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José Félix Ribas, el vecino olvidado de La Pastora

PORTAPINZA
31/07/2017
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FOTOGRAFIA DE PORTADA: ANTONIO HERNÁNDEZ | FOTO INTERNA: AVN

Caracas cumple 450 años de historias y anécdotas, de rincones conocidos y por descubrir. Entre ellos, en La Pastora, el pequeño monumento a José Félix Ribas se erige como testimonio de libertad e independencia. Opacado por la política y al descuido, sirve de escenario anual para homenajes oficiales aunque unas rejas lo mantengan alejado del pueblo al que el prócer quiso libertar

Las esquinas de La Pastora esconden sorpresas. Desde el año 1889 -año en el que terminó por erigirse la parroquia- han vivido en sus caminos de piedras, ahora cubiertos en parte por el asfalto y la negligencia, partes importantes de nuestra historia. Allí está la Puerta de Caracas, los caminos que cruzaron conquistadores y libertadores, extranjeros y nacionales. Un pequeño atisbo al pasado en nuestros tiempos modernos. La partida de nacimiento de la capital.

Entre el ajetreo de las camioneticas que pasan, los camiones de fruteros con altoparlantes anunciando la mercancía del día y la risa de los aledaños de la zona que conversan con cervezas en la mano, la historia no se borra aunque no todos la recuerden. Uno de sus grandes protagonistas, el caraqueño y prócer independentista José Félix Ribas, continúa su lucha ahora contra el olvido. Entre las pequeñas casas coloniales y una licorería, en plena Calle Real de Puerta Caracas, está un monumento en su honor, humilde en apariencia y de tímida estructura.

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No asombra por su tamaño ni sus formas. Pasa casi desapercibido. Como una versión más pequeña de un templo al estilo griego, sus columnas están hechas de mármol negro y color marrón. En el medio, una lápida de mármol blanco recrea en relieve el rostro del General en Jefe vencedor en La Victoria en 1814 junto a una figura femenina vestida de túnica, con el brazo izquierdo extendido, sosteniendo una rama. A duras penas se entiende un mensaje que informa a quienes lo visitan que es allí donde reposa, de manera simbólica, la cabeza de Ribas. El paso del tiempo ha sido tan abrasivo como el descuido.

Nacido en cuna de oro, se entregó a la causa de la Independencia bajo el mando de Francisco de Miranda. Su compromiso republicano resistió la pérdida de las primera república venezolana y lo impulsó a enfrentarse de nuevo al Ejército Realista, participando en la Campaña Admirable. La Victoria lo vio triunfar y Urica lo vio caer, a pesar de arrebatarle la vida al “urogallo” José Tomás Boves.

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El realista Francisco Tomás Morales, llamado “El Inmortal” entre los españoles, terminó por convertirse en vencedor, asumiendo el liderazgo que su general Boves había dejado acéfalo. Así comandó la caza a los republicanos, logrando capturar a Ribas, quien fue ejecutado en Tucupido y luego desmembrado. Su cabeza, freída en aceite, exhibida en Barcelona el 3 de febrero de 1815, fue trasladada a Caracas para ser mostrada en público e infundir miedo a quienes se atrevieran a empuñar armas contra la corona.

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Cuentan los vecinos que allí, en ese mismo espacio donde ahora se yergue el monumento, estuvo alguna vez la cabeza del “Vencedor de Tiranos”. Derbys López, de la Fundación Historia, Ecoturismo y Ambiente (Fundhea), confirma el mito, aunque con dos versiones. Una indica que la testa fue guindada de una gran vara, cual poste. Una bandera escalofriante. También, que fue expuesta en una jaula hasta que los españoles fueron derrotados en la Batalla de Carabobo seis años después, en 1821.

Liberada Venezuela y entrado el siglo XX, se mandó a erigir el monolito en el sitio. No hay certeza de quién dio la órden ni quién la ejecutó. Víctor Zambrano, del Banco Fotográfico de La Pastora, afirma que fue en 1914 cuando se inauguró, para conmemorar el centenario de la gran batalla del prócer cuando se hizo acompañar por estudidantes y seminaristas -ahora motivo de celebración del Día de la Juventud- y su posterior muerte. Eran tiempos de Juan Vicente Gómez.

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La batalla contra el olvido

El presente no le hace justicia. Una reja relativamente nueva, parte de las renovaciones que prometió el presidente Nicolás Maduro en 2014, lo mantiene aún más lejos de quienes cruzan por la calle. En febrero de ese año, el mandatario reconoció el deterioro y ordenó al Ministerio de la Juventud restaurarlo. Fundapatrimonio asumió las labores en donde entonces vivían ocho perros y un indigente, según reportaba El Universal.

Al año siguiente se completaron los trabajos en el sitio, pero en 2017 lo que queda es silencio. No hay quien cuide su entrada, tampoco quien tenga llave para abrir el paso a visitantes. El recuerdo a Ribas se mantiene encerrado en su propio espacio, tan enjaulado como dicen que estuvo su cabeza. Además, rodeado de basura. Los vecinos cuentan que se instaló una malla adicional para evitar la entrada de desperdicios, pero poco duró. La robaron tan pronto fue desplegada.

A pesar de su exterior y su apariencia descuidada, los pastoreños lo celebran. “Desde el 90 veo ese monumento todos los días. Ahora está feúcho, la basura se mete y nunca lo vienen a cuidar, pero a mí me gusta. Es parte de nuestra historia. Nos recuerda a quienes lucharon por la independencia”, afirma María Méndez, de 67 años y dueña del pequeño abasto ubicado a dos casas de la escultura.

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Carlos Hernández, de 55 años, también siente un cariño especial al ver el monumento, pero condena su descuido y olvido. “Uno sabe porque lo ha visto siempre. Yo venía desde pequeño. Pero ya nadie viene. Es que está muy descuidado. Antes venían unos militares a cuidarlo pero tienen rato que no aparecen. Le pusieron esa reja que lo esconde. Ya ni las palmeras que estaban en el jardín que está detrás siguen ahí. Solo queda una”, detalla. Un suspiro se escapa de su boca y con una pequeña sonrisa, tratando de disipar su melancolía, añade: “Tú sabes cómo es el venezolano, se le olvida la historia”.

En La Pastora también hay quien conoce el monolito pero desconoce a quién está dedicado. Solos los de mayor edad atinan. Los chamos, patinan. “Yo sí sé que ese es el monumento a Ribas porque desde chiquita me explicaron”, afirma con orgullo Yenerys Rodríguez, de 23 años. Al preguntarle sobre el motivo por el que se conmemora al prócer, calla. “Es que generalmente nadie viene a ver este monumento. Viene es pura gente que está con el Gobierno a la casa de la Juventud Robert Serra”, afirma.

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Se refiere a la oficina ubicada justo al frente, donde antes existió la primera aduana de Caracas. El edificio fue tomado como epicentro del homenaje a Robert Serra, asesinado en su hogar de la parroquia en 2014. Al año siguiente el edificio se le hizo votivo. Fue el 12 de febrero de 2015 cuando la celebración de los 201 años de la Batalla de La Victoria que consagró a Ribas se opacó por la veneración al llamado “diputado mártir” del chavismo.

“No podemos optar entre vencer o morir, necesario es vencer”, reza la inscripción taraceada en la parte más baja del cenotafio, con letras doradas. Una frase dicha por José Félix Ribas en medio del combate sobre tierras de Aragua. Un epitafio que desfía al olvido y la negligencia.