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Inés Muñoz Aguirre: “Somos incapaces de construir una memoria histórica”

Portada 3 Inez Muñoz
29/04/2019
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TEXTO: YOYIANA AHUMADA L (@YOYIAHU)

La venezolana Inés Muñoz Aguirre construye en su nueva novela Anclados el relato de quienes vieron la modernidad democrática nacional sucumbir en dos décadas. El libro fue publicado en España, y sirve para explicar a audiencias foráneas las vivencias de la que era considerada la democracia más sólida del continente. La periodista examina los rigores de su obra y los espejos generacionales que invoca

Inés Muñoz Aguirre es periodista, dramaturga y escritora. Reúne en su transitar 35 obras de teatro, prácticamente todas estrenadas, dentro y fuera del país. Entre sus normas de vida no figura el pesimismo, por eso sus redes sociales las emplea solamente para promover al país posible. Es una mujer de sonrisa sostenida y mano abierta. Trabaja para que su convicción no traicione a la realidad. Escribe, edita, dicta talleres, promueve la escritura.

Un día puede verla usted en “La semana negra de Caracas” –evento para promocionar autores de ese género al que se entrega– diciendo que ese tipo de relato “es una sorpresa constante que te obliga a ser minucioso, a no dejar hilos sueltos. Tienes que contar al lector algo que lo obligue a aferrarse a las páginas del libro que lee”. Otro día participa de Pasión-País, un evento conformado por múltiples conferencias tipo TED para hablar del país posible. Además, mantiene activa la página web El Constructor.Inesmuñozcita5Y escribe. A ritmo de vértigo. Obras de teatro, novelas e incluso poesía –Cumpleaños feliz, Días de novenario, La segunda y sagrada familia– han salido de su pluma.

Su más reciente creatura es Anclados, publicada en España por el sello Kalathos Ediciones que dirigen Artemis Nader y David Malavé. Es la más reciente, pero no la última. Tiene otras inéditas. En ella pareciera no haber proyectos últimos, siempre está en com-pulsión de producir. De la autora es la obra Estado de sitio –régimen de excepción donde se suspenden las garantías–, y El sucesor, esa capacidad de encantamiento y del liderazgo mesiánico como falsificación de la realidad; el poder como acto de prestidigitación. “El gran reto de la dramaturgia es contar en tiempo y espacio limitado. Agradezco mucho a esta disciplina mi base para la narrativa”.

Anclados cuenta una etapa del país, la Venezuela del siglo XXI que, aun arrasada –al menos institucional y simbólicamente–, es consecuencia de esos pilares del siglo XX. El nacimiento de la democracia y la Venezuela urbana como envión hasta el cataclismo de la democracia bipartidista. Eso sí, “no es una novela política”.

Inesmuñozcita4En esta historia la autora va hacia adelante y hacia atrás en el tiempo del viaje narrativo, pero se sostiene en el quiebre que se produjo en el país con el advenimiento del chavismo. Dos heroínas trágicas dan cuenta del cambio en las élites gobernantes, de la relación del poder y el capital económico. Es como toda obra-país catárquica, en el sentido real de la palabra: terror, piedad, preguntas.

A Helena –y no la de Paris, que desató la guerra entre Esparta y Troya–, se le hace añicos la Venezuela idílica de sus padres. Quizá como una precursora del cataclismo de la diáspora que ya alcanzará pronto los cinco millones de venezolanos aventados fuera del país, ella huye como quien se aleja de una maldición.Portada 2 Inez Muñoz

Escrita en tono de crónica, la novela es de tono realista. El lector puede identificar claramente momentos de estos veinte años. “Yo siempre trato de tener un discurso en positivo. Nuestro maravilloso país no es culpable de muchas de las cosas que nos han tocado vivir. Soy un ser humano, soy venezolana y obviamente con ese amor que siento por el país a mi me afectan profundamente las cosas que han ido pasando en nuestra maravillosa Venezuela. Todos los sucesos me afectan profundamente. De alguna manera, como escritora, estoy ligada a la reflexión sobre las cosas que nos pasan”.

Inés Muñoz Aguirre describe el origen del título. “Hubo un momento en que yo sentí que realmente estábamos anclados. Pasaban muchas cosas a nuestro alrededor pero ninguna se desarrollaba a nivel de llevarnos a evolucionar como sociedad. En ese momento yo comencé a escribir la novela”.

InesMuñozcita3El país ha vivido dos décadas de progresiva destrucción. Una parte de ese recorrido está vertido en estas páginas. “Esta novela me llevó un proceso de seis años. Durante el tiempo que me tomó escribir, reescribir, editar, cortar, pulir y editar, fueron publicadas tres novelas mías. Sin embargo, en ese ínterin de tiempo no me despegaba del proceso de reflexión de este elemento; la sensación de estar anclados. La mayoría de los autores habla que una de las cosas más difíciles es conseguir el título adecuado para la historia una vez que la terminas. A mí esta vez me pasó lo contrario: tuve primero el titulo y después desarrollé la novela, porque esencialmente esa era mi reflexión, sentirme anclada”.

Se lee en la contraportada redactada por el también periodista y editor Miguel Ángel Contreras Betancourt, director de la revista española Contraluz para la que Muñoz Aguirre escribe y presentador de la novela en Madrid: “Desesperanza, desolación y devastación son las tres palabras que podrían conformar los cimientos sobre los que Inés Muñoz Aguirre ha levantado la torre de vigía desde la que observa el acontecer actual de su país, de Venezuela: y como sea que el periodismo corre por sus venas, ha elaborado una crónica (una novela) en la que no hay lugar para la asepsia para las florituras”.

La obra está contada a partir de voces variopintas en su relación con el país. Hay hombres y mujeres pertenecientes a la clase alta, tan estigmatizada durante la era postdemocrática. Está presente la voz de la revolución que es la de aquellos que se montaron en la ola para demoler el ancient regime. Comparten orígenes comunes y hasta la casa de estudios.

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–¿Por qué contar la novela desde el punto de vista de una mujer?

–Desde el momento que comienzo a escribir la novela, lo hago desde un punto de vista muy personal, el mío, que es el de una mujer, incluso sin que en lo absoluto tenga elementos biográficos conscientes. Confluye que Elena, la protagonista, es periodista, egresada de la UCAB y que pertenece a mi misma generación. Yo necesitaba ubicar esa reflexión sobre sentirme anclada desde algo más concreto. Por el contrario, el padre de Elena para mí era entonces una de esas figuras fundamentales de esa Venezuela de antes, de ese proceso de la construcción de un país que a nosotros nos ha tocado ver cómo se deconstruye.

–La novela reúne una mirada polifónica de historias que se entrecruzan. ¿Por qué la escogencia del tiempo histórico del surgimiento de los primeros signos de la democracia, del paso hacia la modernidad y del cambio del paradigma de la Venezuela rural a la Venezuela urbana?

–Una de las cosas que más me preocupan es la corta memoria que tenemos los venezolanos. Yo creo que parte de los problemas que estamos viviendo se deben a que somos incapaces de construir una memoria histórica sobre la cual fundamentar cada una de nuestras acciones. En el momento en que me planteé que esta voz de esta protagonista nos contaba cómo su país se le iba cayendo a pedazos a los lados, también me pregunté cuál es el país que se le estaba cayendo a pedazos. La generación que viene detrás de la mía, por ejemplo, no se cree que hubo otro país distinto. A mí, mis sobrinos me miran asombrados cuando les digo que ibas al Gran Café y te sentabas hasta la madrugada, y que había seguridad y nadie se metía contigo. Eso por mencionar un elemento de relación con la ciudad. Como ese, todo: el progreso que tuvo el país desde el punto de vista económico, social, educativo, cultural. Yo necesitaba mostrar ese país para que los lectores actuales puedan entender de qué se trata la decepción, el desencuentro emocional, hasta físico que tiene Elena con todo lo que la rodea. A eso solo puedes llegar a entenderlo cuando puedes comparar. Para mí era muy importante mostrar esa cara, la cara de un país que pasaba a la modernidad y que realmente iba a navegando a toda vela en ese momento.

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–La novela está estructurada por capítulos que aluden al entorno del mar. El mar está relacionado con lo femenino, lo inconsciente.

–En principio tuve en mi mente y en mis manos y en mi emocionalidad el titulo de la novela de Anclados. ¿A qué lo asocias? Lo tienes que asociar al mar. El mar significa cambios, movimientos, transformación, el mar del relax, de lo profundo de la belleza, puede ser un mar violento, un mar agresivo y es lo que sucede cuando vemos a Aura, la otra periodista que estudió con Elena pero que por su concepción de vida termina apostando a la revolución. Ella viviendo de esa manera un proceso de cambio, entra en una circunstancia que la lleva a tormenta, mar de leva. Al final, es lo que mueve tanto a Enrique, que es el protagonista de la historia que se refiere al pasado fundacional, en la popa del barco, y a Elena, que protagoniza los capítulos que aluden a la proa del barco.

–Como si estuviera escribiéndose en tiempo real, es una crónica pero como se hizo para seguir la marcha de acontecimientos cada día, es como si los vivieras cada día y los vertieras casi al mismo tiempo en la escritura. ¿Pensó a que público va dirigido?

–Lo primero que aclaro es que no es una novela histórica. Está atravesada por la ficción. Yo no me había planteado que esta novela se iba a publicar en el exterior. En principio fue aceptada por Bruguera, que era mi editorial, pero se fue del país. Me quedé con la novela en la mano y la entregué a varias editoriales que nunca me dieron respuesta. Un día David Malavé la leyó y me dijo “es nuestra”. Para él, como editor, su inquietud era que cómo yo utilizo muchos modismos nuestros, si la novela se iba a entender en España. Yo tengo varios años escribiendo en una revista española, Contraluz, y David me propone enviarles la novela. A su director le pedí que escribiera la contraportada del libro y me impacté mucho: Miguel Ángel Contreras es un periodista español que no conoce Venezuela y, si a él le llegó la historia de esta forma, quiere decir que la gente iba a entender lo que sucede en esa novela. Como autora me niego a que uno tenga que cambiar su lenguaje y su modo de expresarse. Conocemos grandes autores como Gabriel García Márquez que jamás cedió a cambiar su forma de expresión. Uno no tiene porqué poner en juego su idiosincrasia como autor. Es una novela escrita en Venezuela por una autora venezolana que nació en Madrid porque allí fue editada. Me siento muy satisfecha de que una novela que forma parte de nuestra vivencia diaria, del acontecer de nuestro país, este girando en otras latitudes, en otras ciudades de este planeta. Hicimos la presentación en Kalathos, en Caracas, y los ejemplares que se trajeron se agotaron en Venezuela.