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El comercio en Maracaibo, una protohistoria a remos

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08/09/2015
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FOTOGRAFÍA: ARCHIVO KURT NAGEL VON JESS

Este 8 de septiembre se celebra el 486 aniversario de la fundación de la capital zuliana. Lo que sigue son las páginas iniciales del libro Cámara de Comercio de Maracaibo: 120 años con voz propia*, escrito por Jacqueline Goldberg y publicado muy recientemente por J&Eme Editores y la Cámara de Comercio de Maracaibo

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Cierto mediodía de hachazos de fuego ―bochornoso como tantos, como casi todos― llegan a la bahía de Maracaibo los esposos Elisabeth y Rodolfo Gross. Es el 7 de julio de 1883. Acaban de casarse en su Alemania natal y han zarpado sucesivamente de los puertos de Hamburgo, Nueva York y Curazao para alcanzar el casi impronunciable trópico venezolano. Él ha vivido ya por 11 años en el Nuevo Mundo y es gerente general de la Casa Blohm, Mecklenburg & Cía. en Maracaibo ―una de las primeras firmas comerciales alemanas asentadas en la región―, y ella, sin saberlo, además de emprender una nueva vida, se convertirá en sensible cronista de la Maracaibo de fines del siglo XIX.

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En cartas escritas a una amiga, y que publicará en 1921 en Hamburgo en el libro Vida alemana en la lejanía (Asociación Humboldt de Maracaibo, 1989), Elisabeth Gross da cuenta de la metamorfosis que va sufriendo a medida que el barco se baña en aguas caribeñas: por el calor su vestimenta se hace cada vez más ligera, su piel se sorprende ante lo pegajoso de todo cuanto roza, siente los labios cada vez más salados. Para colmo, la primera cucaracha que ve en su vida ―“un monstruo negro”, escribe― le maltrata un dedo mientras duerme en la casa del cónsul de Alemania en Curazao.

Con tales antecedentes, suponemos que Elisabeth solo podía esperar que Maracaibo fuese un confín insoportable, de rostros y circunstancias extrañas. Para su absoluto desconcierto, al entrar en la bahía comienza a ver que casas con soberbias palmeras exhiben banderas alemanas y para más es recibida por el bote Concordia, conducido por 16 remeros alemanes “trajeados con pantalón inglés de cuero blanco, chaqueta de franela azul y gorra blanca con emblema plateado, de manera que lucía muy bonito y elegante”. También se acercan otras embarcaciones repletas de compatriotas que les dan la bienvenida en su propia lengua. El asombro no dejaría de trastocarla incluso mucho después de su partida del país en años venideros, cuando hizo de Maracaibo nostalgia y su esposo, Rodolfo Gross, añadía a su hoja de vida haber sido uno de los fundadores del Club del Comercio y de la Cámara de Comercio, amén de cónsul temporal de su país en Maracaibo.

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Aunque Elisabeth Gross se refiere en las primeras páginas de su libro a un lar “sin incentivos para actividades de tipo espiritual”, donde tanto le cuesta hacerse entender, mucho dice del lugar haber sido recibida por paisanos practicantes del remo, uno de los deportes más distinguidos de Europa. Pronto la dama germana comprenderá que Maracaibo disfruta de una rica vida cultural, una universidad en expansión, varias imprentas y un vasto contacto con las novedades del mundo. Ante sus ojos llegan la electricidad, el cine, el alumbrado público y el servicio telefónico.

Aquellos jóvenes que hacían del lago espejo de un sentir cosmopolita pertenecían al Club Alemán de Remos de Maracaibo, uno de los centros sociales de la colonia alemana ―asentada en la ciudad desde 1842―, del cual Rodolfo Gross era cofundador y presidente. Los miembros del club deportivo, además, formaban parte de la élite comercial extranjera que, junto a la criolla, haría de Maracaibo la segunda ciudad del país y epicentro de la pujante rutina mercantil del occidente venezolano y del norte de Suramérica. Ellos serían los fundadores del Club y de la Cámara de Comercio de Maracaibo.

   El libro no está a la venta en librerías, pero pueden adquirirse ejemplares llamando a la Cámara de Comercio de Maracaibo 0261-7934358 / @camaraMaracaibo