8 meses. Sin tratamiento ni respuesta oficial por parte de autoridades sanitarias, mantenerla con vida se convirtió en su prioridad.

Foto 1 Elizabeth

Entre Elizabeth y Luis se han cambiado la batuta en más de una ocasión. A veces ha sido ella quien ha logrado sacar a su esposo de la cárcel y ayudarlo a hacer frente a acusaciones sobre él, las cuales atribuye a retaliaciones por su labor en la defensa de los derechos humanos. Pero esta vez Luis es quien tiene que ayudarla porque lo que está en juego es la vida de su esposa.

Desde que le diagnosticaron el cáncer de mama el acceso al tratamiento y a las medicinas ha sido prácticamente imposible. Hoy el mal está en estado de metástasis. La falta de insumos, de reactivos, de dinero y de ayuda médica son las cuatro constantes que juegan en contra del tiempo que les queda. Ya tiene más de 6 quimioterapias retrasadas.

Una lucha colectiva

Esta historia de la aguerrida paciente Elizabeth empezó en el Hospital Padre Machado en Caracas, uno de los centros oncológicos públicos más importantes de Venezuela. Fue ahí en donde le dieron el diagnóstico, para luego decirle que ella misma tenía que hacerse cargo de conseguir todas las medicinas que necesitaba. “Hasta las ampollas nos pidieron”, cuenta Luis.

“Cuando yo vi ese informe dije ‘Dios mío, me tocó a mí’”, agrega Elizabeth, en una conversación en su humilde casa, en los suburbios de Caracas.

Elizabeth se disculpa con los periodistas por no “tener nada que ofrecer”. En su nevera solo hay agua, potes sucios y algo de margarina. Para un paciente con cáncer, la dieta es parte importante de su tratamiento. Los especialistas recomiendan no comer nada frito y aumentar la ingesta de vegetales y frutas. Pero a la 1:30 de la tarde del 6 de junio, ella no había probado bocado en todo el día. “Estaba esperando a que llegara Luis para que me cocinara y recogiera agua para lavarme el seno”, explica. El dolor es constante y la movilidad se le hace cada vez más difícil.

cita 5 Elizabeth

“Esto es una agonía horrible. Es una tortura por los dolores y no tengo nada para calmarlos. Es algo insostenible e ininterrumpido”, dice. Tanto Luis como Elizabeth estudiaron en universidades de Caracas. El primero dejó la carrera de derecho en la Santa María en su cuarto año, ella estudió bibliotecología en la UCV.

Los esposos viven en un urbanismo de Charallave, en los Valles del Tuy, a unos 40 kilómetros de Caracas. En el edificio no llega el agua corriente desde hace más de cinco días, en los que apenas han conseguido llenar un pote con agua de lluvia, para drenar las pocetas (inodoros) de su casa.

La historia es otra cuando Elizabeth necesita limpiar su seno herido. Ella opta por hervir agua limpia que su esposo le lleva, esperar a que se entibie y luego con jabón azul detergente sobarlo con sus manos hasta sentir un atisbo de alivio. Su propósito es limpiar la mama al menos dos veces al día y lo logra con el esfuerzo de Luis. “Yo no quiero infectarme, por Dios”, dice.

Foto 2 Elizabeth

Entre defender casos de violaciones a los derechos humanos y ser un investigador personal, Luis ahora también se encarga de viajar a Caracas cuantas veces sean necesarias en busca de lo que su esposa necesite. “Si yo no trabajo no puedo llevarle la comida para que coma algo. A veces he dejado de comer yo para que ella lo haga”, dice. Frijoles con arroz, plátano asado, casabe y arepa con mayonesa y margarina son de los alimentos que Luis puede darle con lo que consigue comprar.

cita 4 Elizabeth Como investigador particular gana un aproximado de 3 a 4 millones al mes, pero solo con los exámenes que ha tenido que hacerse Elizabeth en clínicas privadas, ya tienen una deuda que pagar de 250 millones de bolívares. El cáncer de su esposa evolucionó a tipo 3B por la falta de tratamiento, pues cuando lo detectaron estaba en la primera etapa. Ahora, le invadió su axila y costado izquierdo.

A Elizabeth se le ve una costra de tonos morados, casi negros en algunas zonas, y un color verdoso en los alrededores de su mama. El tipo de cáncer que ahora tiene se disemina a la pared del pecho o la piel del seno y causa hinchazón o una úlcera.

Cuando a ambos les toca trasladarse a Caracas, el trayecto es una odisea de dolor para Elizabeth y de preocupación para su esposo. Sin carro propio por no tener dinero suficiente para comprar los repuestos necesarios, el colapsado transporte público es la única forma que tienen de moverse hasta la capital.

Foto 3 Elizabeth

 

Luis no solo ha recorrido todas las sedes del Seguro Social en Caracas en busca de las medicinas y respuestas para la situación de su esposa, sino que también mantuvo comunicación directa con el Director General de Hospitales, Divis Antunez.

“Me dijo que el tratamiento que necesita Elizabeth no se conseguía en el país. Yo le respondí que prácticamente estaba condenándola a morir. ‘Yo no, el gobierno’, fue lo que dijo”.

Pero las negativas no lo detuvieron para seguir insistiendo. La mañana del 6 de junio, Luis fue al Centro Comercial Bello Campo en Caracas a terminar unos documentos legales de amparo constitucional individuales para Elizabeth y otros pacientes oncológicos que tampoco tienen acceso a medicinas para sus tratamientos.

Han sido múltiples los intentos de obtener respuestas oficiales del Ministerio de Salud. Anteriormente, introdujo una medida de amparo constitucional para un grupo de pacientes, en donde estaba incluida Elizabeth, pero ni siquiera fue recibida por el ente oficial.

cita 3 Elizabeth

En su artículo 51, la Carta Magna establece que “toda persona tiene el derecho de representar o dirigir peticiones ante cualquier autoridad, funcionario público o funcionaria pública sobre los asuntos que sean de la competencia de éstos, y a obtener oportuna y adecuada respuesta”.

La estrategia ahora es “bombardear al Ministerio” con solicitudes individuales. Tiene la esperanza de no ser ignorado esta vez.

Antes de un bando, ahora de ninguno

Luis y Elizabeth votaron a favor de Hugo Chávez y Nicolás Maduro hasta las elecciones presidenciales del 20 de mayo. En su casa exhiben dos retratos del fallecido presidente, pero la pareja asegura no creer más en el proceso. Luis no teme hablar de su pasado en las filas oficialistas.

Miembro del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), mantuvo relaciones cordiales con figuras del chavismo como el fiscal designado por la Asamblea Constituyente de Nicolás Maduro, Tarek William Saab, hasta que decidió denunciar su gestión como gobernador de Anzoátegui.

cita 2 Elizabeth“Estos –el gobierno- son carajos que dividieron al país. Esta unión es lo que nosotros necesitamos, es la Venezuela que queremos”, dice entre lágrimas luego de recibir una llamada de alguien que le ofreció sacar a su esposa del territorio para iniciar su tratamiento.

Para él, un verdadero revolucionario es aquel que habla de revoluciones sin ostentar camisas o relojes de marca. Usa un bolso cruzado, con la cara del Ché Guevara, quien sí se acerca a su concepto de revolucionario. “Él murió sucio, barbudo. Lo asesinaron”, dice.

Elizabeth comparte el pensamiento de su esposo y no se identifica con la llamada “Revolución Bolivariana”, porque para ella, Nicolás Maduro es un “asesino inmaduro”. En los flancos opositores tampoco encuentran respuestas.

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La exigencia de sanciones por parte de los políticos contrarios al gobierno les parecen medidas que afectan al pueblo. “Yo necesito medicinas para mi esposa. Si siguen pidiendo sanciones, somos nosotros, el pueblo, quienes vamos a salir perjudicados”, dice Luis mientras sostiene en sus manos artículos de periódicos en donde se lee sobre su exilio en Costa Rica, una salida que promovida por su abogado del momento, Tarek William Saab, cuando Luis fue perseguido.

Dejar el silencio

A Luis no le deja de sonar el teléfono desde el pasado martes 5 de junio. Luego de esperar 45 minutos por autoridades sanitarias en el Ministerio de Salud y no ser recibidos por nadie, los pacientes en busca de una respuesta decidieron hablar a los medios para denunciar su situación.

Entre ellos estaba Elizabeth Salazar, quien entre llanto mostró el estado de su seno izquierdo y desde entonces, se empezó una campaña a favor de su tratamiento y envío de las medicinas necesarias para hacerlo. Los videos en los que descargaba su impotencia, su ira y sus testimonio se hicieron virales y fueron recogidos por medios internacionales. Ella sabe que desde el ataúd, ya no podrá protestar.

En sus declaraciones, además denuncia los escandalosos casos de corrupción y robo de recursos públicos que según activistas de los derechos humanos y gremios médicos, explican la salvaje falta de medicinas y tratamientos en Venezuela.

De hecho el antiguo presidente del Seguro Social, Carlos Rotondaro, fue incluido en la lista de sancionados por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos por corrupción. Algunos reportajes como los de la periodista Lisseth Boon en el portal Runrunes, explican la saga del militar Rotondaro, uno de los hombres más ricos de Venezuela.

Los periodistas recabaron la información y las crudas imágenes. Las difundieron en portales de noticias y redes sociales en forma de reportajes y solicitudes de servicios públicos. Ciudadanos de a pie, frecuentadores de las redes sociales, se hicieron eco del caso, en un país donde el sistema de salud es una tragedia que se cobra víctimas cada día, pues los pacientes complicados mueren no tanto por las enfermedades sino por falta de medicinas y tratamientos.

cita 1 ElizabethDurante tres días el caso se hizo viral en redes y varias personas han ofrecido ayudar a Luis y Elizabeth a conseguir la mayoría de las medicinas que ella necesita para hacerse su primera quimioterapia. En solo una jornada Luis tiene 47 llamadas perdidas en su celular y cada vez que atiende agradece la ayuda que está recibiendo. Ya al menos dos personas le ofrecieron sacar a su esposa del país para que reciba el tratamiento indicado.

Ni ella ni él tienen pasaporte, pero eso no los detiene en la búsqueda de una manera de salir y planificar trabajar en una nación diferente a la suya. De lograrlo, asegura que no regresarían a Venezuela a menos que “vuelva el estado de derecho. Mi esposa no puede más. No le garantizan el derecho a la vida ni a la salud”, dice luego de contar que también ha recibido llamadas de médicos dispuestos a atender a Elizabeth en sus consultorios de clínicas privadas sin ningún costo.

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“Este viernes vamos al Centro Médico Maracay para hacerle la limpieza al seno. Elizabeth necesita un recorte de la mama”.
Hace un mes, ella fue hasta la Fundación Pueblo Soberano en Miraflores para solicitar ayuda. Dejó anotado su caso y lo que necesitaba pero hasta el momento no ha recibido respuesta.

Aunque ya ambos aceptaban la posibilidad de muerte que se cierne sobre Elizabeth la esperanza volvió a nacerles cuando a raíz de su denuncia ante los medios comenzaron a llamarlos y brindarles apoyo.

“Por primera vez me siento tan asistida de saber que allá fuera hay gente que realmente está interesada por mi caso y que le importas como ser humano. Eso me conmueve tanto”, cuenta mientras las lágrimas salen de sus ojos.

Elizabeth ora todos los días. Es cristiana evangélica y su fe en Dios la mantiene fuerte. “Tú confías en Él y puedes estar como estoy yo”. El empeoramiento de su seno no solo la condena a un dolor perenne sino también a un sedentarismo del que le cuesta salir.

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“Antes ella era una mujer muy activa. Trabajaba conmigo en los casos de derechos humanos y de investigación. Salía a las 5 de la mañana y regresaba al final de la tarde, pero ya no puede”, explica Luis.

Ella y él son un equipo que busca no romperse. Entre ambos escriben un libro que ansían ver publicado. Luis se encargó de escribir un capítulo dedicado a la situación de su esposa, y con voz quebrada, asegura que espera “no tener que escribir que mi esposa murió”.

Los dos ansían un final feliz no solo para ese capítulo del libro sino también para la historia médica de Elizabeth. Juntos quieren convertirse en defensores de los derechos humanos de pacientes que no encuentran medicamentos en los anaqueles de farmacias ni respuesta de los entes gubernamentales que deberían velar por su salud y vida.

“Hace una semana una doctora del Padre Machado me dijo que todavía hay esperanza, que todavía puedo salvar a mi esposa”, suelta Luis.

Su carrera no es solo contra el tiempo para encontrar las medicinas que su esposa necesita, sino también es una prueba fehaciente de su amor por Elizabeth.

“Amo a mi esposa. No voy a simplemente sentarme y esperar a que muera”, termina.

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