Ilusión de prosperidad

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El modelo rentista del petróleo se profundizó desde que en 1999 el chavismo llegó al poder. El bolsillo del ciudadano se sintió abultado, un aumento en la capacidad de compra gracias al subsidio del Estado. La sobrevaluacion de la moneda y un endeudamiento irresponsable despilfarraron la bonanza petrolera, sin dejar inversiones, ahorros o diversificación productiva.

Con motivo de su 13° aniversario, Clímax presenta la serie Deconstruyendo a Hugo Chávez

En 1984, Ramón Piñango y Moisés Naím intentaron darle explicación a un fenómeno inusual: ¿Cómo un país, después de tantos años de crecimiento elevado y sostenido puede evitar las tensiones y conflictos típicos de tal fenómeno?

La respuesta fue esta:

“El petróleo hizo posible un cierto estilo de decisión, extendió una fianza que cubría los costos sociales del proceso de desarrollo. El exceso de dinero permitió evitar choques y postergar conflictos. El procedimiento consistió en darles a todos todo lo que pedían todo el tiempo. Este modo de actuar impidió la creación de instituciones especializadas en la solución de conflictos”.

El petróleo nos permitió vivir en una costosa y prolongada ilusión que después pagamos con décadas de inestabilidad política, económica y social. De hecho, ese ciclo parece no haber terminado y también todo parecería indicar que está en su parte final.

Paradójicamente la figura política de Hugo Chávez nació de ese ciclo inconcluso, además de haber provocado, gracias al petróleo, la más reciente ilusión de prosperidad. Pero como toda ilusión fue efímera y hoy los venezolanos pagamos un muy alto precio por ella.

Visión “demorrentista”

Casanova (2011) afirma que durante buena parte del siglo pasado, la visión mayormente compartida dentro de Venezuela era una demorrentista. Una vez derrocada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se abrió en Venezuela un período democrático con inicial estabilidad y que continuó con altas tasas de crecimiento vistas en años previos de su llegada.

El petróleo nos hacía sentir como una sociedad rica y muchos veían al Estado como la figura idónea de reparto equitativo de tal riqueza. Casanova (2011) menciona que: “El código básico para entender y evaluar nuestro entorno era estar o no estar incluido en ese proceso de reparto. A los excluidos de ese proceso se les condenaba a la pobreza mientras que a los incluidos se les abría la posibilidad de progresar”.

Buena parte de la sociedad venezolana en vez de abrazar la producción, la productividad y al esfuerzo como vías de bienestar, se limitó a buscar vías para poder tener acceso a las riquezas naturales o la renta que estas producen.

El “Gran Viraje” propuesto por Carlos Andrés Pérez iba en la dirección correcta, pero en medio de un contexto político y social que todavía estaba sumergido en el demorrentismo. Las razones de su fracaso están bastante documentadas.

Chávez llega al poder, en buena medida, apoyado de un discurso reivindicador. Afirmó una y otra vez que los gobiernos de la democracia habían fracasado en el reparto de la renta, y él, como héroe justiciero, finalmente la repartiría de manera equitativa. El discurso le sirvió.

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Chávez: boom de consumo + toma institucional

La gestión de Chávez fue prolongada y de muchos acontecimientos. En sus inicios la economía no tuvo cambios significativos, por lo que los efectos del Plan Agenda Venezuela se prolongaron durante los primeros años de gestión.

La inflación siguió su retroceso hasta llegar a 12,5% en 2001. El poder de compra y el Producto Interno Bruto (PIB) se mantuvieron en niveles relativamente estables, igual pasó con el tipo de cambio.

La dinámica política cambió radicalmente después de la crisis profunda vivida en los años 2002 y 2003. Chávez logró consolidarse después de implementar un número importante de programas sociales (por ejemplo, las llamadas misiones) lo cual también coincidió con el comienzo de unos de los más grandes booms de precios del petróleo de la historia.

Es claro que Venezuela no sufrió a lo largo de todo el chavismo la precariedad económica que hoy vivimos. Es más, podríamos decir que presenciamos todo lo contrario. Los precios del petróleo y el endeudamiento crearon una ilusión de prosperidad que permaneció por una década (2005-2014). El PIB per cápita creció de manera significativa. El consumo creció aún más porque no sólo se contaba con una producción nacional en ascenso, sino también con oferta proveniente de las importaciones. La sensación de prosperidad se sentía por doquier, el “Socialismo del Siglo XXI” parecía un milagro económico.

Los males profundos del modelo se gestaron en medio del jolgorio consumista. No se ahorró debidamente lo que percibimos de los altos precios del petróleo, no se invirtió como se debió para tratar de diversificar el aparato productivo, nos hicimos más dependientes del petróleo porque el tipo de cambio sobrevaluado, producto del control de cambio, abarataba las importaciones y encarecía nuestras exportaciones no petroleras, el endeudamiento financiero fue irresponsable y a altas tasas de interés.

Estos puntos se limitan a lo económico. Hay otros dos aspectos que quiero destacar. El primero tiene que ver con la toma institucional que realizó Chávez en medio de la ilusión de prosperidad, proceso que llegó a instaurar la reelección indefinida. Dos, el énfasis clientelar hizo que el venezolano se volviese más dependiente del Estado, es decir, no se aprovechó la oportunidad histórica de hacer las inversiones necesarias para lograr una inserción masiva del venezolano en la esfera productiva. Sin duda, el modelo fue creado por Chávez y era cuestión de tiempo para que este colapsara, sólo que su creador no vería su fracaso.

Ilusión desvanecida

Las primeras señales del colapso del modelo se vieron en 2012. La economía comenzó a desacelerarse, lo cambiario se volvió salvaje e incontrolable, la inflación comenzaba su camino hacia la hiperinflación. A esto se unió la complejidad política provocada por la muerte de Chávez.

Nicolás Maduro debió atajar la coyuntura, hacer los correctivos necesarios. No lo hizo. Desde lo lejos pareciera deberse a una peligrosa simbiosis entre terquedad ideológica y de negocios de los diferentes factores de poder. No vimos rectificación, sino todo lo contrario, profundización de los males y atrincheramiento en el poder.

La ilusión se tornó en una larga y trágica pesadilla. Hoy una parte importante del país lucha para superarla.

Ingeniero Químico por la USB. Magíster en Administración (MBA), mención Finanzas, de la Universidad Metropolitana. Egresado del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) del 73° Programa de Gerencia para Ingenieros. Instructor en el Área de Finanzas en la Bolsa de Valores de Caracas, y en el CIAP-UCAB. Director de Econométrica.