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Juan Vicente Torrealba, al encuentro de su potra zaina

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09/05/2019
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TEXTO: ORLANDO SUÁREZ (@ORSUA) | FOTOGRAFÍAS: ARCHIVO

El músico y compositor centenario superó muchas pérdidas, pero la partida de su esposa Mirtha, hace dos años, lo fue apagando lentamente hasta su fallecimiento, el 2 de mayo de 2019. Le sobreviven hijos, nietos, bisnietos y una obra invaluable grabada en las células de los venezolanos

La lucidez lo acompañó hasta el último día, no así el ánimo. La desaparición física de su potra zaina, después de 58 años de matrimonio, lo sumió en la tristeza que apenas lo motivaba a tomar los alimentos necesarios para mantenerse en pie y los medicamentos recetados para controlar algunos padeceres propios de alguien centenario. El entusiasmo del maestro Juan Vicente Torrealba mermó en los últimos dos años, al enfrentar la recta final de su vida sin la compañía de su inseparable Mirtha Teresa Pantoja. Ni sus hijos ni sus nietos ni sus bisnietos pudieron compensar la ausencia. El 2 de mayo de 2019, a los 102 años de edad, decidió que era el momento del reencuentro.JVTcita5A diferencia de otros artistas, el músico partió con la satisfacción de saberse querido, admirado y valorado como baluarte de la venezolanidad. Homenajes, condecoraciones y reconocimientos se adelantaron al tránsito hacia la eternidad para que pudiera escuchar la contundencia de los aplausos, por un legado que supera las 130 producciones discográficas y las 300 composiciones, muchas de las cuales están arraigadas en la memoria colectiva del país. Y aunque la historia del maestro luce como un camino de rosas, no faltaron las espinas.

Ni tan solito

El 20 de febrero de 1917, Santana Torrealba Silva y María Esperanza Pérez recibieron a su tercer hijo, a quien decidieron bautizar con el nombre de Juan Vicente. El niño llegó al mundo en la caraqueña esquina Rosario, mientras la familia vacacionaba en la capital. Lo bautizaron en Macuto y a los ocho meses lo trasladaron al hato Banco Largo, cerca de Camaguán, en Guárico.JVTfoto1

Su infancia y su adolescencia estuvieron marcadas por las actividades propias del llano. Allí participó en corridas de toros coleados y en enlace y doma de caballos. Además, escuchó las tonadas de ordeño del peón Paulino Esqueda y el canto recio de José Cupertino Ríos. A su interés inicial por la guitarra, que dominó de forma empírica, siguió el efecto que le produjo la visita a la población del arpista Natividad Marchena, quien le impartió los primeros conocimientos sobre el complejo instrumento de cuerdas. Al ver que el arpa cada vez era más relegado decidió encargar uno en San Fernando de Apure.

Juan Vicente debutó en público a los 18 años, interpretando la pieza cubana Cuidadito compay gallo, en el pueblo La Unión de Barinas. Sin embargo, su carrera despegó 13 años después, cuando decidió regresar a Caracas, acompañado por su primera esposa Carmen Belén León Toledo. Con quinto grado de primaria aprobado, encontró trabajo en una empresa láctea, al tiempo que realizaba toques como guitarrista en el famoso parque de atracciones Coney Island y en Radio Nacional de Venezuela. En esta emisora conoció a María Luisa Escobar, compositora del bolero “Desesperanza”, quien se convirtió en su hada madrina. Ella le consiguió el estudio de la emisora y le obsequió un acetato en blanco para que realizara su primera grabación, a la cual convocó a su hermano Arturo como cuatrista y a su hijo Santana, de siete años, como maraquero; además atendió la sugerencia de incorporar el arpa. Ahí la génesis de Los Torrealberos.

JVTcita4Al empujón inicial surgió la propuesta de Radio Caracas Radio para el programa Llano adentro con Los Torrealberos, conducido por el locutor Pedro José Fajardo. En 1952, el propietario del local Rancho Pampero, en Chacaíto, lo contrató para tocar todos los miércoles. Con la idea de aumentar el atractivo del conjunto, decidió incorporar dos cantantes: Ángel Custodio Loyola y Magdalena Sánchez. La reacción del público, nutrido por turistas estadounidenses, lo ayudó a definir el futuro. No gustaba el estilo recio del primero, pero encantaba el refinamiento de la segunda.

Entonces consideró que había que mantener la sofisticación, incluso en el vestuario: liquiliqui impoluto con prenda tejida apoyada en el hombro derecho. Esta iniciativa no estuvo exenta de críticas de los puristas, quienes aseguraban que era un atentado contra la imagen y la esencia del llanero.

Pese a las opiniones, la proyección lograda por el conjunto lo llevó a fundar su propio sello Discos Banco Largo y significó que constantemente fuera requerido en los actos de inauguración de las obras construidas por el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, bajo el plan del Nuevo Ideal Nacional. Aunque declaró en posteriores oportunidades que no lo hacía con agrado, la asociación con la dictadura le pasó factura al concretarse la llegada de la democracia. En 1958, después de un veto general, decidió exiliarse en España.

Gavilán por el mundo

En el período que vivió fuera del país, Juan Vicente Torrealba tuvo la oportunidad de incursionar en la industria del cine mexicano. En 1959, durante el rodaje de la película Dos gallos en palenque, del director Rafael Baladón, conoció a quien sería su segunda esposa: Mirtha Teresa Pantoja. A ella dedicó su composición La potra zaina, que inspiró la telenovela colombiana homónima en 1993. En el país norteamericano también participó en La feria de la canción, El norteño (tres entregas protagonizadas por la reina venezolana Susana Duijm), Me ha gustado un hombre y Alma llanera.

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Esta experiencia le permitió estrechar vínculos amistosos con rutilantes figuras de la escena azteca como Antonio Aguilar, Lola Beltrán, Pedro Vargas e Irma Dorantes, viuda de Pedro Infante. Además, motivó que colocaran su nombre a una calle y una plaza en Xalapa, Veracruz. Más tarde, le dedicarían otra vía pública en Colombia.

En 1973 pasó un tiempo en Alemania, donde pudo actualizarse en materia musical. Allí surgió la idea de incorporar un teclado a Los Torrealberos. Y llegó a un acuerdo con la filial venezolana de la trasnacional teutona Basf para grabar discos con repertorio de varios países. A ese ciclo pertenece Italia in ritmo tropicale fechado en 1977. Un año después decidió disolver el conjunto y fundar Ritmo Super 80 que, sin embargo, tuvo corta vida.

JVTcita3Nuevamente al frente de Los Torrealberos firmó su último contrato discográfico con Sonográfica en 1981 y cinco años después decidió retirarse de la escena por algunos problemas de salud. La tarea para la posteridad ya estaba hecha.

Sinfonía eterna

Las primeras composiciones de Juan Vicente Torrealba fueron Las caricias de Cristina y Concierto en la llanura. El maestro repetía con orgullo que para obtener la licenciatura en arpa en Paraguay, los aspirantes debían ser capaces de interpretar el himno popular guaraní El pájaro campana y su famoso concierto.

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Parte de su legado incluye, además de las mencionadas creaciones: Sinfonía en el palmar, Sabaneando, Madrugada llanera, El gavilán, Rosario, Catira Rosangelina, Campesina, Muchacha de ojazos negros, Solo con las estrellas, Rapsodia llanera, Valencia (declarada himno oficial de la ciudad en 2009), Barquisimeto y Noches de Porlamar, entre otras. El estreno de algunas de ellas corrió por cuenta de dos de las voces más emblemáticas de Los Torrealberos: el tenor Mario Suárez y Rafael Montaño.

 

Además, importantes figuras de la escena hispanoamericana grabaron versiones. A destacar: Pedro Vargas, Javier Solís, Miguel Aceves Mejías, Demetrio González, Pedro Infante, Antonio Aguilar, Irma Dorantes, Marco Antonio Muñiz, Alfredo Sadel, Plácido Domingo y Julio Iglesias. Constituye una curiosidad el disco grabado por la cantante japonesa Nikari Niki junto a la agrupación musical venezolana.

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La longevidad le permitió al músico y compositor saborear los frutos de su cosecha. En el siglo XXI abundaron los reconocimientos: homenaje de la Fundación Luis Alfonzo Larrain en el Teresa Carreño (2007); llaves de la ciudad y nombramiento como huésped de honor de Valencia (2009); estatua en Camaguán y declaratoria de Esteros de Camaguán como Patrimonio Cultural de Guárico (2009); tributo de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar dirigida por Gustavo Dudamel, organizado por José Antonio Abreu (2011); entrega del Grammy Latino honorífico, siendo la persona de mayor edad en recibirlo a los 97 años (2014); Orden Libertadores y Libertadoras de América en Primera Clase (2017); Orden Andrés Bello en Primera Clase (2017); doctorado honoris causa en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (2019); homenaje de la Sociedad Venezolana de Musicología (2019); profesor honorario de la Academia Militar de Venezuela; y declaratoria como Patrimonio Cultural de la Música Universal, por el gobierno del Departamento del Meta, Colombia. La cifra de condecoraciones supera las 45.

 

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En 2018, el Miss Venezuela le dedicó su cuadro central con la dirección musical de Isaías Urbina. Participaron su hijo Santana, su nieta Annaé y su bisnieta Anastasia, el arpista Johnny Jiménez, Los Torrealberos, La Soga del Cabestrero, El Ballet Nacionalista del Zulia de José Gregorio Bermúdez, Lion Lázaro y Dani Barón. El repertorio escogido fue Concierto en la llanura, La potra zaina, Catira Rosangelina, Muchacha de ojazos negros y Solo con las estrellas. Para el cierre, todos juntos interpretaron Mensaje a Juan Vicente del maestro Billo Frómeta.

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Últimos trazos

Juan Vicente Torrealba tuvo 10 hijos: Walfredo, Salomón, Santana, Juan Vicente, Nelson Antonio, Carlos Vicente, Juan Carlos, Mirtha, Carlos Rafael y Carolina. Pasó sus últimos años en una casa de la urbanización Juan Pablo II de Montalbán, en Caracas, donde cultivó otras pasiones: la pintura y la fotografía. Allí también le dio forma al libro El llano de Juan Vicente, ilustrado con imágenes tomadas por él mismo. Planeaba publicar otro texto titulado Remembranzas. Además, tenía cuentas en Facebook y Twitter que le permitían estar actualizado sobre las andanzas de sus afectos. Su desayuno era con lechosa fresca y queso blanco cuajao.

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Tras difundirse la noticia del deceso, su nieta Annaé publicó en Instagram: “Lamento decirte adiós aunque sé que te quedas conmigo en cada canción y que te llevaré orgullosa en mi voz y mis sentimientos, te dejo ir en paz”. A los 102 años, le quedaban pocos sueños por cumplir. Uno de ellos: que su música sonara en la Scala de Milán, el templo de la ópera. Sin embargo, ese detalle no debe turbar su viaje.