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Helena Gil la juega a Perinola

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18/03/2016
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FOTOGRAFÍAS: CORTESÍA DE HELENA GIL

La joven empresaria habla de su incipiente travesía en la moda local. Su propuesta es como ella: fresca, lúdica y sin pretensiones. Su carácter decidido y su compromiso al trabajo son tan genuinos como los vestidos que confecciona

Contacté a Helena Gil para entrevistarla en su showroom, un pequeño atelier dentro de la que fue su casa en La Floresta, todo un oasis de paz. Comenzó con la marca Perinola hace cinco años y hoy en día es una de las más conocidas del país. Cuando alguien habla de los vestidos de Perinola, cuya versatilidad los hace reyes de los cortejos y de atardeceres en la playa, suele siempre mencionar sus particulares pompones.

Hoy la marca de esta venezolana de 27 años de edad cuenta con 30.000 seguidores en Instagram, 30K. Además, sus piezas se están empezando a vender en Amazon. Recientemente, salió a la luz su nueva colección Mais Amour inspirada en Río de Janeiro.

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Cuando habla de su niñez, Helena lo hace con una emoción indescriptible, se deshace en sonrisas y palabras, se ve que tuvo una feliz, rodeada de creatividad, buenos momentos, una familia unida e infinidad de “negocios”. ¿De negocios? Pues, sí. Se lo tomó en serio desde pequeña. “He demostrado ser independiente y aventurera. Nunca le he tenido miedo a hacer algo, cuando estaba en vacaciones en Terrazas de Guacuco, isla de Margarita, monté un negocio de venta de limonada. Luego de la casa de mi abuela, nos traíamos las frutas de la finca, montábamos un mercadito en la entrada. Durante otro verano monté un campamento con todos mis primitos, mi abuela me patrocinaba la comida, mi tío la chicha y mi mamá, que había trabajado en un preescolar, me prestó todas las mesitas, acondicionamos el jardín y el campamento quedó muy chévere”, recuerda. Además de vender “ganchitos” en el colegio, aunque no fue al tour de 15 años, montó una pequeña “empresa”. “Les hice los álbumes a todas y yo gozaba un montón viendo sus recuerdos y ganaba mi dinero”.

De estudios Liberales a diseño de modas

Luego de graduarse del colegio —Academia Merici— en el 2007, Helena se fue a estudiar seis meses francés y civilización francesa en Rambouillet, un pueblo que queda en la misma línea de París a Chartres y que pasa por Versailles. Luego regresó a Venezuela a estudiar Estudios Liberales en La Universidad Metropolitana y se graduó en el 2011. Fue a mitad de su carrera universitaria, donde se dio cuenta que amaba el diseño. Conoció a la modista que se encaminó con ella en este fascinante proyecto que hoy se llama Perinola. “Yo le llevé unas cosas para que me las arreglara y luego me dijo que si yo le llevaba algún modelo ella me lo podía hacer. Empecé a hacer mi ropa y la gente siempre me preguntaba dónde la había comprado y en ese momento se me ocurrió la idea de hacer mi propia marca”.

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Luego de graduarse, después de un viaje a Argentina que también estuvo muy conectado a la moda, inauguró su tienda.

El nombre clave

Escoger el nombre no fue nada fácil. “Pasé por mil opciones hasta que estábamos en la playa y alguien dijo la palabra perinola. Me gustaba que la perinola era un juego y el concepto de la vida es un juego, es divertido, es auténtico. La marca es bastante fresca y la perinola, además de ser un juego, es criollo y mi marca también lo es entonces. Para mí cumplió con los tres conceptos: nombre criollo, un juego y además uno que se juega en muchas partes del mundo”.

Es impresionante que tomara el riesgo por si sola a tan corta edad (23 años), na enorme responsabilidad. “Fue difícil al principio formar una estructura. Pero hoy en día son más de 10 perinola troopers —las jóvenes que la ayudan a atender la tienda”, dice.

Su estilo e inspiración

La ropa de Perinola es un estilo marcado por el bohemio, romántico, femenino, versátil y práctico. Las piezas son de talla única y le quedan bien a diferentes tipos de cuerpos. Además, se puede jugar con ellas. “Por ejemplo: el vestido de pompones puedes ponértelo de diferentes maneras y le puedes cambiar los pompones”. Su inspiración para crear la tiene clara: los viajes, tanto los reales como los imaginarios.

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Su última temporada Mais Amour está inspirada en Río de Janeiro y se debe a una campaña de un artista brasilero que a través de su arte en graffiti mandó su mensaje de amor y de aceptación. “El arte urbano en Río de Janeiro me cautivó hace unos meses. Un día aquí en Caracas vi el mismo graffiti y pensé: ‘¡Wao! Llegó hasta aquí déjame continuar con este mensaje’”, relata y de pronto como si también fuese un recuerdo, con ojos brillosos, dice: “todo nuestro proceso es bastante artesanal. Producido por mujeres venezolanas”.

Para conseguir productos, la marca Perinola está en su tienda y en otras que venden sus piezas.“También estamos en otros lugares del mundo como Panamá, Estados Unidos, México, Chile, España. Y ahorita vamos a vender en Amazon”, acota con alegría.

Las exigencias de la mujer

Sobre el exigente rol que tienen las mujeres, y que las hace convertirse en súper mujeres, Helena acota: “Yo no creo que nosotras por tener muchas responsabilidades hacemos más o hacemos menos, por lo menos es lo que veo con mi esposo. Él también hace muchísimas cosas. Alex y yo nos casamos y desde un principio establecimos bien cuáles eran nuestras responsabilidades, desde lo básico hasta cómo aportamos económicamente en familia”, confiesa y remata: “Yo sí creo que lo que tiene de trabajo extra la mujer, es crear esa armonía en el hogar”.

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El funcionamiento del sistema familiar lo ha ido aprendiendo con Perinola, porque, asegura, se trata de organización. “Si estás bien organizado todo fluye y tienes más tiempo para ti porque todo está funcional. Me hace ilusión prepararle comida, llenar la casa de flores y consentirlo”.

La proyección de Helena a futuro siempre ha sido en Venezuela. “A mi me fascina este país. Venezuela es lo mío. Amo viajar pero no hay mayor satisfacción que regresar. Agarrar lo que veo por el mundo y hacerlo aquí me llena de felicidad”, concluye.

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