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Hugo Chávez: homo mutantis

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Quince años no pasan sin dejar rastro. Ese fue el tiempo que gobernó Hugo Chávez, pero su aparición en la palestra pública se remonta a 1992 para sumar dos décadas, en las que tanto su apariencia física como pensamiento ideológico mutaron constantemente. Las razones y sus consecuencias son objeto de estudio para la historia

Hugo Chávez no era un nombre que causara revuelo mediático antes de 1992. El 4 de febrero de ese año un golpe de Estado intentó deponer el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez. La sublevación militar coordinada por cinco tenientes coroneles —Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta Chirinos, Jesús Urdaneta y Miguel Ortíz Contreras— fracasó, pero el oriundo de Barinas pronunció un discurso en televisión que le hizo sumar algunos simpatizantes. Él, un delgado y calmado uniformado para ese entonces, asumió la culpa y la derrota y sentenció que, aunque los objetivos no se habían alcanzado, pronto llegarían “nuevas situaciones” para hacerlo. Esa alocución, su posterior aprehensión y continuo sobreseimiento lo catapultaron en el colectivo venezolano. La insurrección militar fue producto de la “Operación Zamora”, un plan para derrocar al gobierno bajo el alegato de ponerle fin a la crisis económica, la incompetencia y la corrupción del liderazgo civil, ideas que promulgaba el MBR-200. Algunos vieron en él la expresión de un descontento que surgió a la hora de apretar cintura en el país acostumbrado a las vacas gordas. Así fue como seis años después pasó a ser candidato presidencial.

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A la presidencia sin armas

El verde oliva del uniforme militar quedó colgado en un armario durante la campaña presidencial de 1998. Chávez, el insurrecto, ahora vestía de civil para llegar al poder mediante una vía democrática y sin armas. En entrevistas como candidato reiteraba no ser socialista, ni tener actitudes autoritarias. Declaraciones que quedaron en video, pero esfumadas de su memoria. Siendo presidente, el 30 de enero de 2005, en el cierre del V Foro Social Mundial de Porto Alegre, Brasil, la palabra “socialismo” se incrustó en su vocabulario por primera vez para afirmar que la ideología no había muerto, sino que había sido mal direccionada. “Al capitalismo hay que trascenderlo por la vía del socialismo. El verdadero socialismo, la igualdad, la justicia y en democracia”, dictaminó. Supuso que la doctrina caló en los venezolanos cuando ganó las elecciones presidenciales de 2006 y a partir de allí no hubo retroceso. El 14 de marzo de 2008 fundó el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y en junio —durante la designación de los candidatos a gobernador— su voz se alzó para espetar: “Yo soy un verdadero revolucionario. Estoy dispuesto a morir. A morir una y cien veces para construir en Venezuela el socialismo o morir en el intento”. Esta sentencia la hizo a pesar de que durante su candidatura hablaba de superar las ideologías extremistas y encaminar al país por la “tercera vía”, una propuesta del Primer Ministro inglés Tony Blair para hallar un entendimiento entre el liberalismo y el socialismo democrático.

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Eterno discípulo de Fidel

Durante una entrevista en 1998, el periodista Jaime Bayly trató de ahondar en las opiniones de Chávez como candidato presidencial. Conocer su parecer sobre el gobierno de Fidel Castro era un enigma puesto que Chávez había visitado al cubano en 1994 para buscar apoyo internacional luego de ser sobreseído.  Sin titubeo calificó el régimen de Castro como una “dictadura”. Sin embargo, para el 28 de octubre del 2000 —con una gestión gubernamental aún en pañales— ya dejaba ver que había una relación de amistad cercana. El uniforme militar se descolgaba de nuevo para los encuentros con el mandatario cubano.

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Referendo revocatorio

El 15 de agosto de 2004 se acudió a la Constitución para revocar el mandato de Hugo Chávez. Con los estragos frescos de 2002 —el paro nacional y el 11 de abril— se recogieron firmas para ir a elecciones. La primera tanda fue rechazada por el Consejo Nacional Electoral (CNE) por haber sido reunida por la organización SUMATE. El 3 de junio de 2004, el ente estatal permitió una nueva recolección que contó con 2.451.821 signaturas, cifra suficiente para convocar comicios electorales. El uso del captahuellas se estrenó y, finalmente, cuando en agosto se puso en tela de juicio la gestión gubernamental de Chávez, fue él quien se alzó con la victoria porque el “No” revocar su período ganó con 5.800.629, es decir, 59% de los votos.

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Amigo latinoamericano

El discurso antiimperialista y la chequera de petrodólares le concedieron a Chávez la alianza con varios países latinoamericanos. Se convirtió en un representante más simbólico que real de la región. La encuestadora y fundadora de Latinobarometro, Marta Lagos, afirma en un artículo publicado en la revista Nueva Sociedad en 2006 que “Hugo Chávez tiene un fuerte impacto mediático y ha logrado interpretar las aspiraciones de algunas elites latinoamericanas. Sin embargo, está lejos de interpelar a los pueblos de la región. De hecho, los datos de las encuestas indican que es menos conocido y no tan valorado como George W. Bush. Por eso, antes de hablar de verdaderos liderazgos conviene tener en cuenta que lo que realmente reclaman los latinoamericanos no es más izquierda, sino más democracia y mejores condiciones de vida”. Chávez simpatizó con varios mandatarios latinoamericanos aunque en la práctica no todos ejercieran un gobierno similar al suyo. Pudo ser un líder simbólico en parte del continente, pero en Venezuela, pese a las oposiciones, todavía cuenta con 60% de popularidad mientras Maduro con dificultad roza 20%.

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Contra la iglesia

Chávez no parece descontento con el nombramiento de Jorge Urosa Savino como cardenal en el 2006, pero en 2010 dijo que su favorito para el cargo era Mario Moronta. Calificó de “troglodita” al representante de la iglesia católica. Para él, era un “bandido” y “embustero” por haber declarado su preocupación de que el régimen chavista estuviese encaminado hacia el comunismo. El disentimiento de Urosa Savino le hizo ser, a los ojos de Chávez, un enviado de los “pitiyanquis” que no merecía respeto.

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Expropiación como pan caliente

Después de ganar las elecciones contra Manuel Rosales en 2006, Chávez no temía alzar la voz. Estampó una actitud prepotente donde prevalecían sus deseos antes que la conciliación. Un disco rayado que repite palabras parecía escucharse durante una cadena nacional de 2007 donde Chávez en pleno centro de Caracas enunciaba: “Exprópiese, exprópiese, exprópiese”. Él, que en entrevistas como candidato presidencial en 1998 aseguraba no tener intenciones de intervenir la propiedad privada, cambió el interruptor e hizo de la estatización una bandera política en la supuesta búsqueda del socialismo. Durante una década, desde 2002 hasta 2012, se intervinieron 1.168 compañías de la construcción, agroindustria, petrolero, comercio y alimentos —los cinco sectores económicos más afectados. El Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (CEDICE) estima que  alrededor de 256 compañías operaban en el sector de alimentos.

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Rasgos autoritarios

El periodista de Univision, Jorge Ramos, entrevistó a Chávez el 5 de diciembre de 1998, un día antes de las elecciones presidenciales. Al preguntarle por un posible carácter autoritario, el exteniente coronel, vestido con chaleco y corbata, afirmó que esos supuestos no calaban en él. La democracia debía imperar en su gobierno. Años más tarde, cuando ya su vestimenta civil tenía un vestigio militar —la constante camisa roja con la apariencia de una chaqueta del ejército— replicó en cadena nacional contra funcionarios públicos. “La presidenta de Safonacc se niega (a autorizar algunas peticiones) porque ella dice que es autónoma. ¡No, compadre! Esto es un solo gobierno y no puede haber ningún instituto autónomo”, dijo. Las palabras que le dijo a Bayly también se las llevó el viento. En la entrevista del 98 aseveró no interferir con las operaciones de la banca privada, sino trabajar en conjunto. El 26 de enero de 2011, durante otra cadena nacional, llamó al presidente del Banco Provincial, Pedro Rodríguez, en esa onda de privatización para decirle “Tenga cuidado con lo que me responda porque usted me está diciendo que el banco no está en venta, pero yo se lo puedo expropiar ya inmediatamente si quiero”. Regaños y reproches se hicieron habitual en sus alocuciones. Su gestión era prácticamente para la pantalla. Habló por 1300 horas en cadena, el equivalente a 54 días, casi dos meses, frente a las cámaras. Sin contar los episodios dominicales del programa Aló, presidente.

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La salud: un acertijo nacional

El primero de agosto de 2011 Chávez luce una nueva imagen obligatoria. Ahora es calvo producto de tratamientos oncológicos. El 10 de junio, el Gobierno admitió que el Presidente fue operado en Cuba de un absceso pélvico. A finales de mes, el 30 de junio, declara desde La Habana que su intervención quirúrgica se debió a un tumor cancerígeno, por el cual debía empezar un tratamiento de quimioterapia. Entre viajes a Cuba y visitas al Hospital Militar, el 10 de septiembre, aseguró haber derrotado el cáncer, pero el 24 de febrero de 2012 retorna a la isla gobernada por los Castro para operarse un nuevo tumor canceroso. El estado de su enfermedad fue una incógnita. Los detalles se mantenían a puerta cerrada y bajo esa zozobra, Chávez decidió postularse para un nuevo período presidencial de 2013-2019. En los comicios contra Henrique Capriles, gobernador del estado Miranda, no hubo posibilidad de alternancia política. Chávez ganó con 55% de los votos. Sin embargo, el 8 de diciembre en cadena nacional anuncia una nueva cirugía y sugiere a Nicolás Maduro como su descendiente político en caso de que él no pueda asumir el mando el 10 de enero de 2013 como estaba previsto.

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Golpe de timón

La necesidad de autocrítica fue una de las primeras exposiciones que realizó Chávez después de ganar las elecciones presidenciales del 7 de octubre de 2012. El 20 de octubre de ese año, durante el primer consejo de ministros, anunció un “nuevo ciclo” de su gestión. “La autocrítica es para rectificar, no para seguirla haciendo en el vacío, o lanzándola como al vacío. Es para actuar ya, señores ministros, señoras ministras”, replicó después de estar en el poder por más de una década. En esa reunión, una de las últimas antes de su muerte, habló de la eficiencia, la aceleración de la construcción de las comunas y el desarrollo del Sistema Nacional de Medios Públicos. Relegando la culpa a terceros, en este caso los ministros, reconoció fallas presentes en su período presidencial. Quedará como duda histórica si sus promesas se cumplirían o si sería un período más de contradicciones.

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