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El misterioso menú de la Última Cena

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24/03/2016
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COMPOSICIÓN FOTOGRÁFICA: MERCEDES ROJAS PÁEZ-PUMAR

Siempre se creyó que la Última Cena de Jesús se habría celebrado durante la primera noche de la pascua judía. Pero el Papa Emérito Benedicto XVI ha señalado que ocurrió en la víspera, lo que pone en entredicho siglos de interpretaciones teológicas

En su libro Jesús de Nazaret, desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, el Papa Emérito Benedicto XVI señala que existe una contradicción entre las fechas de celebración de la Última Cena que propone el evangelio de Juan y los de Marcos, Mateo y Lucas. Concluye que no ocurrió la primera noche de la pascua judía —como siempre se asumió— sino un día antes.

No quedó relatado con exactitud qué se degustó en la más célebre cena de la Humanidad. Antes de la renovada visión de Joseph Ratzinger, se aseguraba que, por ser Pesaj -pascua judía- hubo pan ácimo, hierbas amargas, cordero y vino. Pero si la Última Cena ocurrió en la víspera, no pudo haber carne de cordero sino de pescado y hay quienes especifican incluso que se trató de anguila. Acotan los teólogos que por la premura habrían servido también potajes de verduras, granadas, uvas, higos, queso de cabra y aceite de oliva.

«Una cosa resulta evidente en toda la tradición: la esencia de esta cena de despedida no era la antigua Pascua, sino la novedad que Jesús ha realizado en este contexto. Aunque este convite de Jesús con los Doce no haya sido una cena de Pascua según las prescripciones rituales del judaísmo, se ha puesto de relieve claramente en retrospectiva su conexión interna con la muerte y resurrección de Jesús: era la Pascua de Jesús», señala el Pontífice Emérito en su libro publicado por Librería Editorial Vaticana en 2011.

La obra pictórica La última cena de Leonardo Da Vinci pudo haber arrojado otras luces sobre aquello que había en la mesa frente a Jesús y sus doce apóstoles. Pero ya se sabe del humor e ironía de Da Vinci. Tras la exhaustiva restauración hecha entre 1977 y 1997 se descubrió que aquello que en la obra parecían trozos de cordero era pescado. El artista —reconocido amante de la coquinaria— añadió platos típicos del Renacimiento y la anguila quizá bíblica terminó apareciendo a la parrilla y decorada con rodajas de naranja. No cesa pues, el misterio.