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Estar bella en la Venezuela hiperinflacionaria es un lujo

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16/05/2018
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FOTOGRAFÍAS: DANIEL HERNÁNDEZ

“Para ser bella hay que ver estrellas”, reza el refranero popular. Pero en la Venezuela de la hiperinflación de Maduro, la vista debe alcanzar más allá de las constelaciones. No hay rutina que se salve de la crisis, ni siquiera la de “echarse una arregladita”. Y, más allá de la coquetería, la higiene personal está en jaque María* entra con desconfianza a una franquicia de la cadena Farmatodo ubicada en Caracas, desde hace semanas las sucursales habían dejado de mostrar los precios de los productos en las estanterías. La sorpresa de María al acercarse al pasillo 1, área en el que se encuentran las lociones corporales, es doble: los montos nuevamente son visibles, y los ceros son más. Suspira y, acto seguido, abre los ojos como si hubiese visto un fantasma. “¡Mira cuánto cuesta esto!”, exclama a su hija quien le devuelve una mirada de indiferencia.

Mujerescrisis5La hiperinflación ha hecho que comprar productos de higiene personal y cosméticos se haya convertido en todo un reto, un anhelo muchas veces imposible de atender. Lo que antes era un estilo de vida, en un país donde pululaban las peluquerías y perfumerías y los montos invertidos en “estar arregladas” eran abultados, ahora es una excepción.Ayerim Valera siempre ha sido una mujer sencilla, “arreglada y coqueta”. Para ella no es necesario estar en tacones para deslumbrar. En el pasado dedicaba gran parte de su sueldo, aproximadamente un 80% del mismo, en productos de higiene y maquillaje para estar siempre radiante.

Ahora, las cosas han cambiado. Su actual sueldo, 13 millones de bolívares -más de 10 veces el mínimo fijado por el gobierno-, no es suficiente para dividirlo entre los servicios del hogar, comprar comida y atender los gastos su bebé de siete meses, pese a que cuenta con el apoyo económico de su pareja. A Ayerim no fue la maternidad la que le ha impedido mantener su estilo de cuidado, sino la hiperinflación. “Mi sueldo alcanzaba para cubrir todos esos rubros. Ropa, zapatos, tintes de cabello, pinturas de uñas, maquillaje. Ahorita solo compro artículos de aseo diario y como un 10%, en los demás desde hace mucho tiempo no invierto nada”, lamenta.

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Ediana Verdú tiene 25 años, es audióloga y mantiene dos trabajos: “me desempeño en rehabilitación de niños especiales y también doy clases a nivel universitario”. Su ingreso es de aproximadamente tres millones de bolívares; y aunque los ceros son muchos, la hiperinflación no le permite costear la totalidad de los productos que en años anteriores estaba acostumbrada a comprar. “En mi casa somos muchas mujeres y siempre nos enseñaron que debemos ser coquetas, aseadas, tener una buena higiene; y el ideal era que cada una debía tener sus propias cosas. Ahora las cosas cambiaron”.

Para esta profesional los días de cremas especiales, splash corporales, perfumes y maquillaje son tiempo pasado. Su ingreso es destinado a aquellas cosas que considera son prioritarias para ella y para su familia como un jabón, unas toallas sanitarias y una crema de cuerpo sencilla.

Nueve de cada 10 venezolanos tienen como prioridad la alimentación, según un estudio de la encuestadora Datos presentado en el Seminario Perspectivas Venamcham 2018, en marzo. Según ese informe, las tres primeras cosas que la gente está dispuesta a sacrificar en consumo son ropa y vestimenta, entretenimiento y comidas en la calle. La tendencia viene marcada desde 2016 cuando la misma encuestadora registró que el principal gasto que 85% de los encuestados no tocaría es el relacionado con la alimentación; seguido de los de salud (34%), lo que relegó al tercer puesto el pago de artículos de higiene y cuidado personal, que es prioridad para 23%. Dos años más tarde, la urgencia por comer es mayor.

Mujerescrisis4Más de cinco millones es lo que, aproximadamente, las venezolanas deben invertir en productos de higiene o aseo personal, si desean seguir conservando la rutina de años anteriores, al menos la primera semana de mayo. Los precios cambian constantemente, suben hasta el triple en cuestión de días. En franquicias como Farmatodo y Locatel, la última semana de abril de 2018, las cremas corporales más asequibles podían conseguirse entre los Bs 300.000 hasta los 500 mil. Otras, un poco más especializadas, se alrededor de los 700 mil bolívares en adelante, pasando el millón de “bolos”.

Las toallas sanitarias, cuyas marcas son de nuevo cuño pues las convencionales desaparecieron del mercado, se hallaban entre los Bs 200.000 hasta los Bs 500.000. Afeitadoras de tres hojillas, las preferidas para evitar la irritación, no bajan de los 700 mil. Los precios del maquillaje dependen de las marcas. Valmy y Mon Rève, las más accesibles por tradición en el mercado, superan según el producto seleccionado los 700 mil bolívares, el 70% del salario mínimo mensual sin contar el ticket de alimentación.

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Según el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), los artículos de higiene personal -que no incluyen merjunjes ni coqueterías- aumentaron 30,2% sus precios, en promedio, durante abril de 2018 y con respecto al mes anterior. En el primer cuatrimestre del año, además, la variación acumulada es de 310,9%.

Lisbeth Amundaray es coordinadora de servicios operativos de Bancaribe y percibe un sueldo de Bs 1.770.000,00 más lo correspondiente en cestaticket por ley y otros beneficios, cifra que asciende o supera, en ocasiones, los tres millones -antes del anuncio de ajuste salarial anunciado por Nicolás Maduro. Los ceros no le permiten hacer alarde, y mucho menos llenar su despensa. “Suelo ser bastante natural y sencilla al momento de arreglarme”, alega mientras afirma que de igual forma adquirir los productos de higiene que usaba con normalidad se le hace cada vez más difícil. “Anteriormente destinaba de mi sueldo base por lo menos un 50% para compras de uso personal. Ya no gasto la misma cantidad, simplemente lo básico: jabón, champú, o lo que necesito de inmediato”, admite.

Yessica* comparte con Lisbeth parte de su sufrimiento. Es estudiante de comunicación social y realiza una pasantía en su tiempo libre que le genera un ingreso de sueldo mínimo (previo al último aumento anunciado por el presidente Nicolás Maduro) sin ningún tipo de beneficio. “No puedo ayudar con los gastos de mi casa, y tampoco quiero pedir dinero para comprar mis cosas. Con 196.323 bolívares de una quincena no puedo comprar nada”, soltaba antes de percibir el aumento salarial ordenado por el Ejecutivo.

Mujerescrisis3Su tortura se agudiza cada 28 días. Tiene ovarios poliquísticos y su flujo menstrual es abundante, no puede usar cualquier marca de toallas pues las de malla le causan irritación y deben ser nocturnas para evitar los temidos accidentes. La marca que consideraba ideal ya no se consigue y las que halla en los comercios “son malísimas, pequeñas y ni siquiera se adhieren a la ropa interior”. El asunto la golpea, pues siente que es “desagradable, denigrante”.

El impacto en la psiquis

Andreina De Ponte, psicóloga de la Universidad Católica Andrés Bello, asegura que la situación claramente afecta a la autoestima. Explica que la dificultad de poder adquirir ciertos productos afecta tanto a hombres como mujeres, pero hace más daño en las féminas en lo emocional pues no solo se trata de renunciar a una mercancía, sino también modificar el estilo de vida y el desenvolvimiento diario de la persona. “La imagen física es muy valorada y si no te sientes bien contigo mismo, si no puedes tener dinero o acceso para comprar ciertos productos, entonces te terminará afectando en tus inseguridades. Es una cuestión de sentirse cómodo, y esto no es solo respecto al maquillaje, es también en el sentirse limpio”.

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La especialista alerta que en Venezuela la mujer se ve afectada principalmente por la presión social de cumplir con el estereotipo de estar siempre “arreglada, pintada, planchada, lista y arreglada para todo, siempre luciendo bien”. Pero, también añade que hay un asunto ulterior. “La situación tiene un trasfondo porque no adquirir los productos de higiene va a acarrear unas consecuencias físicas. No poder comprar toallas sanitarias hará que puedas desarrollar una infección, por ejemplo. Toda esta situación afecta en la seguridad, ciertamente, pero es mucho más grave en la higiene personal porque te afecta física, emocional y psicológicamente”. Mujerescrisis2Oficio en riesgo

Carmen es peluquera desde hace seis años. El oficio le permitía vivir cómodamente, pues el dinero le rendía para cubrir los gastos de su hogar, los de sus hijos y adquirir productos de buena calidad para atender a sus clientas. Ahora las cosas cambiaron. “Mi sueldo varía porque uno lo hace semanal, y son como entre cinco o diez millones mensual, según la cantidad de clientas que atienda”.  Lo que gana debe dividirlo entre “el pago del alquiler del local, la inversión de los productos para el servicio a las clientas” y lo que sobra se destina a comprar comida.

La peluquera de 35 años intenta mantener su rutina laboral, pero la situación que se agrava cada vez más se lo impide. Ha tenido que dejar de utilizar productos específicos para cada tipo de cabello, no aplicar las mismas cremas ni ampollas a sus clientas, o hasta “rendir los productos con agua, cosa que baja la calidad”. Es una manera de sacar el máximo provecho a lo que antes no era tan caro, pero ahora es prohibitivo. La mujer cambió incluso de proveedores: ya no busca los insumos en casas de estética profesional, sino que compra las ampollas, cremas, champú e hidrataciones a un precio más asequibles en distribuidores particulares. “Hace quince días compré un baño de crema en 600 mil y hoy debe estar en un millón. Los productos de hidratación hace dos años costaban seis mil bolívares, ahora están en uno o dos millones. La cirugía más barata cuesta 750 mil”.

El costo de los materiales influye en el precio del servicio, que ha ido aumentando al mismo ritmo. Una cadena de valor y de inflación que se replica, modificando el mercado. “Antes atendía en una semana a 40 mujeres. Ahora no llego ni a 15”, indica Carmen.

Mujerescrisis1La abogada y especialista en empoderamiento femenino Nermary Yibirin lista lo derechos vulnerados por el limitado acceso a productos de higiene personal y belleza, comenzando por el de poder decidir. “Todos tenemos derecho a que, si queremos o no pintarnos las uñas o el cabello, eso no debe estar sujeto a un régimen que a raíz de sus medidas económicas nos impide el acceso a estos productos. Esto viola nuestros derechos civiles, nuestros derechos ciudadanos. También viola nuestro derecho a la salud, porque hay muchas mujeres que al no tener acceso a los productos de higiene presentan infecciones. Eso viola la Declaración universal de los derechos humanos desde su artículo 22 al 27, la Ley orgánica de la salud, la Constitución y el artículo 2 de la Ley orgánica sobre el derecho de la mujer a una vida libre de violencia que habla sobre el respeto a la integridad y la dignidad física, psicológica y sexual”.

*Los nombres fueron cambiados a petición de la fuente.